PREMIOS CASTILLA Y LEÓN
Álex Grijelmo: «No permitamos la despoblación de las palabras»
El periodista lamenta la pérdida de vocabulario vinculado al medio rural: «Las aldeas se despueblan de sus vecinos y también se quedan vacías de sus palabras»

Juan Vicente Herrera y Alex Grijelmo.-J. M. LOSTAU
Otra de las víctimas de la despoblación, además de las personas que se ven obligadas a marcharse de sus hogares, es la propia lengua castellana. En un intento por mantenerla viva, el periodista Álex Grijlemo, receptor del premio Castilla y León de las Ciencias Sociales y Humanidades, aprovechó su discurso para hacer un llamamiento a la conservación de la exquisitez del lenguaje: «No permitamos también la despoblación de las palabras».
Durante su alegato, pronunciado en el Centro Cultural Miguel Delibes de Valladolid, Grijelmo ensalzó la importancia de conocer de dónde vienen, no solo las palabras, si no también los ciudadanos y la sociedad, de esos pequeños pueblos que cada vez son menos habitados. «Si un urbanita va al campo, verá solamente árboles. Si lo acompaña un lugareño, verá robles, hayas, arces, enebros, cedros, tejos o endrinos», concretó.
«Se irá la gente sin remedio, pero al menos podremos intentar que no se pierda su castellano hermoso; para que perviva en los libros y en nuestra memoria. Palabras dormidas que estarán esperando a que un día alguien las despierte al abrir unas páginas o al relatar un recuerdo», señaló ayer Grijelmo.
«No perdamos la cultura primigenia que anida en el castellano de nuestras tierras», insistió el premiado, que lamentó cómo se «marchita» el medio rural; y con él, términos como hoz, acequia, rastrojo o bieldo. «Las aldeas de Castilla y León se despueblan de sus vecinos, y también se quedan vacías de sus palabras», reivindicó Grijelmo, que se apenó porque «quizá los aquí presentes formemos parte de las últimas generaciones que pronunciarán los vocablos más hermosos de nuestra tierra».
«Olvidamos palabras y olvidaremos también los nombres mismos de las aldeas que van quedando en silencio. Dentro de poco ya no pronunciaremos más sus hermosos nombres: Herramiel, Lozanquillo, Busnela, Ahedillo, Gobantes, Villorbe, Tabanera...», remachó Grijelmo en referencia a los cientos de pueblos que están hoy vacíos y cuyo nombre se conserva solo en los registros históricos y en la mente de los más longevos.
Para el burgalés, el castellano constituye un «gazpacho» que se formó «con muy variados ingredientes sembrados en nuestros trigales y heredades; y que no se extendió tanto con las armas como con la cultura, el comercio y las migraciones», y que ha dado, como fruto, que el castellano integre palabras heredadas de los romanos –fortuna, déficit, homicida, multa–, pero también palabras cuyo origen no se conoce a ciencia cierta: gaznate, chiripa, mequetrefe o cazurro, por ejemplo. «El origen del origen del origen de nuestra lengua continúa ofreciéndonos escondrijos y secretos», comentó el periodista, que ha trabajdo para múltiples medios de comunicación, creó la Fundación del Español Urgente (Fundéu) como presidente de la Agencia Efe y ha escrito decenas de libros relativos al uso del castellano, el estilo y la gramática.
Por primera vez, en representación de los gaalrdonados en estos Premios Castilla y León, hubo dos discursos. Además de Álex Grijelmo, tomó la palabra José Luis Puerto, poeta y premio de las Letras «por su dilatada y brillante trayectoria en el ámbito literario de Castilla y León, plasmada en la promoción de revistas y en una amplia obra poética».
Puerto reconoció a Castilla y León como una de las regiones españolas y europeas «con mayor proyección histórica» a pesar de que ahora mismo está «como ensimismada». La palabra también estuvo muy presente en el discurso del premio de las Letras: «La palabra se serena y se vuelve al tiempo vibrante y hasta metafísica, para nombrar el espacio castellano y su elevación cósmica, como patena ofrecida a los cielos».
Castilla y León, «casa de la palabra», es también «casa del entendimiento», según el poeta, «un entendimiento que hemos de propiciar y favorecer siempre para alcanzar ese ámbito de la fraternidad que nos hace la vida más soportable».
Puerto llamó a la Administración a apoyar y estructurar esquipos de jóvenes «para que recogieran y estudiaran este importante patrimonio etnográfico, en peligro de desaparecer» y pidió a los ciudadanos su construción «para que en nuestra tierra haya vida, presente y futuro para todos: trabajadores, investigadores, docentes, sanitarios, campesinos, profesionales cualificados, emprendedores...». «Y que la historia de Castilla y León no sea solo cosa del pasado, sino que vislumbemos entre todos un horizonte de porvenir».