BALONCESTO / LEB PLATA
Sin alma y en barrena
Un decepcionante Ciudad de Valladolid se despide de Pisuerga con una nueva derrota que le asoma ahora al abismo del descenso

Davichu Ortega lanza ayer ante la oposición de Zygimantas Riauka-BALCAZA
riste y a la vez imperdonable despedida para un Ciudad de Valladolid en estado catatónico que ni siquiera fue capaz de apelar al orgullo en el que puede ser su último partido en Pisuerga. El desconocido conjunto vallisoletano, por lo visto ayer totalmente ingobernable desde el banquillo y carente de corazón y alma, se dejó comer la tostada por el imberbe (actuaron hasta tres jugadores júnior) pero trabajador Simply Olivar, hasta ayer penúltimo clasificado, para encadenar la quinta derrota consecutiva, decir prácticamente adiós a los playoffs por el ascenso y, de paso, meterse en un lío colocándose por primera vez a tan solo cuatro partidos para el final (todos fuera de casa) en puestos de descenso.
El Ciudad de Valladolid volvió a pecar de una más que alarmante desconexión defensiva que propició mil y un lanzamientos liberados a un rival, al único rival al que había logrado derrotar fuera de su feudo de Pisuerga. Pero sin alma no hay paraíso y menos en un club en el que el corazón prima por encima de la contada calidad de sus jugadores. Ayer, cada uno intentó hacer la guerra por su cuenta en un partido en el que el Simply Olivar errático en el lanzamiento (desperdició 12 tiros libres y lanzó hasta 20 triples (sí, 20 triples) sin prácticamente ninguna oposición de los 22 que dispuso acertando en ocho de ellos), supo en todo momento a lo que jugaba. El conjunto aragonés, en manos de un grupo de jovencísimos pero valientes jugadores, supo hacer daño desde el inicio creando desigualdades desde la posición de base, zona negra para los vallisoletanos. Cada penetración suponía una ayuda y cada ayuda un desajuste defensivo. ¿El resultado? El Simply Olivar abrió una brecha en el marcador (29-40) a poco menos de cuatro minutos para el descanso.
Con los automatismos totalmente equivocados y con el protocolario regalo de minutos a jugadores que no suman sino que restan (caso de Gillespie, ayer más actor que nunca), el equipo se le volvió a ir de las manos a un Iñaki Martín que ve como los objetivos del club se complican día a día perdiendo incluso sus marcadas señas de identidad. Y prueba de ello es que ante el derrumbe táctico, físico y psicológico del equipo, el único que animó desde el banquillo fue el lesionado Sergio de la Fuente, todo un dato sintomático de un CBCiudad de Valladolid descentrado, comenzando por la rotación de banquillo.
Y para colmo de los colmos el conjunto vallisoletano, impotente, tampoco fue capaz de salvar el average particular con su rival (se había ganado en Zaragoza por 74-81) cayendo finalmente, atenazado por el miedo, por once puntos (73-84) y caer en barrena hasta la penúltima posición de la tabla. Ver para creer. El descenso, a un paso.