Publicado por
Guillermo Velasco
Valladolid

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El baloncesto no pasa precisamente por sus mejores momentos. El catalogado como segundo deporte en cuanto a popularidad y seguimiento se refiere se desangra gota a gota sin saberlo. Y no solo por el caos propiciado por el presidente de la Federación Española, el Sr. Sáez, señalado con el dedo por su desmesurado abuso de poder como si de su cortijo se tratara e investigado por ‘presuntas prácticas corruptas’. El baloncesto se ha convertido en un circo, desde la ACB donde la incongruencia de las incongruencias radica en no permitir ascender a un club saneado como Palencia así como no descender a un club en la ruina como Estudiantes, a la propia FEB pasando por los clubes. Todo es un circo. Un deporte convertido en un negocio puro y duro. Solo hay que ver a los ‘iluminados’ y pensadores de la Federación (por cierto, con sueldos millonarios) realizando campeonatos de España con 32 equipos en vez de ocho como en otros deportes. Y todo para hacer caja y sangrar (en la gran mayoría de los casos) a los padres, los grandes ‘paganinis’. Un Nacional en el que todo vale con tal de colgarse una medalla, lejos, muy lejos del idílico espíritu de formar jugadores. Hace días sonaron las fanfarrias en Guadalajara para anunciar la mejor función del circo en el Campeonato de España Júnior masculino entre Real Madrid y FC Barcelona, una final con... 13 extranjeros (8 del Madrid y 5 del Barça) en pista. Sí, 13 extranjeros. Ver para creer. Ahora, durante estos días las fanfarrias de la mejor función, en otro circo similar, esta vez femenino y también con 32 equipos y también con los que padres costeando los gastos de jugadoras y... entrenadores y ayudantes que se apuntan a la mejor función, se trasladan a San Sebastián. Allí las extranjeras, que por supuesto no pagan el peaje de sus compañeras, ejercen de protagonistas. Sin ir más lejos, en el equipo vallisoletano de UVa-Ponce, con tres jugadoras foráneas, a la que se suma una cuarta (de edad senior) pero inscrita a última hora como delegada. El circo llamado baloncesto no entiende de principios. Porque de esas jugadoras extranjeras que, de momento (al menos de momento) no tienen un techo o espejo donde proyectarse (llámese una categoría senior de relevancia), también saca su tajada la Federación Autonómica sin escarbar por si acaso más de la cuenta para no perder su más preciado botín, una medalla tintada de color en un Campeonato de España. El baloncesto no avanza, retrocede. Y Valladolid, del todo a la nada, es el vivo ejemplo. Un deporte que se ha desangrado, primero por la incapacidad de sus dirigentes, y después por la tolerancia de los muchos que lo rodean y en algunos casos se lucran.

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