‘CINCO HORAS CON MARIO’ CUMPLE SU CINCUENTA ANIVERSARIO
Cincuenta años con Mario
Traducida a 17 idiomas, la universal novela de Delibes marcó un hito en la literatura y burló la censura de la época ‘matando’ al protagonista. Aborda asuntos como la culpa, el desamparo, la soledad o la incomunicación, ejes que siguen marcando el sentido de la vida

«Ni campo, ni niños». Con esta novela, Delibes abandona los ambientes rurales o los niños para penetrar en el alma humana. «Estoy escribiendo una novela sin niños, ni campo», le dijo a su editor.-E.M.
Resulta difícil precisar qué cualidades debe reunir una obra cinematográfica, literaria o pictórica para ser considerada superior al resto. Para el filósofo francés Jean Galard, coautor del libro ¿Qué es una obra maestra?, «no hay sombra de obra maestra sin el destello de la perfección».
Quizá Cinco horas con Mario no reúna ese destello de la perfección, pero lo que es indudable es que ha proyectado su sombra -y también su luz- a lo largo del tiempo. Fue escrita por Miguel Delibes hace cincuenta años y actualmente, a pesar del paso de los años, sigue siendo un libro de referencia.
Una novela de gran carga psicológica que, a través de un alma femenina puesta al descubierto, llega hasta el fondo de la sociedad española de aquel tiempo y en la que por primera vez tras La sombra del ciprés es alargada, Las ratas o El camino, Miguel Delibes abandona los ambientes rurales o los niños para penetrar de un modo más profundo en el alma humana.
Desde que vio la luz, el 3 de enero de 1967, se han vendido millón y medio de ejemplares, ha sido traducida a 17 idiomas -entre ellos el ruso, el noruego, el polaco o el japonés- ha generado más de doscientos estudios diferentes, ha sido trasladada al cine y al teatro y próximamente se convertirá en ópera de la mano de Jorge Grundman.
Es una de esas obras que el propio Delibes reconoció que cayó en gracia nada más nacer a pesar de que arranca de una manera insólita: con una esquela, la que anuncia la muerte de Mario Díez, «y con un título que sigue dando mucho juego cuando un Mario se cruza en el camino», dice la hija del escritor, Elisa Delibes de Castro, y presidenta de la Fundación que lleva su nombre.
Así, recuerda que, aunque ya ha cumplido medio siglo, el pasado mes de mayo, cuando el juez dejó salir de la cárcel a Mario Conde para asistir a la comunión de su nieto, un periódico se hacía eco de la noticia titulando ‘Cinco horas con Mario’. Incluso la revista Hola, comentando las vacaciones en Mustique de Isabel Preysler y Vargas Llosa, decía que Isabel Preysler había pasado ‘Cinco horas sin Mario’ que, al parecer, eran las horas que el premio Nobel dedicaba a escribir. «Todo esto me enorgullece y me divierte un montón», celebra Elisa Delibes.
Son muchos los investigadores y escritores que reconocen que es una de las novelas que mejor ha envejecido con el paso de los años. Carmen Martín Gaite decía, en este sentido, que cada relectura «me regala un nuevo hallazgo».
También la Casa Revilla de Valladolid contribuye de una manera muy especial a redescubrir esta universal obra con una magna exposición que podrá visitarse hasta el próximo 22 de enero y que reúne cartas manuscritas, anécdotas, testimonios, artículos, fotos, carteles, críticas e, incluso, el original de Cinco horas con Mario. Una muestra que viajará a la Biblioteca Nacional de Madrid el próximo 7 de febrero.
Miguel Delibes escribió la novela en 1966 con la esperanza de que fuera publicada en el mes de diciembre, pero no vio la luz hasta el 3 de enero de la mano de Destino. Seis días después, el 9 de enero de 1967, el propio Miguel, que tenía 45 años, casi los mismos que el protagonista de su novela, escribía de su puño y letra una dedicatoria en uno de los ejemplares que puede verse en la casa Revilla:Para Angelines y nuestros hijos. A algunos de ellos les pilló en plena adolescencia, como a Elisa, quien confiesa que tardó algún tiempo en atreverse a leer la novela «pero viví el gran éxito y la gran acogida que tuvo».
Después de esta primera edición llegarían muchas otras -107 en total- convirtiéndose en una de las obras más leídas, no solo de Delibes sino de toda la historia de la literatura.
Un éxito que también han disfrutado las nuevas generaciones de la familia Delibes y algunos ‘sufrido’ en primera persona. Germán, uno de los nietos del escritor, tuvo que hablar del valor lingüístico y gramatical de los distintos ‘que’ que aparecen en esta novela en su examen de selectividad.
- «Abuelo, había más de 40 qués... ¡ha sido horrible!», le dijo Germán.
- «Pero... ¿Serán cabrones estos de la selectividad?», le contestó entonces su abuelo Miguel.
Y es que hablar de Cinco horas con Mario es hacerlo también de Valladolid. Además de seguir siendo un libro de referencia en muchos colegios de la ciudad, fue llevado al teatro y al cine años después por otra vallisoletana ilustre:Lola Herrera y, aunque es verdad que no hay alusiones explícitas a Valladolid, Elisa Delibes asegura que «quien conoce bien a mi padre sabe que todo se desarrolla en esta ciudad».
Así, pueden intuirse referencias a los soportales, tan identificativos de Valladolid (en la página 53) y a la Plaza Mayor (69), a la Acera (Recoletos era un lugar de paseo obligado en aquellos años), al bar Atrio (124), así como a la Pajarera o a la Fuente del Campo Grande (132), uno de los lugares preferidos de Miguel Delibes para pasear.
