TEATRO ZORRILLA
«Vivo un estado de creación máximo»
Alberto Velasco vuelve a su ciudad natal para presentar ‘Cenizas o dame una razón para no desintegrarme’, una creación de Chevi Muraday

Alberto Velasco (detrás) y Chevi Muraday en una representación de ‘Cenizas’.-EM
Alberto Velasco vive en un «estado de creación máximo». El vallisoletano, actor de 32 años, bebe de las fuentes del teatro desde principios del año 2000, sumando más de una veintena de obras y un Premio Giordano Bruno bajo el brazo. Mañana a las 20.30 horas se sube a las tablas del Zorrilla con Cenizas o dame una razón para no desintegrarme, una producción creada por Chevi Muraday que aúna danza, teatro, poesía y vídeo, y «una dramaturgia más entendible», explica el actor.
La obra de la compañía Losdadae, con Chevi Muraday –Premio Nacional de Danza 2006– al frente, se estrenó en 2013. La trama gira en torno a dos personajes que se encuentran al límite, envueltos en una atmósfera de dependencia y destrucción. «Tenemos que liberar de nuestra vida todo tipo de relaciones tóxicas, y como no venimos enseñados de fábrica sino que es una cosa que aprendemos una vez que estamos en el mundo, no siempre es fácil», explica Alberto Velasco, que añade: «Creo que los seres humanos deberíamos aprender a ser más empáticos y a discutir menos, porque al final discutir es una cuestión de ego que no lleva a ningún lado».
El pasado marzo recibió el Giordano Bruno en los Premios Moretti de Teatro, un galardón que no se esperaba: «Quien diga que no le gustan los premios, miente; un jurado se ha juntado para hablar de ti y han estimado oportuno que lo mereces porque les gusta tu trabajo; es como que te digan te quiero».
A pesar de la multitud de personajes que ha interpretado en teatro, muchos le conocen por su personaje de Palacios en la serie Vis a vis, algo que no le molesta: «La televisión es una ventana enorme y hay gente que solo se queda ahí pero hay otros que miran más allá, y nos tenemos que beneficiar de eso; yo estoy encantado, además es una maravilla de serie».
En julio de 2015 estrenó Danzad, malditos, una pieza basada en la película de Sydney Pollack que se remonta a la Gran Depresión en EEUU. Con ella ganó un Max. La trama era la siguiente: en un concurso por parejas, quien más aguantaba bailando, ganaba. Así de fácil, solo que muchos acababan extenuados. La pieza se ha llevado al teatro con la misma mecánica. Pura resistencia. «Estoy muy feliz con la acogida que ha tenido, agotamos entradas», dice Velasco, que quiere traer la producción a Valladolid porque cuando se trajo al TAC él no pudo acudir. Danzad, malditos es poco convencional y tal vez algo arriesgada, pero el actor no lo buscó: «Me sale así, en el estudio empezamos a crear; nada más coger un texto me nace hacer estas cosas», confiesa.
Durante sus años en las tablas ha vivido «épocas de creación muy interesantes» y han hecho que viva «un estado de creación máximo». Respecto a la situación que vive el teatro durante los últimos años, tacha de injusto achacarlo a la crisis: «Con dinero se crea mejor, pero no mejores cosas», afirma.
Pero como todos, Velasco tiene miedos. «Me da pánico que mi trabajo deje de interesar o que ya no sepa cómo reciclarme, pero hoy por hoy intento no meterme en los ensayos con eso en la cabeza; si cuando exhiba algo al público no le interesa será el momento de plantearse que algo no está funcionando y ver qué caminos encontrar para seguir emocionando», concluye.