LA ESFERA DE LOS LIBROS 'POR AMOR AL EMPERADOR'
Un viaje por la Castilla que recorrió Carlos V
Almudena de Arteaga lanza su última novela, repleta de escenarios reconocibles de la Comunidad, sobre las mujeres del césar

Detalle de los azulejos de Ruiz de la Luna en el Palacio de Pimentel que evocan una escena del bautizo de Felipe II-E. M.
Es un viaje a un tiempo glorioso, el de la forja de un imperio en el que nunca se ponía el sol. Un viaje en el que el lector recorrerá los rincones de la Corona de Castilla en los que se fraguó la leyenda: Mucientes, Burgos, Tordesillas, Laguna de Duero, Valladolid, Roa, Toro, Mojados, Aranda de Duero, Pedraza, Cigales... Sus caminos son transitados por los personajes de la última novela de Almudena de Arteaga, autora de títulos como La princesa de Éboli y La Beltraneja, que hoy lanza a las librerías, de la mano de La Esfera de los Libros, Por amor al Emperador. Hablan las mujeres que quisieron a Carlos V.
La escritora, ganadora de premios de novela como el ‘Alfonso X el Sabio’ y el ‘Azorín’, presenta el libro este mismo martes, en un encuentro con los lectores en la Librería Oletvm a partir de las 19.00 horas.
«El emperador nunca paró de viajar, pero aquellos lares (los de la actual Castilla y León) fueron los que más conoció. Fueron las tierras que más le acogieron en todo momento», reconoció Almudena de Arteaga a este diario.
Y todo pese a los recelos iniciales que despertó a su llegada a Valladolid, como bien retrata en sus páginas:
–– Estoy cansado, Leonor. Todos me alertan sobre lo que me encontraré en Valladolid. Opinan sobre cómo he de comportarme para ganarme a los castellanos.
Era septiembre de 1517. El joven monarca expresaba sus dudas a su hermana en el Convento del Abrojo, en Laguna, donde aguardaban para entrar en Valladolid y jurar ante las Cortes las leyes de Castilla.
De Arteaga conjura las voces de Margarita de Austria, tía del emperador, de sus hermanas Leonor y María, de su esposa Isabel de Portugal, de su hija María de Austria, de su amante Germana de Foix... para componer una suerte de memorias corales que abarcan toda la vida del césar.
Como la llegada de sus padres Juana y Felipe a España, y la desazón de la primera cuando su amado la «encerró prácticamente aislada en el castillo de Mucientes» para ir a entrevistarse en Puebla de Sanabria con Fernando el Católico. Como la extraña muerte del rey de Castilla, tras jugar a la pelota en la Casa del Cordón. Como el encierro de la reina viuda en Tordesillas, donde alumbró a Catalina, hermana del futuro emperador, y se entregó a su ‘locura’.
A lo largo de 392 páginas, Almudena de Arteaga recuerda el encierro en Pedraza de los hijos del rey francés Francisco I; la muerte en Roa del Cardenal Cisneros; el encuentro en Mojados entre Carlos y su hermano Fernando, dos extraños en ese momento, y de quien acabaría separándose, tiempo después, en Aranda, cuando tuvo que salir de España para defender los intereses imperiales.
También evoca la novelista que en Cigales, María, hija del emperador, alumbró a una criatura. Y allí, María de Hungría, hermana del césar, dio también su último aliento unas semanas después de hacerlo él.
Y no se olvida, claro, de Valladolid: del Palacio del Marqués de Astorga –el actual Palacio de Pimentel–, donde se alojaron Carlos y Leonor a su llegada a la ciudad. De San Pablo, donde un 9 de febrero de 1518 juró «sobre los evangelios» «ser un buen rey para sus nuevos súbditos» –y donde casi una década después fue bautizado Felipe II–. Todo un acontecimiento, como evoca Leonor de la mano de la escritora:
–– Eché de menos un engalanado de la ciudad más rico. Los arcos triunfales bajo los que pasamos se me hicieron endebles.
Valladolid hasta el final de los días, cuando Carlos, cansado y enfermo, emprendió camino hacia Yuste.
–Sabía que estando en la corte de Valladolid, sería imposible pasar desapercibido, y procuró no demostrar en demasía sus ansías de desaparecer.