Publicado por
Arturo Alvarado
Valladolid

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El Real Valladolid hizo tiritar el sábado frente al Almería. La Real Sociedad rozó la perfección el domingo frente al Barcelona. El Real Valladolid presentó en la Copa un once trufado de suplentes. La Real Sociedad jugó con todos sus titulares excepto dos, de baja obligada. El Real Valladolid, como pueden deducir de las premisas anteriores, perdió frente a la Real Sociedad.

¿O no? El 1-3 es tan indudable como el tuteo de los menos habituales pucelanos al equipo revelación de Primera. En muchas fases de esta primera mitad fueron mejores. Y durante todo el partido gozaron de ocasiones de apretar el marcador incluso hasta el empate. Quién sabe, yendo más allá, si esos largueros, esos fueras de juego injustos, o esa posible expulsión de Rulli, hubiesen elevado el 2-1 al marcador. Hubiera nacido otro partido.

Son suposiciones, conjeturas que vienen bien para ilustrar el café mañanero de hoy. Pero ésa no es la guerra. El partido que ganó ayer el Real Valladolid es mucho más importante que el de Copa. Es el de la autoconfianza, la solidaridad, la prueba del nueve de que la lucha y la intensidad otorgan réditos. De que un equipo coral es capaz de tutear e incluso hacérselas pasar canutas a una de las maquinarias más engrasadas de la mejor Liga (por juego, no por organización) del mundo.

Es posible que, como tantas veces, el Pucela no desbroce el camino del tesoro que ha encontrado y vuelva a perderse en callejones sin salida. Nada hay más cruel que ver tomar aire a una expectativa para que en dos soplidos acabe de bruces en el suelo. Mallorca dictará sentencia.

Si se repite un electrocardiograma plano como el de Almería, o una blasfemia como las primeras partes de Lugo y Soria, sabremos que el coche pucelano definitivamente ha hecho de los tirones su forma de avanzar. Así no se llega a ningún lado y se quema el motor.

Pero si se extrapola a la Liga lo mejor de la noche de ayer, con una forma equilibrada de ocupar los espacios, con juego por las bandas, con la colocación de jugadores como Mata (ausente en Palma) en su posición ideal, con un equipo junto y unánime en sus movimientos, lo de ayer será una victoria por goleada.

Porque, seamos sinceros, ganar a la Real es tarea titánica hoy por hoy. Con tanta huida al extranjero del segundo escalón de jugadores nacionales, los equipos de Primera parecen disputar un deporte diferente a los de Segunda. La forma en que se perfilan los jugadores, la rapidez de los pases y hasta los golpeos de balón son diferentes. El cuero suena de otra forma. Con todo, los suplentes del Pucela les crearon problemas a los titulares la Real, hasta que aflojaron tras el 1-2.

Herrera también debe extraer consecuencias de un choque que borra la línea entre titulares y suplentes. El míster pucelano es un tipo que se hace querer. Uno se lo llevaría a casa para incorporarlo a la familia, pero debe saber de una vez qué maneja. No puede descubrir en diciembre que Mata es delantero centro ni que Anuar hace defensivamente lo que Leão y además es capaz de dar pases de treinta metros y pisar zonas de ataque. Una pena su error en el segundo gol realista.

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A partir de ahora, o todos los rivales son la Real, o la Liga será una agonía.