Diario de Valladolid

El Museo Nacional de Escultura reivindica al regidor perpetuo de Valladolid

San Gregorio llama a las puertas del Museo del Prado o la National Gallery para levantar en octubre la muestra ‘Tiempos de paz y diplomacia. Diego y Constanza, Condes de Gondomar’

Detalle del óleo de Van der Hamen, con el retrato de Diego Sarmiento.

Detalle del óleo de Van der Hamen, con el retrato de Diego Sarmiento.

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Valladolid

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En el cuarto centenario de su muerte, la ciudad rinde este año tributo a uno de sus más ilustres vecinos: quien a comienzos del XVII fuera nombrado corregidor de Valladolid –tras haberlo sido antes de Toro–, visitador general de la Orden de Calatrava o contador mayor del Consejo de Hacienda, para acabar desempeñando una labor fundamental como embajador en Londres y convertirse en «uno de los mejores diplomáticos de las Cortes de Felipe III y Felipe IV», en palabras de la historiadora y académica Carmen Manso Porto: Diego Sarmiento de Acuña.

El Museo Nacional de Escultura acogerá del 15 de octubre al 14 de febrero de 2027 la muestra Tiempos de paz y diplomacia. Diego y Constanza, Condes de Gondomar, que reunirá 77 obras procedentes de instituciones como el Museo del Prado, la Biblioteca Nacional, el Museo Lázaro Galdiano, el Museo Arqueológico Nacional o la National Portrait Gallery de Londres.

Retrato de Diego Sarmiento de Acuña, de Van der Hamen.

Retrato de Diego Sarmiento de Acuña, de Van der Hamen.

Para evocar el mundo de Diego Sarmiento (1567-1626) y de su prima y segunda esposa Constanza de Acuña y Avellaneda (1570-1632), el MNE exhibirá retratos como los que el vallisoletano Juan Pantoja de la Cruz realizara a Felipe III –cuando la Corte, de la mano del Duque de Lerma, aún permanecía instalada en Valladolid– y a su hija la infanta Ana de Austria; de la reina Margarita de Austria, inmortalizada por el pincel de Bartolomé González; del mismísimo Conde de Gondomar, pintado por Juan van der Hamen y León; de Jacobo I de Inglaterra, llevado al lienzo por John Critz, y de su favorito, el Duque de Buckingham; o del jesuita Henry Walpole, uno de los fundadores del Real Colegio de los Ingleses de Valladolid, ejecutado en Londres en 1595 –Inglaterra ya llevaba 60 años, desde los tiempos de Enrique VIII, persiguiendo por traición a los católicos que reconocieran la autoridad papal cuando el monarca debía ser la máxima autoridad de la iglesia anglicana–.

'El rey Felipe III', por Juan Pantoja de la Cruz.

'El rey Felipe III', por Juan Pantoja de la Cruz.

Tiempos de paz y diplomacia mostrará joyas, armas y documentos de la época, desde jarras de pico en plata y oro, a cerámicas de Talavera, pasando por armas, tapices, tinteros, guantes y jubones, armaduras, soberanos ingleses, cartas entre el Conde y el Duque de Lerma, medallas conmemorativas del Tratado de Londres de 1604 –el final a 20 años de guerra, con el compromiso por parte de España de no restaurar el catolicismo en Inglaterra–. También un par de estampas de Valladolid en el XVII y XIX, con un óleo de Felipe Gil de Mena de la Procesión de la Vera Cruz en la calle Platerías y una acuarela de Valentín Carderera del Palacio Real y San Pablo.

'Jacobo I de Inglaterra', de John de Critz.

'Jacobo I de Inglaterra', de John de Critz.

«El título de embajador fue el que coronó su carrera política y le convirtió en uno de los mejores de su época y de la historia de España», apunta Manso Porto de Diego Sarmiento de Acuña. Hombre de gran cultura –en la Casa del Sol, adquirida en 1599, levantó una biblioteca que despertó la admiración de Quevedo–, el Conde de Gondomar logró ganarse la confianza de Jacobo I cuando, por orden del Duque de Lerma, desembarcó en Londres como embajador, en 1613. Un cargo que desempeñaría en tres fatigosas etapas.

'Procesión de la Vera Cruz en la calle Platerías', de Felipe Gil de Mena.

'Procesión de la Vera Cruz en la calle Platerías', de Felipe Gil de Mena.

«Consiguió mejorar las condiciones de vida de los católicos ingleses, liberar a algunos sacerdotes de la cárcel y reducir la piratería inglesa en las costas españolas y de ultramar», señala Manso Porto en la publicación de la Real Academia de la Historia Historia Hispánica. De su labor en Valladolid, la historiadora señala que «Diego Sarmiento supo acondicionar la ciudad a las necesidades de la nueva capital de la Monarquía con sentido práctico y funcional: limpieza y empedrado de las calles, adecentamiento de parques y jardines, abastecimiento de aguas, fábrica de puentes, reforma de edificios, accesos a la ciudad y organización de fiestas cortesanas. En sus escritos, Góngora y Cervantes dejaron huella de su labor». Fue nombrado regidor perpetuo y alférez mayor de Valladolid. Hoy, su Casa del Sol es una de las sedes del Museo Nacional de Escultura y acoge la colección del extinguido Museo Nacional de Reproducciones Artísticas.

'Palacio Real y San Pablo', de Carderera.

'Palacio Real y San Pablo', de Carderera.

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