VIOLENCIA MACHISTA

Un infierno de 458 días

La víctima del secuestro y agresión en Bembibre relata cómo vive con «pavor» desde aquel primer empujón por interrumpirlo mientras jugaba a un videojuego / Le dio con tanta fuerza que la barra de la cortina le cayó en la cabeza / Fue su primera visita al hospital

Acoso por Badoo. El agresor enviaba fotografías a la víctima por la red social junto con amenazas.-EL MUNDO

Publicado por
Alicia Calvo
Valladolid

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Sólo llevaban 19 días conviviendo juntos. Ella le habló mientras él jugaba en su móvil a un juego de caza (DH14). Iván se despistó, se le escapó la presa y perdió la partida. La empujó «con tanta fuerza» que la barra de las cortinas cayó sobre su cabeza. Fue el primer nivel de un infierno de 458 días para la joven V. G. G., que el lunes fue secuestrada y agredida en Bembibre. Por este suceso, acusado de intentar sellar su vagina con líquido abrasivo y del rapto, su ex novio, Iván Rico, ingresó ayer en la prisión de Mansilla de las Mulas.

El 19 de julio de 2015, V. G. G. recibió el primer golpe y el primer parte médico. Terminó en Urgencias. Pero también recibió en su móvil el primero de una lista inagotable de mensajes amenazadores: «Cuidado con hablar o mira dónde acabas», escribió su agresor junto a una foto de ella sobre una camilla del hospital.

Después de ese día, V. G. G. no volvió a ver al «amoroso, cariñoso y siempre pendiente» Iván. «Se torció todo», relata la joven de 36 años y madre de un hijo de once, que hasta ese día veía en su pareja al novio ideal. «Era atento, agradable, estábamos a gusto, pero fue vivir juntos y se convirtió en otra persona», cuenta sobre una época de paz que nada tiene que ver con «el constante terror de ahora»: «Cuando está libre me da pavor salir a la calle».

UN TIPO «SIMPÁTICO» Y«PERFECTO». La víctima conoció hace dos años a través de Facebook al hombre que más tarde denunció hasta en nueve ocasiones por malos tratos. Él contactó con ella, vivían cerca, uno en Bembibre y otro en Fabero.

A través de su perfil en la red social, V. G. G. sacó la conclusión de que era «simpático». Ahora Facebook solo es para ella un medio para recibir dolorosos golpes en su ánimo. «Una tortura».

Primero se escribían por distintas aplicaciones, como Badoo, y luego decidieron quedar.

En enero de 2015 comenzaron a salir juntos y V.G.G. le presentó a su hijo de once años. «Con él siempre se ha portado bien o, al menos, normal», expone quien ahora teme tanto por su vida como por la de su pequeño. «Me preocupa él, sobre todo él. Si a mí me pasa algo se quedaría sin madre, y también que le pueda hacer algo», relata tragando lágrimas.

Respira y vuelve sus recuerdos al día que llegó a su casa, a ese momento en el que todavía creía que «era perfecto».

Le invitó a vivir con ella en su domicilio de Fabero, ese piso bajo del que el martes la sacaron a la fuerza. «Estábamos contentos, parecía que íbamos a empezar una vida en común buena. No imaginaba que sería tan horrible», confiesa la joven.

FANÁTICO DE SUPER HÉROES PEGADO AL MÓVIL . Él único sueldo que entraba en casa era el de ella; últimamente lo ganaba limpiando, ahora está en paro.

Relata V. G. G. que Iván no trabajaba «por tener reconocida una minusvalía», provocada por una severa pérdida de visión. «Pero ve, ve todo. Lo que le interesa lo ve», enfatiza la joven. «A mí me tienvigilada», añade.

Todas las películas y las series de superhéroes pasaban por sus manos. «Es un fanático de todo lo de Marvel, así que me tocaba tragarme esas películas. Los dos juntitos, pegaditos a la pantalla del ordenador para que él la viera bien», señala, y apunta que no suelta el teléfono móvil. «Está todo el día con él».

Pero cuando ella quería ver algún título por su cuenta y acceder al ordenador a él no le parecía correcto. «Le pedí la contraseña para ver una peli y me lanzó unos cascos a la pierna, me hizo unos moratones. Yo le mantenía, pero hacía como que todo fuera suyo». Ella también.

EMPEZÓ A PONERLE LA ZANCADILLA POR LA CALLE . Tras el primer empujón, hubo zancadillas. Al principio, sobre todo zancadillas. Iban caminando por la calle y, si horas antes le había cabreado, le ponía el pie delante para que se tropezara. «Creía que era una torpe y que me caía, pero al ver que pasaba tantas veces, una ya no es tonta».

Después, pasó a los golpes, que en muchas ocasiones pillaban desprevenida a la agredida. «Pocas veces reaccionaba en el momento. Se iba, pensaba qué hacer conmigo y de repente me pegaba, sin más».

