Publicado por
Guillermo Velasco
Valladolid

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El baloncesto está hecho de otra pasta. No hay duda ni lamentablemente tiene remedio. No creo que en cualquier otro deporte existan traiciones, puñaladas deserciones, envidias, cara duras, mangantes, mentecatos supinos y tanto incompetente como en un deporte que debería saber aprovechar de su alto, altísimo escalafón de popularidad. Pero ni los éxitos de los Gasol y compañía han servido para apagar los muchos fuegos que arrecian en el baloncesto nacional, regional y por desgracia local.

Valladolid no es una excepción, incluso se podría decir que se acrecenta el mundo de los iluminados. Las Cruzadas en el baloncesto, masculino y... femenino, han pasado a ser el pan de cada día. Ya casi ni extraña que clubes nacidos del trabajo de apasionados románticos acaben divorciándose e incluso apuñalándose por la espalda. O que otros con una deuda arrastrada de 7 millones de euros, siga un año después sin ser desactivado por un juez. Un club fantasma con dependencias del pabellón Pisuerga precintadas a cal y canto, ocupando sitio y gastando luz. Es el cuento del nunca acabar. Un deporte tocado por la maldita varita mágica de la incapacidad en la que clubes prefieren remar en contra de la promoción del baloncesto autonómico inscribiéndose en Galicia en vez de en su Federación, la de Castilla y León, que aboga por un grupo único regional, más barato. Aunque quizás el problema de la Federación sea que igual, sin darse cuenta, el enemigo lo tiene en casa con algún empleado que coge los remos al revés. El baloncesto necesita de nuevos aires, mucho más limpios y menos corruptos e interesados. El baloncesto necesita volver a escribir páginas de ilusión en la que no se den en clubes, de la noche a la mañana, fugas de entrenadores y jugadoras en masa tras verse engañados porque alguien, iluminado y sin ser nadie, utilizó el baloncesto como negocio personal en detrimento de jugadoras y padres, los grandes ‘paganinis’ de esta negra y lamentable historia fraguada en un barrio de la ciudad.

Muchos clubes en nuestra ciudad como el CB Valladolid, Águilas, Ponce, San Isidro, la UVA o incluso el Ciudad de Valladolid, por unos motivos u otros, han visto las orejas al lobo. El baloncesto necesita de una nueva oportunidad. Unos perdieron la ocasión de ser grandes, honestos y... honrados. Otros buscarán una segunda oportunidad gracias a los despachos como el Ciudad de Valladolid o Ponce. Valladolid, ciudad del basket, necesita reencontrarse. Solo hace falta cordura y sensatez. Cruzamos los dedos aunque los precedentes no invitan precisamente al optimismo.

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