CULTURAL-REAL VALLADOLID (CRÓNICA)
Derbi loco y sin premio
Leoneses y vallisoletanos firman tablas en un partido para el recuerdo, con 8 goles, tres penaltis y alternativas en el marcador / Los blanquivioleta ganaban 2-4 a doce minutos para el final / Excepcional encuentro de Mata

El central blanquivioleta Deivid permanece de rodillas tras encajar su equipo el cuarto gol.-MARCIANO PÉREZ / DIARIO DE LEÓN
Si un extraterrestre entró ayer de incógnito en el Reino de León para ver por primera vez en su vida un partido de fútbol, se habrá enganchado para siempre a este deporte. Resulta casi imposible concentrar más emoción en 90 minutos. No se aburrieron ni los que nacieron aburridos. Goles, autogoles, penaltis, remontadas por ambas partes, tensión sin sobrepasar los límites... y tablas al final.
Fue una fiesta del fútbol, pero no del juego. No fue de los partidos que gustan a los entrenadores, con muchos errores tácticos y demasiadas concesiones. La Cultural desperdició el 2-0 de penalti y se arrugó. El Real Valladolid se puso 2-4 a falta de 22 minutos y creyó que todo había acabado, como si no conociese los antecedentes del rival.
Ése fue el gran error pucelano: ser incapaz de realizar una correcta lectura del juego y seguir igual, sin acularse y buscando las contras gracias a un Mata sublime que se construyó sus goles, para seguir creando peligro y fijar atrás a la zaga local.
No fue así y los minutos eléctricos finales de los leoneses, similares a los del comienzo de ambas partes, les costaron dos puntos a los vallisoletanos, náufragos en defensa y con un mediocentro defensivo muy superado por la velocidad leonesa.
El choque comenzó con la Cultural disputando un derbi y el Real Valladolid jugando un partido. La perseverancia blanca obtuvo recompensa de forma indirecta, cuando un tiro de Señé pegó en la bota de Guitián y entró. El tanto no enrabietó a los castellanos y las diferentes velocidades de ambos equipos cristalizaron en el penalti de Antoñito al omnipresente Señé. Hubo pisotón, pero fuera del área. El primero de los errores groseros de Figueroa Vázquez. El ex blanquivioleta Rodri ejecutó el castigo y Masip, sacando una mano antológica, neutralizó el disparo.
Esto sí sacudió a los pucelanos, que poco a poco cambiaron la fisonomía del encuentro. Se estiraron y mudaron 20 minutos de agobio por 10 de igualdad y cuarto de hora de control total. Pero el cuero no llegaba fluido arriba, con un mediocentro lento y Míchel perdido.
Aunque estaba Mata. El madrileño recibió un balón escorado, se fue en diagonal hacia el centro, superando a Zuiverloon, y el holandés lo empujó en el área. Penalti. El propio Mata lo marcó pese a que Palatsí tocó la bola.
Llegó el descanso con la mejor versión blanquivioleta, diluida de nuevo tras la pausa. En el minuto 49 un centro de Iza fue rematado a gol por Yeray, de tiro cruzado. Otra vez a nadar aguas arriba. Pero el Real Valladolid se convirtió en salmón. Por fin una jugada ensayada dio fruto. Un córner tocado en corto produce el centro del recién egresado Plano. Guitián, absolutamente solo en medio del área, cabeceó picado a la red en la misma portería de su autogol.
Entonces los de Luis César se transformaron en el Séptimo de caballería. No hubo encaje de bolillos, ni siquiera un juego bien tejido, pero sí una verticalidad y una pegada aplastantes.
Garrido frenó con un agarrón a Mata, que se iba directo a puerta. Figueroa, superado a esas alturas por todos los flancos, decretó primero falta y luego roja al culturalista. Después rectificó, quizá impelido por el auxiliar. Penalti y amarilla. El máximo castigo era más que dudoso, pues el contacto dio la impresión de producirse fuera. Menos pinganillo y más VAR.
Hervías disparó desde los once metros como si le debiesen dinero. Su chutazo alto y fuerte fue inapelable. 2-3. El Real Valladolid había remontado y el paroxismo visitante se consumaba cuando Mata, imbuido del espíritu de Van Basten, recogió el balón en la zona del interior derecho, se fue de un defensa, regateó a otro, al portero, y fusiló con la zurda a gol.
Fue una invitación para que Ortuño se quede hasta enero sentadico en la mesa camilla, viendo en la tele una vez tras otra el episodio de Barrio Sésamo en el que Coco le explica al Monstruo de las Galletas la diferencia entre firmo y autorizo.
Pero los pucelanos pecaron de soberbia y de nervios tras esa ventaja de dos goles. Pensaban que en 22 minutos era irremontable. No habían visto los vídeos de la Cultural, o los habían olvidado.
Rodri, siempre ratonero, remachó a bocajarro, con un leve toque, un centro-chut desde la banda. Los centrales, de vendimia. Una actividad, la de ir a por uvas, a la que se sumaron los mediocentros cuando Señé se paseó en horizontal por la zona de tres cuartos propia, como si aquello fuese Papalaguinda, descerrajando un tiro cruzado desde el borde del área. El balón entró pegado al poste. En 15 minutos la ventaja se fue por el desagüe. Y pudo ser peor, ya que un cabezazo dos minutos después obligó a Masip a sacar su segunda mano mágica.
Pero la última ocasión fue pucelana. Un servicio en profundidad de Luismi a Mata dejó al punta cara a cara ante Palatsí. El balón se estrelló en su cuerpo y los blanquivioleta vieron cómo volaba el segundo puesto de la tabla.