Diario de Valladolid

Mar Sancho: «La pérdida del cuidado por la palabra es algo aterrador»

La escritora vallisoletana, viceconsejera de Dinamización Industrial y Laboral, vuelve a las librerías con ‘La belleza del agua’, inventario de asombros, recuerdos y creaciones

La escritora vallisoletana Mar Sancho.

La escritora vallisoletana Mar Sancho.josé carlos cASTILLO

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Valladolid

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Quizá el lector de prensa poco acostumbrado se sorprenda aún a estas alturas. Quizá aquellos poco dados a seguir la actualidad compongan una mueca de extrañeza. La vallisoletana Mar Sancho (1972), actual viceconsejera de Dinamización Industrial y Laboral, vuelve a los titulares, pero esta vez no por su labor gestora: regresa a las librerías quien fuera directora de la Agencia de Innovación, Financiación e Internacionalización Empresarial de Castilla y León, hace más de una década, y viceconsejera de Acción Cultural, en la legislatura pasada, entre otros cargos. Hoy, la narradora y poeta presenta en la Sala Eutherpe de León (19.30 horas) su última obra, La belleza del agua, con la que el sello leonés Eolas Ediciones amplía la colección de ensayos que dirige Gustavo Martín Garzo, forjada con autores como Juan Pedro Aparicio, José María Merino, Fermín Herrero, Adolfo García Ortega, Miguel Casado, Elisa Martín Ortega o Avelino Fierro.

En las páginas del ensayo, la autora de Aún es tarde (2007) o Leningrado tiene setecientos puentes (2012) sostiene que este es un «inventario de las bellezas del agua». Así, como en un goteo incesante, Mar Sancho vierte sobre el papel recuerdos personales que conservan el frío de las heladas, recorre la historia del arte, de la música o de la literatura siguiendo el rastro de quienes hallaron la inspiración en torno al líquido elemento, en cualquiera de sus estados, o trae a la memoria nombres del pasado, de reyes, aventureros o inventores, marcados en algún momento de su vida por estos dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno. Y lo hace, como escritora y lectora, apelando a la «capacidad de asombro» de quien descubre las cosas por primera vez, animando a romper con la «cotidianeidad que actúa como un sedante para la percepción».

«Es lo que nos hace felices en la infancia: la capacidad de asombro, de maravillarnos, de disfrutar, de sorprendernos. Al final, nos acostumbramos a todo y ya no le damos importancia a nada. Yo he partido de esa premisa en este libro, en el que también hay muchas lecturas científicas y filosóficas para poder escribirlo: mirar las cosas y fingir, o jugar a fingir, que soy una niña que ve las cosas por primera vez, como nuestros abuelos cuando pudieron abrir al fin un grifo», detalla a este diario quien fuese Premio Letras Jóvenes de Castilla y León, en 2000 y 2002, con Lisbon visited e Inventario de invierno, respectivamente.

Reconoce Mar Sancho que en ella conviven, sin dificultad, la gestora y la escritora. «La cultura es pálpito vital, y en particular la literatura, sobre todo como lectora, que es algo que se ha conservado durante toda la vida. Y, paralelamente a esa vocación por contar historias, está la parte de servicio público, donde surge la inquietud por generar cosas. Ambas facetas al final tienen un nexo común, que es el de crear historia, es la creatividad que puedes usar para proyectar una arquitectura de palabras, en un texto literario, o para construir una estrategia de desarrollo en un determinado ámbito, que exige recopilar información y aprender para poder aplicar luego en la gestión», defiende la autora de poemarios como Entre trenes (2021) o Winterreise (2002), o de libros de relatos como La insensata vida de los santos (2021).

Portada del libro.

Portada del libro.editorial eolas

Como en tantos otros de sus libros, en este La belleza del agua, que trae reflejos de Tolstoi, Smetana, Schubert, Millais, Nerón, Alejandro Magno o del ‘Rey del Hielo’ Frederic Tudor, la preocupación por el cuidado de la palabra es una constante. Palabras como azud, brazal, garúa, bajareque, marisma, baldazo son derramadas para proclamar su belleza. Y Mar Sancho se asoma a la mikvé judía, al misogi sintoísta y a otros rituales purificadores en busca de una respuesta: «¿En qué se distinguen estas aguas benditas o sagradas del agua común?», escribe en el volumen de Eolas. «Todas forman parte de una misma agua universal. La diferencia se halla en la palabra. Es la palabra lo que las unge. Es decir, la palabra las convierte en promesa», sentencia. Palabras que elevan.

Hace unos días, el Instituto Cervantes alertaba en un informe del riesgo de un lenguaje «deliberadamente manipulado», citando, por ejemplo, como «políticos de la extrema derecha emplean de forma sistemática el término ‘invasión’ para referirse a la llegada de inmigrantes». Practicas, lamentaba, que «legitiman respuestas políticas de emergencia que no estarían justificadas si se empleara un vocabulario preciso». ¿Nos hace falta como sociedad una reflexión al respecto? «Es algo por lo que preocuparse», reconoce Mar Sancho. «Yo, más que como escritora, prefiero calificarme como una cuidadora de palabras. Las palabras tienen una importancia prodigiosa, y mucho más poder del que creemos. Una palabra puede suponer que alguien termine socialmente marcado, puede poner fin a una carrera, y más en una sociedad que bebe de la información, que bebe de las palabras constantemente. Y, claro, la pérdida de ese cuidado por las palabras es algo aterrador, y tiene mucho también que ver con la sociedad actual. Todo el mundo tiene que poner empeño en ello, también los periodistas, los escritores. Las palabras pueden servir para confrontar, para romper relaciones... ¡Ese es su poder!», subraya la autora de Variaciones sobre un viaje viejo (2004) y de Oblivion (2009).

El próximo 23 de septiembre, el Círculo de Recreo (19.30 horas) acogerá la presentación en Valladolid de La belleza del agua.

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