El Centro del Cáncer ayuda a identificar genes alterados en linfomas
El hallazgo en el que ha participado Xosé Bustelo establece «una posible diana» para desarrollar fármacos más efectivos a largo plazo

El investigador Xosé Bustelo, del Centro del Cáncer de Salamanca.-ENRIQUE CARRASCAL
El investigador Xosé Bustelo, del Centro de Investigación del Cáncer de Salamanca, formó parte de un grupo de investigación integrado por expertos de varios centros, que logró identificar varios genes que «están alterados frecuentemente en los linfomas de células T periféricos, de origen poco claro». El equipo de expertos explicó su trabajo en un artículo científico publicado en la Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States, la revista oficial de la Academia de Ciencias de Estados Unidos.
Estos hallazgos «establecen una posible diana para el desarrollo de tratamientos farmacológicos más efectivos contra esta enfermedad a largo plazo», como indicaron.
El trabajo, publicado en la revista científica PNAS, fue desarrollado por los investigadores españoles Xosé Bustelo, del Centro de Investigación del Cáncer de Salamanca, y los hematólogos Elías Campo, del Instituto de Investigaciones Biomédicas Pi i Sunyer de Barcelona y Miguel A. Piris, del Instituto de Investigación Sanitaria de Valdecilla de Santander, informa Ical.
Además, fue coordinado por los investigadores Teresa Palomero y Adolfo Ferrando, del Institute for Cancer Genetics de la Universidad de Columbia en Nueva York.
Los linfocitos T son las células de la sangre que se encargan de detectar y destruir a las células malignas se forman ocasionalmente en órganos y tejidos, y también a las que fueron infectadas por patógenos. Asimismo son los encargados de regular la actividad de las células del sistema inmune que intervienen en la destrucción de los agentes externos que invaden de manera habitual nuestro organismo.
Pero los linfocitos T pueden «sufrir alteraciones genéticas que los transforman en células malignas capaces de provocar tumores». Cuando esto ocurre, uno de los cánceres que surge con más frecuencia es el llamado linfoma de células T periféricas, un tipo de tumor muy maligno y agresivo y con una alta incidencia.
En la práctica clínica, estos tumores presentan muy mal pronóstico ya que suelen ser muy resistentes a la quimioterapia y, aunque respondan a la terapia, suelen reproducirse. Por todo ello, las tasas de supervivencia de estos tumores rondan sólo el 30 por ciento, indicaron.
A corto plazo, este hallazgo, «contribuirá a una mejor estratificación» de los tumores pero, a largo plazo, ayudará a desarrollar nuevos fármacos para las terapias porque aunque «todavía tenemos que demostrar que la inactivación de la molécula maligna da lugar a la muerte de las células tumorales», como explicó Bustelo.
En todo caso, uno de los problemas con los que los investigadores se enfrentarán en el futuro es que estos tumores son muy heterogéneos en cuanto al número de alteraciones genéticas que presentan, lo que sugiere que «dependiendo del tipo de mutaciones que alberguen, habrá pacientes que exhibirán comportamientos clínicos diferentes tanto en su evolución clínica como en la respuesta a tratamientos», señaló Javier Robles, del grupo de investigación de Bustelo.
Esta complejidad implica que el estudio ha de extenderse a un número muy grande de pacientes con el fin de poder asignar a cada firma molecular un comportamiento clínico específico. «Este trabajo es un buen ejemplo de cómo investigadores básicos y clínicos pueden trabajar en común para abordar de forma efectiva un problema biomédico», concluyó Bustelo.