Pablo Andrés Escapa reivindica el poder de la fábula

Pablo Andrés Escapa.-ICAL

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Redacción de Valladolid
Valladolid

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El escritor leonés Pablo Andrés Escapa regresa a las librerías con Fábrica de prodigios (Páginas de Espuma), su cuarto volumen de relatos, que reúne tres cuentos «de media distancia», de unas 80 páginas cada uno, en los que reivindica con tono cervantino el poder de la fábula y de la literatura para levantarse de la realidad anodina que se vive, explica.

El autor reconoce en declaraciones a Ical que el hecho de ser él mismo un lector «fundamentalmente de cuentos» puede ser uno de los motivos que le ha empujado a escribir de una determinada manera, y reconoce que las «exigencias formales» y la necesidad «imprescindible» de encontrar un «ritmo de escritura» adecuado para este tipo de historias son códigos narrativos en los que siempre se ha encontrado cómodo. «La novela corta o el cuento largo tienen mucho de parábola. Piden intensidad y ofrecen una interpretación simbólica de los acontecimientos. Cuando pienso en las grandes obras del género, como La muerte de Iván Ilich, La metamorfosis o Bartleby, el escribiente, en el fondo lo que están proponiendo son metáforas de la existencia que tienen más fuerza por estar condensadas en menos páginas que si se extendieran en una novela», recalca.

Escapa recuerda a su padre, «un narrador oral extraordinario», para explicar cómo conoció de primera mano la amplia tradición oral que impregna los pueblos leoneses, y que se extiende por otros lugares como Zamora, Salamanca o Asturias, conformando toda una tradición literaria.

Sobre las tres historias que integran Fábrica de prodigios (‘Pájaro de barbería’, ‘Continuidad de la musa’ y ‘El diablo consentido’) explica que cada una de ellas contiene un relato interno escrito, ya que «cada personaje va elaborando un texto (un diario, un ensayo o una biografía) que supone una versión alternativa de los hechos que perciben en sus peripecias respectivas. Esa reescritura alimenta la trama».

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Cuestionado sobre el inequívoco aliento cervantino de la obra, el escritor recurre a una cita de El Quijote para recordar que «la mentira es mejor cuanto más verdadera parece, y esa mentira consentida es la base de la literatura». «Todos, cuando abrimos un libro, sabemos que estamos ante una ficción, es una regla que aceptamos. Lo cual, de algún modo, cuestiona la posibilidad de que exista la literatura realista. La verosimilitud -que no consiste en la detallada replicación de la realidad- es la única verdad en la literatura», argumenta.