Delibes realiza en Cinco horas con Mario un retrato de las dos Españas. Por un lado, la familia de Carmen, de inquebrantables principios y de mentalidad burguesa. Educada, como la mayoría de niñas de aquella época, para ser una mujer de su casa y cuidar de su marido y sus hijos.
Por otro lado, Mario, un profesor de instituto, un hombre liberal, amante de la lectura y reacio a comprarse un seiscientos porque a él lo que más le gustaba era ir en bicicleta, algo que Carmen le reprocha una y otra vez («Desengáñate, Mario, cariño, la bici no es para los de tu clase»...) al igual que el que fuera amigo de un bedel, «porque está reñido con tu posición laboral».
En la obra, la joven viuda entabla un diálogo sin respuesta, un monólogo reiterativo que, es a la vez, un memorial de agravios y la confesión de lo que apenas llegó a ser una infidelidad por la que acaba pidiendo casi a gritos un perdón ya casi imposible.
Es inimaginable pensar en Carmen Sotillo sin ponerle el rostro de Lola Herrera. La actriz estrenó la obra con 44 años, repitió con 65 y, hace unos meses, con 80 años, volvió a meterse en la piel de Menchu y a enfrentarse con ‘su’ féretro. También en el año 2012 fue puesta en escena por Natalia Millán pero no logró eclipsar el recuerdo de Lola Herrera.
El papel de Carmen Sotillo consagró a la actriz vallisoletana pero también le pasó factura. De esta experiencia teatral surgió en 1981 la película Función de Noche.
Función de noche no es Cinco horas con Mario, tampoco es la adaptación teatral de la novela. Pero no hubiese sido posible sin ambas. La actriz y su exmarido, el también actor Daniel Dicenta, se enfrentaron a la cámara reflexionando sobre su experiencia vital, desgranando su vida sin tapujos y haciendo un balance de la misma. En 1982, Lola Herrera sufrió una profunda crisis personal motivada por la identificación que vivió con el personaje y que le hizo cuestionarse muchos aspectos de su propia vida.
La versión teatral de Cinco horas con Mario se estrenó el 26 de noviembre de 1979 en el Teatro Marquina de Madrid. La obra fue dirigida por Josefina Molina y producida por José Sámano. Los tres se dieron cita en la pasada feria del Libro de Valladolid para rendir un homenaje al escritor. Además de alabar la riqueza del texto, coincidieron en señalar que el paso del tiempo había contribuido a rebajar un poco el tinte dramático.
Uno de los hombres que mejor conoce la obra de Delibes es Ramón García, biógrafo del escritor. Ramón García recuerda cómo a Miguel le chocaba que nadie se reconociera en esta novela a pesar de que tomó muchas frases, pequeños discursos o tics de personas de su entorno. «Delibes se convirtió en un observador de la gente y de su manera de hablar. Cinco horas con Mario fue una novela totalmente novedosa ya que hasta ese momento sus libros habían girado en torno al mundo rural y al campo, que era lo que él mejor conocía. Tuvo que empaparse de la manera de hablar de la ciudad y del lenguaje coloquial de una mujer de clase media, de sus muletillas y modismos». Así, se lo comunicó a Vergés, el editor: «Estoy escribiendo una novela sin niños ni campo».
«Hacer hablar a Carmen me obligó a escuchar mucho, a acentuar mi sentido de la observación. No tomaba notas, no apuntaba las expresiones oídas, me dejaba empapar de lo que oía de forma natural. No fue fácil porque yo no hablaba así y sostener trescientas páginas con esos tics y con esas expresiones resulta laborioso», decía Delibes.
También tuvo algún que otro problema con la censura, pero Ramón García recuerda que Delibes lo resolvió con inteligencia ‘matando’ al protagonista y trasladando parte de su pensamiento a la viuda. «Plantó cara a la censura franquista y es que Delibes era muy listo para sortearla. Pisaba la raya pero sin traspasarla nunca y poniendo en boca de Menchu todo lo que él repudiaba».
Años más tarde, en 2008, el propio Delibes reconocía, tras revisitar su novela y según puede comprobarse en un documento expuesto en Revilla, que Mario «se pasó de rosca, se mostró un marido radical ante un problema baladí. Menchu, como era frecuente en la época, no era más que una burguesita con un lenguaje mecánico, lleno de tópicos y unas ideas heredadas, pero sin ninguna tacha profunda (...) Fueron suficientes unos años para que las cosas empezaran a cambiar.
Los lectores ya no se mostraban unánimes en sus juicios: Mario no era el bueno ni Menchu la mala. ¿Por qué iba a ser bueno Mario? ¿Por qué mala Menchu? ¿Por haber recibido una educación trasnochada? Mario, tan entregado a su causa, no entendió a su esposa, que, con muy poco esfuerzo, se hubiera puesto de su lado. Pero también sé que si Mario y Menchu hubieran estado en la misma línea de pensamiento, no hubiera habido novela».
Han pasado cincuenta años pero por lo que cuenta y también por cómo se cuenta, Cinco horas con Mario fue y sigue siendo un extraordinario documento para conocer la España de los años sesenta.Y aunque Carmen Sotillo emite juicios y valoraciones que hoy pueden resultar incomprensibles, la obra aborda asuntos eternos como la culpa, el desamparo, la soledad o la incomunicación, ejes del sentido de la vida. Conflictos y realidades que, a pesar del paso del tiempo, siguen condicionando la existencia humana.