Diario de Valladolid

Fútbol: Real Valladolid- Córdoba (Crónica)

Fútbol espectáculo

Colosal partido de los blanquivioleta, que desarbolaron al Córdoba con dos tantos en el inicio y le perdonaron la goleada / Marcaron Del Moral y Silva / Debutó Rennella / La grada aplaudió puesta en pie tras la primera parte

Jugadores blanquivioleta forman una piña trasel gol de Del Moral.-Miguel Ángel Santos

Jugadores blanquivioleta forman una piña trasel gol de Del Moral.-Miguel Ángel Santos

Publicado por
Arturo Alvarado
Valladolid

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Y se abrieron las aguas de la mediocridad al paso de un Moisés llamado Rubio. Y de ellas brotó el fútbol más maravilloso que la tribu de Zorrilla vio en toda la Liga. Extasiada, apabullada ante tanta belleza y eficacia, en pleno estado de delirio colectivo, la afición local, puesta en pie, prorrumpió en una atronadora ovación cuando el árbitro pitó el final de la primera parte.

La hinchada no había perdido la fe. Simplemente no le habían dado motivos para creer. Porque fue un partido para que se saltasen las lágrimas. De alegría.

Resultará endiabladamente complicado repetir un encuentro como el de ayer. Se rozó una excelencia perdida por la mala puntería, los fallos en el último pase y las ocasiones facilitadas al Córdoba en los minutos postreros.

Pero los albivioleta ya han encontrado un patrón de juego. Una base que se sustenta en el triángulo formado por Rubio y Leão en el mediocentro, con Del Moral arriba. El trío dio consistencia al equipo, impulsó los ataques, ayudó a la defensa y alimentó las bandas. Lo de Rubio es para pensarse su clonación. Cuando el entorno es positivo, emerge como un dios en un mundo de simples mortales. Es deseable que Portugal no vuelva a mover el manzano de la alineación y repita once, por primera vez en la temporada. Ya es hora, tras 22 jornadas.

Excepto los errores antes mencionados, lo demás fue perfecto. Sublime. El equipo que en Palamós parecía necesitar muletas y que en Gerona y Mallorca dio una bofetada a este deporte, lo colocó ayer en el sagrario, al lado del altar. Fue el encuentro soñado y la demostración de que la plantilla no es tan mala como se quiso vender tras varios de sus fiascos, sobre todo el vivido ante el Llagostera, rúbrica del adiós de Garitano.

Porque fueron los que están desde agosto quienes firmaron la obra de arte. El debutante Rennella entró a 20 minutos del final y apenas intervino. Si funcionan los refuerzos invernales, el Real Valladolid es capaz de abrir la caja de los sueños. Pero para que gire su gozne debe derrotar a otro enemigo que le ha hecho morder el polvo durante toda la Liga: la irregularidad.

Si en Alcorcón se vuelve al despiste, la inacción y la desaparición, lo de ayer habrá quedado en un bonito ejercicio estético. Si se mantienen los principios, aunque no se llegue a este nivel, pues no todos los rivales serán tan mollares, el camino quedará más desbrozado.

El signo del encuentro se decantó en diez minutos. Rodri avisó en el 2 con un tiro cruzado y Del Moral no perdonó en el siguiente. Con el balón cosido al pie desde la medular, un pase al borde del área se transformó en pared, al rebotar el balón en Gálvez. El jienense continuó y fusiló a Razak.

El gol no sació a los locales, que siguieron apretando la prensa para aplastar al Córdoba. Poco después Mojica sorprendió al botar una falta directa rasa cuando todos esperaban el centro. Hasta el portero blanquiverde. Razak tocó la pelota, dio en el poste, fue hacia la raya y ahí estaba Silva en boca de gol para remachar el 2-0.

El Pucela gustaba y se gustaba. No perdía balones. Movía y movía, con constantes cambios de juego, apoyos, pases en profundidad e intensidad para recuperar el balón. Era un reloj suizo. Mojica por fin entendió lo que se espera de él y Leão no desmereció en absoluto de Rubio. Del Moral engrasaba constantemente la mediapunta. Villar no marcó, pero hizo todo lo demás. Como Rodri, aunque falló goles cantados, como un mano a mano con el meta en el minuto 15. Del Moral casi anota el tercero antes del descanso de falta.

La segunda parte fue de ida y vuelta, con cuarto de hora largo en el que fue incomprensible que no llegasen más goles. Razak se doctoró. Un paradón a bocajarro a Villar, tres a Del Moral y uno más a Rodri evitaron la paliza. Cuando no era el ghanés, se trataba de los palos. Villar estrelló en la enésima ocasión el balón en el larguero. No era su día.

Rubio dejó el campo, se cayó la medular y el Córdoba llegó al final. Kepa sacó tres balones de gol a Markovic, Andone y Fidel. Una muestra de lo que puede pasar cuando se perdona, aunque ayer se hizo justicia. La Tierra Prometida no está cerca, pero al menos se vislumbra en lontananza. Ahora hay que saber llegar.

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