Publicado por
Guillermo Velasco
Valladolid

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El deporte de Valladolid no pasa precisamente por sus mejores momentos. Por desgracia la crisis económica no se apiadó de una ciudad que presumía desde lo más alto del ayuntamiento de poseer la privilegiada y distinguida etiqueta de ‘ciudad del deporte’. Una etiqueta, sin embargo, mal cosida en la solapa después de haber vivido a lo largo de los años de espaldas a la realidad merced a la construcción de castillos en el aire. Esa crisis no dudó en llevarse por delante a dos clubes históricos con más de 30 años de antigüedad como eran el CB Valladolid (baloncesto) y BM Valladolid (balonmano). Esa crisis tampoco dudó en nublar las ideas del llamado pez grande, el fútbol, un Real Valladolid que no supo ni quiso cortar un cáncer que le fue comiendo por dentro poco a poco hasta llevarse al pozo de Segunda. Y con esto me refiero al simple principio de acción y reacción y al hecho de que si no gana o no juega a nada hay que tomar cartas en el asunto, llámese, a tiempo, cambio de entrenador).

Lejos, casi en el olvido pese a que solo han pasado seis años, quedan los tiempos de vacas gordas en Primera en los que el Pucela solo contaba con 18.821 abonados sino que iban todos al estadio cada domingo. Y este es otro cantar y todo un ‘Expediente X’ digno de análisis que en Zorrilla se citen 9.000 espectadores cuando tiene registrados 11.856 abonados.

El deporte vallisoletano, con excepción del ‘bendito’ y a la vez afortunado rugby (por otra parte privilegiado y mimado deporte en Valladolid en cuanto a seguimiento mediático se refiere), ha perdido parte de su glamour. Y todo porque nuestros equipos no tienen iconos con los que identificarse. Ya no hay ningún Sabonis, ni Lalos Garcías, ni Valderramas, ni Víctors, ni Camineros, ni Eusebios, ni Raúles, ni Chemas, ni Sierras o Garabayas. No hay jugadores con los que cruzarse en la calle y la vista se dirija a ellos para decir ‘esa cara la conozco’, ‘mira, es fulanito, vamos a pedirle un autógrafo’. Nuestro deporte de élite sigue sin venderse de la mejor forma y está huérfano. Las campañas de concienciación social de los clubes de elite son escasas por no decir nulas.

¿Cuántas personas identificarían a un jugador del Real Valladolid por la calle? Pocas muy pocas. ¿Y del Atlético Valladolid? ¿Y del Ciudad de Valladolid?... Quizás el BM Atlético Valladolid con sus proyectos ‘A jugar’ en los colegios y ‘Yo jugué’ con los veteranos, es el único que sí parece haber dado un paso adelante, pequeño, pero a fin de cuentas un paso para captar nuevos clientes y lograr esa interacción con la sociedad vallisoletana tan necesaria.

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