Diario de Valladolid

Santiago, el alma de los toros de Benavente

El primer toro del espectáculo de cortes acabó el domingo con la vida del encargado de toriles de la plaza de Benavente en un desafortunado accidente que nadie se consigue explicar. Santiago Domínguez Rodríguez, con más de 20 años de experiencia, dejó la puerta abierta apenas unos segundos, los suficientes para que el astado lo corneara sin piedad

-FOTO CEDIDA POR INTERBENAVENTE

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Jose Luis Cabrero

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Santiago Domínguez Rodríguez llevaba los toros en la sangre. Más de dos décadas como encargado voluntario de los toriles de la plaza benaventana. Miembro de la peña San Isidro. Aficionado a la tauromaquia hasta la médula. Por sus venas corría la afición a los astados como ninguna otra cosa y quiso la mala fortuna que fuera un toro el que terminara con su vida el pasado domingo en un desafortunado accidente al que nadie encuentra explicación.

Desde entonces, desde ese trágico momento, desde el momento mismo en el que los asistentes al espectáculo de cortes tuvieron claro que la cogida tenía que ser mortal de necesidad, en Benavente se ha instalado una tristeza espesa.

Todo el mundo conocía al bueno de Santiago. Así lo definen por unanimidad sus vecinos y compañeros de peña y afición. «La bondad personificada en un hombre» es la frase más pronunciada estos días cuando alguien pregunta por el fallecido, aunque celosamente guardan sus recuerdos.

Implicado en colectivos tan dispares como peñas festivas o cofradías de Semana Santa, todos le recuerdan como un benaventano «de la cabeza a los pies, amante de las tradiciones y de los que siempre están dispuestos a echar una mano a cambio de nada». De hecho, su dedicación a la plaza de Benavente durante más de dos décadas, la realizó siempre de manera voluntaria.

Justo Fernández, toda una institución en el mundo del toro en Benavente, lo recuerda fundamentalmente como «una buena persona». Después de 49 años siendo el encargado de colocar la maroma al toro protagonista de las fiestas benaventanas, Fernández sabe y conoce a todo el mundo y no se le escapa lo querido que era Santiago entre todos los aficionados a la fiesta. «El pueblo está como descolocado, como si no hubieran asumido todavía la noticia, como si no se lo quisiera creer», asegura.

Medio siglo siendo protagonista de la fiesta del toro enmaromado y Justo Fernández reconoce que nunca ha visto unas fiestas tan tristes. «En la vida había pasado nada igual, habíamos tenido accidentes, cogidas, pero nunca una tragedia como ésta, nunca nada había afectado tanto a la gente como esta muerte».

Un impacto brutal que Fernández, lo mismo que el resto de los vecinos, atribuyen a la «encantadora» personalidad del torilero. Un carácter siempre animoso que se puso de manifiesto, paradójicamente, instantes antes de su fatídico fallecimiento. «Ahora da pena recordarlo, porque hasta resulta cruel, pero minutos antes de que ese primer toro saliera a la plaza, el toro que le iba a matar, Santiago estaba animando a todo el mundo en el callejón de la plaza y festejando el inicio de las fiestas que tanto amaba», señala Justo Fernández.

De la misma opinión es el alcalde de Benavente, Luciano Huerga, quien señala que la ciudad, aparte de perder a un gran aficionado a la fiesta, «ha perdido a un gran hombre bueno siempre dispuesto a ayudar».

«Por y para la plaza de toros, por y para las fiestas del Toro Enmaromado», así vivía Santiago Rodríguez, señala Huerga, para quien es normal que en el pueblo la noticia haya caído como una bomba.

El reconocimiento de Benavente no se hará esperar y para agradecer todo ese trabajo hecho por y para la ciudad de forma desinteresada, el equipo de gobierno municipal pretende bautizar la plaza de toros con su nombre. Será el reconocimiento que se merece alguien tan querido como él. Ha sido una propuesta materializada ayer mismo por la concejala de fiestas, que espera que reciba el apoyo de todos los grupos políticos.

Un cariño que ayer se puso de manifesto con la participación masiva de los benaventanos en el entierro del torilero. A las cinco de la tarde, hora torera por excelencia, sus restos fueron trasladados a la iglesia de Santa María y después al camposanto municipal. Una multitud en respetuoso silencio acompañó a Santiago Domínguez en su último paseo por la ciudad que tanto amaba. Caras largas y lágrimas en los ojos despidieron al amigo y compañero. «Hemos perdido, y de una forma absurda, a un gran amigo, a una gran persona», señala uno de sus compañeros de peña.

Dolidos y superados por la tragedia, en su agrupación prefieren guardar silencio y rumiar la pérdida sin hacer ningún otro tipo de declaración que no sea alabar la «bondad» de Santiago. Nadie quiere ahondar en la herida que supone recordar lo absurdo del accidente, nadie quiere hablar de responsabilidades ni mancillar el trabajo hecho por el torilero en estos veinte años. Para el alcalde, «fue un accidente absurdo».

Para Justo Fernández, hombre de toros y conocedor como pocos de los comportamientos y las costumbres de los astados, cuando se enfrentan a una plaza, «nadie se podía imaginar que el toro iba a revolverse apenas tres segundos después de entrar en la plaza e iba a intentar entrar otra vez en corrales».

Pero la fiesta, como el espectáculo y como la vida, sigue. Y anoche, en la Plaza Mayor de Benavente, miles de peñistas colorearon de nuevo el recinto con sus camisetas identificativas y se congregaron para asistir al chupinazo más triste que se recuerda. Sin charangas, en medio de un respetuoso silencio, sin los gritos y la fiesta de otros años, las peñas aguardaron pacientes el discurso del alcalde benaventano desde el balcón. Ayer no había ganas de fiesta y Luciano Huerga se limitó a recordar a los que ya no están, «como es el caso de Santi», señaló.

Huerga, conmovido y casi al borde de las lágrimas, recordó al fallecido como un hombre «esencialmente bueno, trabajador, colaborador, extraordinario; un hombre de bandera», dijo desde el balcón del Ayuntamiento.

Santi, subrayó el alcalde con un tono compungido, «hubiera querido que la fiesta siguiera adelante» y para «honrar su memoria» el alcalde pidió a los benaventanos que sigan con la fiesta.

Luciano Huerga terminó con tres vivas que resonaron tristes como trallazos en la Plaza Mayor del pueblo. «Viva Benavente, vivan las fiestas del Toro Enmaromado, Viva Santi».

El miércoles, cuando se celebre la carrera del toro ensogado por las calles de Benavente, Santiago estará presente en todo el recorrido.

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