PELLIZCOS QUE LE ARRANCABAN LA PIEL . Los motivos eran tan variados como impensables para V. G. G. «Me ha pegado por decirle ‘ no te queda bien esa camiseta’, por despertarlo media hora más tarde, por llamarle la atención por insultar a una señora mayor, por decirle que seque el borde de la bañera... por lo que se le ocurría», enumera V. G. G. dejando otros «absurdos motivos» en el camino.

Asegura que cuando ella comentaba algo que le contrariara, Iván le daba, «de sopetón», un codazo en el pecho o pellizcos que le «arrancaban la piel».

También le propinaba empujones y le gritaba por la calle. «Le daba igual estar en un autobús público o que hubiera gente paseando y nos viera. Sólo quería demostrarme que yo lo había hecho mal», explica la joven.

LA GRABABA MIENTRAS ELLA LE PEDÍA PERDÓN . La joven tardó en darse cuenta de quién era el culpable de los dos. «Encima, después de todo lo que me hacía, terminaba pidiéndole perdón yo». Esas disculpas él las utilizaba para coaccionarla más aún: «Me grababa con el móvil mientras le decía que lo sentía y me soltaba ‘ahora ve a denunciarme, te tengo grabada y no te van a creer’».

«SEIS HORAS A RASTRAS POR EL PINAR» . Hubo un día en el que sintió que «no tenía más opción» y puso la primera denuncia por malos tratos contra su entonces novio.

Fue el 18 de octubre de 2015. Según explica V. G. G., Iván vio que ella hablaba con el hermano de él. «Aunque ahora lo defienda, me decía que no tenía que aguantar que me pegase, que era un maltratador», sostiene la víctima, que horas más tarde le dijo a su pareja: «¿Ya estás mejor?».

Afirma que se topó con una respuesta muy directa. Era una orden: «¡Tira!». «Me llevó seis horas a rastras, lloraba y le pedía que me dejara volver, pero me agarraba y no me soltaba. Llovía y le rogaba que me tapara, pero, ni caso. Pensé que me iba a dejar en el pinar».

El parte de lesiones de aquella jornada refleja «contusiones en el muslo (patada), arañazos en el antebrazo y moratones», además de un cuadro clínico correspondiente a una crisis de ansiedad en la mujer.

LO DENUNCIÓ POR UN ULTIMATUM DE SU EX MARIDO . Pese a que el episodio en el que la obligó a caminar bajo la lluvia y agarrada seis kilómetros precipitó que acudiera a la Guardia Civil, la razón, que ella misma reconoce, de que lo hiciera hay que buscarla en su ex marido y padre de su hijo.

Consciente de la situación de maltrato que vivía V. G. G., le insistió en que pidiera ayuda. «O denuncias o me llevo a nuestro hijo para que no te mate delante de él», este es el ultimátum que V. G. G. recuerda que su ex marido le dio, después de semanas presionándole para que abandonara al causante de sus moratones.

Ella no lo tenía nada claro. «Yo no quería denunciarlo, no me atrevía, me daba mucho miedo, pero era mucha presión. No sabía qué hacer. Tenía que elegir y mi hijo es lo más importante», reconoce.

NO HUYE POR LA ENFERMEDAD DEL PADRE DEL NIÑO . Aunque le gustaría poder marcharse del pueblo, la enfermedad de su ex marido la retiene. «Cómo voy a marcharme con mi hijo si mi ex marido tiene cáncer con metástasis. Cómo voy a hacer algo tan cruel», reflexiona en voz alta V. G. G., que se siente encerrada en su casa y en su pueblo, aunque no esta sola. Su madre y su hermano viven en su misma calle. «Su libertad es mi encarcelamiento. Recibo emails diciéndome burradas, mensajes en las redes sociales, de todo, pero es muy hábil y borra su rastro en internet», lamenta.

Esta mujer que obtuvo los títulos de técnico administrativo y auxiliar de geriatría, no piensa ahora en qué le deparará el futuro en Fabero. Sólo piensa a corto plazo: «En que mañana siga viva».

«TE PIDO UNA OPORTUNIDAD» . Desde la primera denuncia, V. G. G. asegura que no cesa de sufrir «un hostigamiento continuo», por quebrantamientos de la orden de alejamiento, la mayoría a través de internet. Además de advertirle de que no debe «abrir la boca», le dice cosas con las que espera convencerla de que retire las denuncias, como las que ella conserva en un correo electrónico: «Sé que no puedo escribirte pero no dejo de pensar en ti y sé que no eres mala para denunciarme», pero a ella ya no cae.

«Me dice que está hundido, que sabe que se portó fatal y en el mismo email primero dice ‘cuando me enfado, no me gusta que me hablen. Si me das otra oportunidad no vamos a juicio».

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Sin embargo, es V. G. G. la que quiere la oportunidad de seguir adelante sin él. «No le deseo ningún mal, sólo que me deje vivir y en paz».