Diario de Valladolid

Félix de Vega retrata el alma literaria de Castilla y León

Una exposición reúne 59 retratos de los escritores modernos y contemporáneos más relevantes

Mar Sancho, junto a los hijos de Félix de Vega.-J. M. LOSTAU

Mar Sancho, junto a los hijos de Félix de Vega.-J. M. LOSTAU

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Ana de la Fuente

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El Palacio del Licenciado Butrón acoge hasta el próximo 15 de abril una exposición en la que el artista Félix de la Vega «retrata el alma» de más de medio centenar de escritores de Castilla y León. Fallecido el pasado 8 de mayo, De la Vega se sumerge, de este modo, en el universo literario de la Comunidad levantando un inventario de los autores modernos y contemporáneos más significativos desde su especial sensibilidad y capacidad creativa.

Una «emocionante exposición», celebró ayer la directora general de Políticas Culturales de la Junta,Mar Sancho, en la que el artista ha retratado «el alma y las circunstancias» de los autores de la Comunidad.

La exposición, organizada por el Instituto Castellano y Leónes de la Lengua, aúna «literatura, alma y vida» a través de una galería de 59 retratos de poetas, novelistas, ensayistas o dramaturgos. Desde Unamuno, Antonio Machado o María Zambrano hasta Ángel Vallecillo o José Luis Cancho. Estos dos últimos autores, galardonados el año pasado con el Premio de la Crítica, fueron sus últimos retratos, Y es que De la Vega fue el encargado de inmortalizar a los escritores reconocidos con este galardón. «Lamentablemente este año va a quedar un enorme vacío», dijo ayer Mar Sancho, en referencia a Tomás Sánchez Santiago, reconocido esta misma semana con este premio.

Antonio Colinas, Antonio Gamoneda, Carmen Martín Gaite, Fernando Arrabal, Francisco Pino, Miguel Delibes, Rosa Chacel, Jorge Guillén o Gonzalo Torrente Ballester figuran entre la nómina de autores. Algunos miran fijamente al espectador, otros dirigen su mirada hacia el horizonte. Y mientras unos esbozan una tímida sonrisa, otros mantienen los labios entreabiertos. Varios compartieron exilio y hay quien, como Muñoz Arconada o José María Quiroga, murieron en la tierra del destierro. La mayoría disfrutaron de los frutos de su éxitos en vida. Otros fueron reconocidos después de su muerte. Pero todos, eso sí, lucen una mirada eterna. Rostros maduros, curtidos por la vida y por el paso del tiempo y que comparten un mismo hogar: el de las letras. Obras, destacó ayer la hija del artista, Alicia de Vega, «que hablan por sí mismas». «Sé que mi padre estaría muy orgulloso de ver cómo su legado artístico sigue su propio camino, aunque sea en la orfandad».

«La obra de mi padre se caracteriza por personajes con los pies descalzos que se aferran a la tierra. En esta ocasión, son retratos en los que el apego se demuestra a través de la mirada».

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