Blázquez pide «erradicar» pero no investiga el encubrimiento de los abusos

Admite «formas de actuar» erróneas en los casos de abusos, pero apunta que «la pederastia no es problema sólo de la Iglesia» / El Obispado de Astorga no investigará a los encubridores de Ramos Gordón

RicardoBlázquez durante un acto en la Conferencia Episcopal.-BERNARDO DÍAZ

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Guillermo Sanz

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Con el escándalo de Ramos Gordón (el primer caso de pederastia enCastilla yLeón reconocido por la Iglesia) aún latente, el arzobispo de Valladolid y presidente de laConferencia Episcopal, RicardoBlázquez ha querido seguir la línea marcada por el Papa Francisco primero en su carta al Pueblo de Dios. Lo ha hecho en la carta pastoral publicada en la revista de la Diócesis, en la que ha reflexionado sobre la pederastia, dentro y fuera de los muros de la Iglesia.

Blázquez reconoce que «ha habido pecados por parte de sacerdotes». El arzobispo de Valladolid habla en su epístola de «abusos sexuales, autoridad prepotente y poder abusivo sobre las conciencias», al tiempo que entona el mea culpa de la Iglesia, donde se han dado casos en los que presbíteros y obispos han procedido «de manera equivocada» y en los que ha habido «limitaciones para percibir la gravedad de los hechos y sus dimensiones». Una manera de actuar errónea y censurable que incluye prácticas «como el encubrimiento, la falsa idea de que el problema se solucionaría cambiando al sacerdote de lugar o asegurándose el «silencio con dinero».

«Es necesario erradicar estos males», denuncia en su carta pastoral el prelado, que recuerda las palabras de Jesús en la Biblia:Dejad que los niños se acerquen a mí; no se lo impidáis, pues de los que son como ellos es el reino de Dios (Mateo 10, 14), al tiempo que recuerda cómo el Mesías amenazó «con terribles castigos a quien escandalice a uno de los pequeños», un mensaje que hace pensar en severas sanciones a los autores de abusos a menores. Ramos Gordón fue castigado con un año por retiro por los casos probados de abusos a al menos cuatro menores en el Seminario Menor de La Bañeza a finales de los 80 y de diez años apartado del oficio (a un religioso que pidió su retirada en 2016, cuando saltó el escándalo) por el caso denunciado por un antiguo alumno del colegio Juan XXIII de Puebla de Sanabria.

Esta investigación recuperada de la prescripción canónica por el Vaticano no ha tocado el palo de los encubridores, personas con nombres y apellidos que sabían de los abusos pero callaron en lugar de denunciar. Por el momento, ni el obispado de Astorga (con el que este diario ha intentado hablar sin éxito) ni Blázquez (que no atiende a los medios de comunicación fuera de ruedas de prensa) han aclarado si se abrirá una investigación contra los encubridores del caso Ramos Gordón. La última noticia que se tuvo desde la diócesis de Astorga fue la promesa del obispo JuanAntonio Menénez en la reunión mantenida con los exseminaristas de La Bañeza en marzo de 2017, de que no perseguiría a los encubridores.

Todo esto ocurre pese a la promesa delrenovado Vaticano de Francisco I (que ordenó a Menéndez reabrir el caso de los abusos en el Seminario Menor de La Bañeza) de perseguir con mano dura a aquellos que conociendo esta realidad optaron por el silencio, haciéndose partícipe de ella.

Los casos de pederastia se han convertido en un ciclón que ha castigado la consolidada estructura de la Iglesia Católica con escándalos como los de Chile, Irlanda, Australia oEstados Unidos. España no se escapa de esta triste realidad. Muchos menos casos denunciados que en otros países, pero los episodios de abusos a menores despiertan del olvido para intentar poner justicia a casos como el de José ManuelRamos Gordón, apartado de su labor eclesiástica después de demostrarse que abusó de menores en el colegioJuan XXIII y en el SeminarioMenor de La Bañeza.

A pesar de reconocer abiertamente la evidencia de que han existido episodios de pederastia dentro del clero, el presidente de la Conferencia Episcopal subraya que los casos de pederastia no son exclusivos de la Iglesia. La avalancha de informaciones que han emanado desde diferentes lugares del mundo de manera casi simultánea en la que se ha dado luz a «hechos acontecidos hace 30, 40 y hasta 60 años» -como remarca Blázquez- ha podido generar «la impresión de que la pederastia es exclusiva de sacerdotes, y de que los curas católicos son pederastas»; una insinuación que el prelado considera «falsa e injusta».

Blázquez apela a los números para justificar su tesis de que la pederastia no es exclusiva del estamento religioso. «Según los datos estadísticos, el 80% de los casos tienen lugar en las familias, el 3% en la Iglesia y el resto (17%) en deporte y educación», explica en su carta pastoral, en la que aplaude el criterio de la canciller alemana Angela Merkel en su actuación tras los casos destapados en el país germano. Merkel concluyó, como cita el arzobispo de Valladolid, que «El problema no es sólo de la Iglesia católica y protestante, sino de la sociedad»; una línea que Blázquez hace suya, remarcando que «los seguidores delEvangelio están particularmente obligados a seguir las enseñanzas de Jesús», pero rogando «no cerrar otras vías para situar la amplitud de la pederastia en sus reales dimensiones y proporciones».

El prelado asegura que los papas llevan tiempo combatiendo la pederastia «en medio de dificultades interiores y exteriores»; admite la obligación de la Iglesia de «reconocer humildemente los pecados y los desaciertos y pedir perdón alas víctimas» y muestra su confianza en que la Iglesia sea «purificada de esta suciedad personal, eclesial y social». Sin embargo, Blázquez entiende que la solución está intramuros. «A veces se han sugerido desde el exterior medidas para superar la pederastia que cuestionan otros valores cristianos. Sin dejar de escuchar todas las voces pertinentes, debemos reafirmar que enJesucristo y su Evangelio, se halla la reforma genuinamente cristiana de todas estas deformaciones».

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El presidente de la Conferencia Episcopal también pide a través de sus palabras que no salga de escena la presunción de inocencia. Para ello pone de ejemplo el Caso Romanones en el que la Audiencia Provincial de Granada absolvió (por falta de convicción en el testimonio de uno de los testigos) a padreRomán, acusado de abusar de menores. «¿Dónde están los que, sin conceder el mínimo resquicio a la presunción de inocencia, vapulearon un día sí y otro también al grupo de sacerdotes de Granada y, en cambio, cuando ha habido una sentencia firme absolutoria no se han hecho eco de cómo la acusación era calumniosa y cómo los sacerdotes eran declarados inocentes?», concluye Blázquez.