TEATRO CALDERÓN CON SANTAMARÍA, MÁRQUEZ Y MENDIGUCHÍA
Perea y Acosta se multiplican en ‘la estupidez’ de Spregelburd

Fran Perea y Toni Acosta en ‘La estupidez’.-EL MUNDO
Unos estafadores de arte convencidos de que el valor de una pintura evanescente radica en lo poco que queda de ella, unos mafiosos sicilianos que quieren crear a la nueva estrella del Pop, una pareja de policías homosexuales envueltos en una trama de traiciones, un científico alephiano convencido de poder reunir todos los saberes... y de poder conocer el futuro en un marco como ¡Las Vegas!... Son algunos de los protagonistas de La estupidez, cuarta entrega de la heptalogía creada por el argentino Rafael Spregelburd a partir de La tabla de los pecados capitales de El Bosco. No falta ni un depravado al que le gusta jugar con el cepillo de dientes mientras se retrata.
Este fin de semana llega al Teatro Calderón de Valladolid con Fran Perea, Toni Acosta, Ainhoa Santamaría, Alfonso Mendiguchía y Javier Márquez dando vida a los 24 personajes ideados por Spregelburd, un dramaturgo que ha definido a sus personajes como tipos «con muy pocas luces» que, sin embargo, «siempre operan como si fuesen ingenieros atómicos».
¿Es la falta de autocrítica, de razón, un signo de estos tiempos? «Yo siempre defiendo a mis personajes, y en La estupidez hay hasta un científico, así que algunas luces hay. Lo que creo es que en este tiempo, tan marcado por las redes sociales, a todos se nos escucha y todos creemos que tenemos opiniones ‘válidas’. Todos queremos ser escuchados, hacernos oír», reflexionó ayer Acosta.
Para la actriz, La estupidez es una «road movie que tiene más que ver con el cine que con el teatro». «Este texto es un juego de estrategia pura. Es una obra de teatro que casi no se puede leer, sobre todo en esos momentos en que va en paralelo; hay que verla, porque es una gozada, es un prodigio ver cómo las historias se van desarrollando a la vez».
Los personajes, a pesar de toda la verborrea que les envuelve, padecen de cierta incomunicación, pero no es su gran pecado. «Lo es la avaricia», aclaró Acosta. «Todos buscan enriquecerse rápido... y para eso nada mejor que hacerlo en Las Vegas», subrayó la actriz, que reconoció la dificultad para hacerse con una obra como esta, de más de tres horas de duración. «En los ensayos yo pensaba que no seríamos capaces de sacarlo... hasta que lo hicimos. Es pura magia».