Fútbol: Real Valladolid - Córdoba (Análisis)
El triángulo mágico
El Valladolid muestra su mejor versión de la temporada apoyado en las prestaciones de Rubio, Leão y Del Moral / La competencia hace ponerse las pilas a un equipo que pasa del negro al blanco

André Leão en un salto con Nando.-Miguel Ángel Santos
Del negro al blanco. Nunca una victoria tan inmerecida como la conseguida hace una semana en Mallorca sentó tan bien a un Valladolid que ayer experimentó una espectacular metamorfosis de gusano de seda a mariposa. El equipo que deambuló sobre el campo de San Moix, eso sí con un par de retoques y de vuelta al tradicional sistema 4-2-3-1, fue una apisonadora ante un Córdoba que se plantaba en Zorrilla con las credenciales de líder.
¿Qué cambió para que se produjera tan bello espectáculo? El Valladolid, sin lugar a dudas en su mejor versión de la presente temporada, pasó por encima de un rival acobardado, blando y posiblemente condicionado por los dos goles encajados cuando apenas se habían consumido diez minutos de juego. El equipo de Miguel Ángel Portugal, lejos, muy lejos de la patética imagen ofrecida en Girona y Mallorca (en esta última plaza incluso pese a la victoria final), fue capaz de reinventarse con la entrada de Leao por Timor (con las maletas ya hechas) y Mojica por Tiba. El Valladolid fue un ciclón ante un rival que lloraba más que nunca la ausencia por sanción de su experimentado central David, el encargado de marcar la línea de fuera de juego.
El triángulo mágico formado por Rubio, Leao y Del Moral supuso, por fin, el inicio de una bella historia, la de ver buen fútbol y de forma continuada en Zorrilla. El público, sabio y sufridor, supo recompensar al equipo por dos veces, en el descanso y al final del encuentro, con una sonora ovación unánime al grito, por fin, de ‘Pucela, Pucela, Pucela’.
Del Moral, en su mejor partido, fue una pesadilla para la defensa rival con su movilidad y sus regates que propiciaron el primer gol a los cuatro minutos de partido.
El retorno de Leao, más motivado que nunca, no hizo si no dejar sin explicación por qué fue condenado en beneficio de Timor el pasado domingo en Mallorca.
La última punta del triángulo mágico, soportada por el veteranísimo Álvaro Rubio, supuso una nueva clase de maestría a sus 36 años. Su juego de toque entre lineas buscando de forma magistral la espalda de la defensa rival estuvo potenciada en buena parte por la falta de presión de un Córdoba que solo apretó e inquietó en los compases finales (a través de Markovic) ante un firme y siempre bien colocado Kepa. El capitán se vació y a su juego orquestal solo le faltó la guinda de algún otro gol con la firma de su último paso a cargo de Rodri, como siempre trabajador pero negado de cara al gol, toda una rémora para un delantero.
Incluso la placidez del encuentro dejó minutos (pocos) para el debutante Rennella. Portugal, de nuevo, apuró en exceso unos cambios que solicitaba a gritos un partido de mucho desgaste de medio campo hacia adelante.