Diario de Valladolid

Fútbol: Real Valladolid- Mirandés (Crónica)

¡Está vivo!

Portugal debuta al mando del equipo albivioleta con una victoria que le saca del descenso / Su idea de fútbol de posesión permite un juego más entrelazado y alegre / Villar abre el marcador tras una jugada colectiva mágica

El delantero blanquivioleta Rodri marca el segundo gol de su equipo ante el portero mirandesista Raúl Fernández.-J. M. Lostau

El delantero blanquivioleta Rodri marca el segundo gol de su equipo ante el portero mirandesista Raúl Fernández.-J. M. Lostau

Publicado por
Arturo Alvarado
Valladolid

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Desengáñese. Lo de ayer no fue un partido de fútbol. Se trató de algo con mucha más enjundia. Lo que estaba en juego era saber si había que coger la mano al enfermo para levantarle del barro o para certificar su falta de pulso. Un hecho capital. No es lo mismo colocar la manta a la altura de las axilas, para entrar en calor, que subirla hasta tapar la cabeza, señal inequívoca de defunción.

El Real Valladolid está vivo. Es la mejor noticia. Pero sin alharacas. Ha salido del descenso aunque sigue en la UCI y es posible que pronto vaya a planta. Lejos del alta definitiva, no está ni mucho menos listo para un triple mortal. Necesita rehabilitación.

La segunda alegría es la victoria. Por fin. Tras cinco partidos sin catarla, tres puntos son como un bidón de gasolina en Mad Max.

La tercera causa para sonreír es que este equipo, al que algunos presentaban casi como una congregación de pelamanillas, realizó por momentos buen fútbol. Vale mucho más que para caer con estrépito en Llagostera y Ponferrada, ser pisoteado tras el descanso en Huesca y mostrarse incapaz de marcar a un Nàstic con nueve jugadores de la temporada pasada en Segunda B.

Prueba de su valía es la capacidad asociativa que demostró en su primer gol. Lo hubiese firmado Brasil cuando era Brasil, y no el Villarreal C, como ahora. Un entramado de pases al primer toque con desmarques (sí, está leyendo bien, no vuelva al principio de la frase) desembocó en el pase final de Rodri, de tacón, y el gol de Villar. Sublime. Apoteósico. El Real Valladolid se había arrancado la respiración asistida.

Portugal optó en su primer once por la continuidad. Un ejercicio fácil y complicado a la vez. Fácil, porque el no meneallo supone la línea de actuación más cómoda y traslada la presión a los jugadores. Difícil, porque una derrota señalaría al míster por inacción y falta de ideas.

No jugándosela, se la jugó. Y ganó. Los únicos cambios respecto a Palamós fueron el obligado de Chica por el sancionado Moyano, y el de Óscar por Guzmán, pasando Del Moral al extremo zurdo. Los demás, los mismos del 3-1 de siete días antes. De nombre. Porque el fútbol fue opuesto. Al menos, en una primera parte vistosa y competida.

Leão por fin se soltó las cadenas y, como Espartaco, intentó liderar una rebelión. Ésta, contra la mediocridad. La defensa salía por fin de la cueva y adelantaba metros, conectando con él y Timor. Villar y del Moral dotaban de entidad a las bandas. Rodri caía desde la punta a una y otra para asociarse. Óscar, algo desenganchado de todos, estropeaba un fresco digno de ser expuesto.

Ese gol estilo Brasil de Pelé culminó un comienzo excelente. Villar y Timor advirtieron nada más comenzar de que el Pucela no adoptaría el rol pasivo. Media hora muy divertida trajo alternativas en ataque con dos equipos abiertos. El 3-3-3-1 del Mirandés era arriesgado en defensa pero le permitía llegar sin dificultad.

Tras el gol, las oportunidades fueron suyas. Moreno e Ion Vélez, ambos por partida doble, se estrellaron contra Kepa y su falta de puntería.

El balón merodeaba más el área local que la visitante, pero un golpe de calidad al filo del descanso supuso el 2-0. Balón abierto a la banda y los protagonistas del primer tanto cambian los roles. Villar centra al área para que remate Rodri en boca de gol. 2-0 y aplausos al descanso. El aficionado por fin dejaba de pensar si había echado la llave de casa o qué ropa se iba a poner hoy para trabajar.Disfrutaba. Y, encima, ganaba.

La segunda parte pudo haber cambiado si Óscar hubiese transformado el 3-0 en una acción de las que el año pasado no fallaba. Del Moral mandó poco después el balón al larguero tras tocárselo en corto en un saque de falta. Y Villar matrimonió de nuevo esférico y palo con un tiro sin ángulo.

En la última media hora desapareció la alegría, al tiempo que se iba la fuerza y se realizaba el arqueo de lo ganado con sudor. El Mirandés llegó mucho pero sin puntería. Hasta que Prats colocó de falta directa la pelota por la escuadra. Fue la última jugada, en el minuto 92.

Un malpensado diría que los jugadores blanquivioleta quisieron cargarse a Garitano. Pero no es verdad. Simplemente Portugal ha soltado el freno de mano. Ahora es cuestión de no tirar de nuevo de la palanca y coger velocidad sin dar volantazos.

Es pronto para tocar campanas de gloria. La efervescencia del cambio de entrenador es un hecho, pero también lo es que el Valladolid ganó porque arriesgó más y jugó a tener el balón, no a verlo pasar. Y compitió. Por fin. A ver si esta banda al final resulta ser una filarmónica.

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