Mar Sancho condensa la vida en un vagón de tren
La escritora vallisoletana reivindica el «aprendizaje» de todo viaje en su vuelta a la literatura

La escritora vallisoletana Mar Sancho posa junto a su último poemario.-PHOTOGENIC
Tras años de silencio ‘impuesto’ por las aparentemente prosaicas y absorbentes tareas de la gestión pública, Mar Sancho (Valladolid, 1972) recupera su voz literaria con la publicación del poemario Entre trenes (Eolas Ediciones), su vuelta al género con el que debutó en 2000 con Lisbon visited, Premio Letras Jóvenes de Castilla y León, y que ha cultivado con títulos como Inventario de invierno (2002), Winterreise (2002), Variaciones sobre un viaje viejo (2004) y Oblivion (2009).
Entre trenes sigue las traviesas del Transiberiano, del Amtrak Cascades norteamericano, del Darjeeling Himalayan, del Salta-Socompa andino y del Alaskan Denali Star, con unos versos plenos de imágenes sugerentes, variopintos en los paisajes y paisanajes que contienen, que transportan tanto melancolía como asombro, soledad o sensualidad en sus discurrires rítmicos, que a veces avanzan con pausa y otras se aceleran sin el freno de los signos ortográficos.
«Vivimos una época en la que la sociedad, quizá, se ha vuelto un tanto egocéntrica, así que es necesario tomar perspectiva para ver otros paisajes, para ver a través de otros ojos, desde otras ventanillas. Eso te permiten hacerlo los trenes, especialmente los que hacen recorridos distantes durante días. En la vida cotidiana, quien viaja en tren suele tener un destino, pero ninguno de los trenes de este libro pretende eso: el lugar al que llegan es intrascendente», reconoce Mar Sancho cuando se le pregunta por un posible afán reivindicativo. Y sí, existe: «Reivindica el acto de viajar y el aprendizaje y la percepción, el sentir y el descubrir, tanto de lo ajeno como de lo propio, que hacerlo supone», defiende la que fuera directora general de Políticas Culturales de la Junta de Castilla y León durante la pasada legislatura.
La autora de novelas como Aún es tarde (2007) o Leningrado tiene setecientos puentes (2012) asegura que no hay como «salir del contexto» habitual y «coger distancia» para «conocerse mejor». «Podemos descubrir otros prismas dentro de nosotros mismos en nuestro reflejo en la ventanilla de un tren; a veces, esa visión nos la proporcionan nuestros propios ojos, pero también nos la ofrecen quienes nos acompañan en ese viaje», abunda la escritora, que ha querido rehuir de la prosa para plasmar sus vivencias como viajera, como suele ser habitual. «La poesía es la mejor manera de transmitir ciertas percepciones», proclama.
El poemario se abre con los versos de Vancouver, British Columbia, que parecen un canto de amor a la literatura, al poder que tiene un relato de trasladar a quien lo escucha o lee a lugares remotos. ‘El primer tren partió de la boca metálica de mi abuelo / rumoreando raíles de viajes viejos, ya ensueños oxidados...’. «En mi vida he tenido varias etapas, y la primera fue de una entrega absoluta a la literatura, a la lectura. Eso te lleva a un viaje exterior, a conocer el mundo, y a otro interior, que te hace descubrir la condición humana. Quien lee, cuando llega a la vida real, ya conoce todos los modos de ser, todas las virtudes y todos los defectos del ser humano», sostiene.
En Entre trenes, ‘viajantes atados a sus corbatas portean quimeras en maletines / sobre los senderos infecundos’ (Vancouver, Washington); y conviven con el revisor que ‘se acerca de puntillas ofreciendo té espumoso y porfía / que quiso ser bailarín de ballet con los ojos hervidos de / lágrimas’ (Kirov); y contemplan como ‘la tierra / declama monótona la aridez de los rostros que otra vez la / habitaron’ (Ingeniero Maury).
«El viaje es una metonimia de la propia vida, con todo lo que acontece en ella y que también sucede en un vagón de tren», sentencia Mar Sancho, que reconoce su «añoranza» de todos los lugares en los que ha vivido. «En todos ellos he aprendido, he sentido o he descubierto algo. Eso, que es tan pasajero como esas vidas que se cruzan contigo por un instante, que no perdura, produce melancolía. Pero el viaje continúa, como la vida», celebra la autora, que hoy presentará Entre trenes, en el Museo Patio Herreriano (19.30 horas), junto a Gustavo Martín Garzo y Rafa Vega.