Diario de Valladolid

«Los sindicatos deben tener un espacio compartido con otras organizaciones sociales»

En su libro ‘La Revolución Tranquila’, analiza las transformaciones del sistema productivo en el último siglo y estudia cómo se producen los cambios en las sociedades actuales / La obra se presenta hoy a las 19.00 horas en la Casa Revilla de Valladolid

Bruno Estrada-EL MUNDO

Bruno Estrada-EL MUNDO

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Alba Camazón

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‘La Revolución Tranquila’ es un repaso a los procesos transformadores de las sociedades en las últimas décadas y el estudio de las revoluciones actuales. Todas, fruto de cambios «paulatinos» y de cambios de valores. El economista y adjunto al secretario general estatal de Comisiones Obreras, Bruno Estrada, presenta hoy esta ‘Revolución Tranquila’ a las 19.00 horas en la Casa Revilla de Valladolid. El evento ‘Conversación de Bruno Estrada con José Luis Fernández del Corral, redactor jefe de El Mundo de Castilla y León’, está organizado por la Fundación Jesús Pereda de CCOO y será presentado por Carlos Castedo, profesor de FP y secretario regional de Estudios de CCOO.

Pregunta.-¿Cómo es la revolución tranquila?

Respuesta.-Plantear que los cambios estructurales son paulatinos y el cambio de valores se produce de forma gradual. Las transiciones no son abruptas. En las revoluciones tranquilas los cambios son más paulatinos, pero de calado, que modifican las sociedades.

P.-¿En qué se desmarca este modelo de los clásicos en los que se ha implicado la izquierda?

R.-Propongo una dicotomía entre lo público y lo privado, un capital intermedio. La gente toma decisiones en beneficios del conjunto de las empresas.

P.-Usted habla de recuperar la hegemonía cultural al neoliberalismo y a la derecha. ¿Cuándo y por qué perdió la izquierda el monopolio de la libertad y lo ganó la derecha?

R.-En la Europa de la posguerra. A finales de los 70, la derecha va minando espacio y eliminando procesos democráticos en las empresas.

P.-¿Es posible esa confluencia de hegemonías entre el mundo del trabajo, el feminismo, la ecología y la democratización de las decisiones en un momento en el que la derecha está ganando la calle a la izquierda?

R.-Es la única posibilidad que tiene la izquierda. Parte de la izquierda sostiene que el único elemento relevante es el trabajo y las condiciones laborales. Pero la Encuesta de Valores del Instituto de Estocolmo revela que donde hay más presencia sindical y el trabajo es más digno, este deja de ser tan importante. Lo que determina su posición política son otros temas como la igualdad, el Medio Ambiente... En esos espacios, la izquierda tiene que equilibrar su discurso.

P.-¿Está en condiciones el mundo sindical de liderar esa confluencia, o el descrédito de los sindicatos y su escaso peso dificultan la coordinación?

R.-No creo que los sindicatos tengan escaso peso, son las organizaciones sociales más importantes del país. CCOO tiene un millón de afiliados, por ejemplo. Tampoco creo que exista un descrédito, aunque desde algunos medios de comunicación exista una campaña de descrédito De todas formas, los sindicatos no deben llevar el liderazgo, sino una confluencia. Los sindicatos no pueden representarlo todo, sino que deben tener un espacio compartido con otras organizaciones sociales. En el 8 de marzo (día de la mujer) se intenta que haya confluencia, porque las reivindicaciones en favor de la igualdad tienen que ver con el trabajo, pero también con la sociedad, sin que vayan unas por encima de otras.

P.-Usted diferencia las sociedades de la necesidad, donde la pobreza es importante, de las sociedades de la abundancia con fuerte desigualdad. ¿En qué punto está España?

R.-Es una sociedad de la abundancia con enormes desigualdades y con nudos de espacios de desigualdad muy grandes. El sistema español se parece más al anglosajón que al continental por la menor presencia sindical, en este caso, derivado de la historia española y al franquismo. Los sindicatos en Suecia tienen un siglo, mientras que los españoles tienen cuarenta años.

P.-¿Cómo aborda un país y unas regiones con enormes desequilibrios donde hay zonas o barrios de extrema necesidad y otros de superabundancia?

R.-La gente es pobre porque tiene salarios de miseria, precarios... Con la redistribución del Estado, que se encarga de la Educación, Sanidad y Vivienda, permites que no se gasten dinero en cosas básicas pero muy caras.

P.-¿Por qué no es capaz la izquierda de recuperar la hegemonía perdida tras una crisis brutas como la de 2007 donde los latifundistas del capital como usted los llama son los responsables claros de la recesión y del aumento de la pobreza?

R.-Ha habido momentos en que parecía que la recuperaba [la hegemonía]. En Estados Unidos hubo una hegemonía de las ideas progresistas con las medidas fiscales keynesianas clásicas implantadas por Obama, y ahora gobierna Trump. En la Unión Europea, se han implantado políticas de austeridad, que han recibido una crítica generalizada. Pero de gran parte de la izquierda hay una voluntad transformadora muy grande, con demócratas que se hacen llamar ‘demócratas socialistas’ que plantean el incremento de la presión fiscal para rentas más altas, algo que antes no se planteaba.

P.-¿Cuenta el mundo sindical y la izquierda hoy con el apoyo suficiente para que la democracia entre en las empresas?

R.-En la Unión Europea hay un sistema de participación de los trabajadores. En España no lo hay, pero el artículo 129 de la Constitución plantea la participación en la empresa. Haría falta una ley.

P.-¿Por qué la izquierda despreció la libertad en los llamados países socialistas en favor de la igualdad y no logró ni una cosa ni otra?

R.-Es un error contraponer una cosa [la libertad] a la otra [la igualdad]. Los estados socialistas vieron prioritaria la igualdad social material para luego iniciar una apertura hacia la libertad. La gente no decidía libremente y no se sentía involucrada. El crecimiento económico era mucho menor que en otros países. La igualdad y la libertad no son antitéticos, sino que cuanta más igualdad haya, más libertad.

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