Un libro repasa la historia de éxito y supervivencia de los Celtas Cortos

El profesor y músico aragonés Gregorio Ibáñez llevará a la Feria del Libro de Valladolid, el próximo 2 de junio, ‘Celtas Cortos, 40 años con hebra’

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Valladolid

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El próximo martes, 2 de junio, los fans de Celtas Cortos tienen una cita ineludible en la Feria del Libro de Valladolid. Ese día, en la caseta de firmas, el profesor y músico aragonés Gregorio Ibáñez Gómez (Zaragoza, 1980) firmará ejemplares de Celtas Cortos, 40 años con hebra, que acaba de publicar con la vallisoletana Spica Editorial.

A lo largo de más de 200 páginas –el volumen cuenta con prólogo del violinista y trombonista de Celtas Alberto García, y con epílogo de Fernandisco–, Ibáñez recorre la historia de la formación vallisoletana, desde su formación hasta su última gira, Contando Cuentos, abordando su periodo de madurez, los días inciertos, la salida de Jesús Cifuentes, el tiempo de reinvención de la banda... o su compromiso como músicos. También lleva al lector de la mano por conciertos como los que ofrecieron en el Palacio Euskalduna de Bilbao, en mayo de 2025, o en el Teatro Nuevo Alcalá de Madrid, un par de meses antes.

El libro también tiene una ‘Cara B’, donde Gregorio Ibáñez transcribe sus entrevistas a fundadores y músicos que forman parte –o lo han hecho, en el pasado– de Celtas Cortos: desde su líder Jesús Cifuentes al saxofonista Goyo Yeves, pasando por el violinista Alberto García, el flautista Carlos Soto, el baterista Nacho Castro, el bajista Chuchi Marcos, el cantante Antuan Muñoz –se puso al frente de Celtas entre 2002 y 2006– o ‘Moha’, violinista de Mägo de Oz. Y no falta un Bonus Track, donde el autor levanta un ‘Museo Fotográfico’ con cerca de un centenar de fotografías, a todo color, de diferentes etapas de la formación.

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Graduado en Interpretación de Música Antigua con Viola Barroca y Máster en Investigación Musical por la Universidad Internacional de Valencia, Celtas Cortos, 40 años con hebra es la versión ampliada del trabajo fin de máster de Gregorio Ibáñez.

«Es en 1994 cuando tuve mi flechazo», evoca el autor en conversación con este diario. «Mi hermana me había hablado de un grupo en el que tocaba un violinista, así que me puse a buscarlo, con inocencia, como si se tratara de otro de los autores que estudiaba en el instituto. Y di con aquella cinta, que me costó 195 pesetas: era Salida de emergencia, que había salido cinco años antes. Luego llegaron las cintas de sus otros discos. Tenía 14 años y, creo que hasta los 18, Celtas fue lo que más escuché en ese tiempo de mi vida», recuerda Gregorio Ibáñez.

El aragonés pasó su infancia en la Escolanía Infantes del Pilar de Zaragoza: un «internado estricto» donde maestros como Leopoldo Aragón –muy conocido en la escena musical zaragozana, en los años 60 y 70– le abrieron los ojos a la música popular, más allá de su formación, por ejemplo, en canto gregoriano. Con 16 años, Ibáñez comenzó a formar parte de distintas bandas, llegando a formar parte de El Hombre Azul, junto a Gonzalo Alonso ‘Gonso’ (Días de Vino y Rosas), y coincidiendo con músicos como el batería Laurent Castagnet (Trogloditas) o el guitarrista Guille Martín (Andrés Calamaro). «Aprendí con ellos latín y griego... Y rock and roll», reconoce Ibáñez.

Yeves en una de las imágenes que recoge el libro.SPICA EDITORIAL

Y aunque a sus 20 años sus intereses musicales se acercaban más a Garbage o Red Hot Chili Peppers, los Celtas Cortos seguían apareciendo, como fogonazos, en su vida. «Cada vez que sacaban algún temazo los recordaba con nostalgia, con cariño. Aunque ya no era el enganche que tenía a los 14», señala el autor.

El autor.ANA LAIGLESIA

Hasta que llegó el 2022. Y llegó el «chispazo», el «pellizco en el estómago». Fue en un concierto de los vallisoletanos en Ejea de los Caballeros. «Algo se movió dentro de mí con esas canciones que me habían tocado de niño. Quise saludarles y agradecerles por su música. Sobre todo a Alberto... pero ya se había ido», rememora el músico aragonés. José Miguel Gutiérrez, road manager de Celtas, le emplazó a su siguiente concierto, en Alagón, donde pudo conocer a los vallisoletanos. Se fue con su instrumento firmado por el veterano violinista vallisoletano y con el recuerdo de haberles acompañado en el escenario para interpretar 20 de abril.

Con ese vínculo recién forjado, Gregorio Ibáñez quiso indagar en su historia para realizar su trabajo de investigación.

«Para mi trabajo he querido analizar cómo un proyecto de juventud se perpetúa a lo largo de 40 años, de manera profesional, en una industria económica, estética y humanamente cambiante. Cómo han conseguido sobrevivir en ese ecosistema y vivir de su música. Han tenido que bregar, y bregar muy fuerte en algunos momentos, para mantener el barco a flote... Y sin parar», resume el autor de 40 años con hebra, que donará las regalías recibidas por este libro a la Federación Española de Enfermedades Raras.

Durante la elaboración del libro, Gregorio Ibáñez ha tenido la oportunidad de palpar cómo están presentes los miembros de Celtas Cortos en el corazón de Valladolid. «Hablas con gente anónima, desde telefonistas a trabajadores de un parking, y acabas encontrando a alguien que les conoce, que les admira, que destaca su sencillez. Y te das cuenta de que es cierto eso que cantan en No nos podrán parar: nunca les fueron los lujos, son gente muy normal».

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Celtas Cortos, 40 años con hebra será una «ventana desde la que asomarse al universo» de los vallisoletanos.