FÚTBOL NÀSTIC-REAL VALLADOLID (ANÁLISIS Y OPINIÓN)

En pie la viga maestra

Herrera ya cuenta con una filosofía de juego y con futbolistas para desarrollarla, pues aún se halla en sus albores

Juan Villar celebra su primer gol en el actual campeonato de Liga.-ARABA PRESS

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Arturo Alvarado
Valladolid

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Los heridos sanaron, cual parábola bíblica, y Herrera repitió once por segunda vez en la Liga. Curioso lo del fútbol: hace unas semanas parecía que casi ninguno valía para el once y ahora hay que coger turno para opositar a una plaza en la alineación. Es lo que tiene la Copa, pese a tanto triste que quiere tirarla. Activa al suplente y reactiva al titular, que puede perder la silla.

No fue un partido brillante pero sí de los trabajados. Los que ayudan a llegar al objetivo, sea el que sea. Lo mejor del Real Valladolid fue que en ningún momento le perdió la cara al encuentro. Supo sufrir tras la salida en tromba del Nàstic y aguantar la melancolía cuando le empató poco antes del descanso, después de haber perdonado varias ocasiones para el 0-2.

Hablaba de reactivación y el ejemplo más jocundo es Álex López. Desde que dejó de ser un bolo para convertirse en muñidor del juego de ataque y ayudar en defensa, el equipo ha ganado enteros. Y con Jordán. Trabaja en las dos áreas y galvaniza a sus compañeros. Míchel debe contar con mucha más presencia en ataque. Tanta como tiene Leão en defensa.

Todo es perfectible, pero... ¿le falta algo a este medio campo en rombo? Sobre todo, velocidad. De pensamiento y de ejecución. Debe sorprender más.

Villar y Jose, dos extremos, los dos goleadores, actuaron con el libro de estilo del delantero. No estuvieron muy visibles en ataque pero fueron certeros a la hora de la verdad. Ellos sí tienen cambios de ritmo y capacidad de desmarque. No se puede pedir lo mismo a un centrocampista, pero sí más chispa de la que ahora ofrecen. De Tomás entendió perfectamente el partido y supo estar a la altura desde que salió.

Atrás, los laterales debieron salir antes de la cueva. No contaron con extremos natos para marcar y, cada vez que subieron, el equipo lo agradeció. Sobre todo si los extremos juegan por dentro y Jordán y Álex López no cuentan con la rapidez como gran virtud.

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Lichnovsky no estuvo fino en el gol pero los centrales cumplieron. Y Becerra sigue sin irradiar una idea de seguridad total.