VIOLENCIA MACHISTA: LAVÍCTIMA VIVEATEMORIZADA: «ME PLANTEO QUITAR LAS DENUNCIAS PARA QUE SÓLO ME MATE A MÍ Y NO A MI HIJO»
«Me va a matar; si no es hoy, será otro día; pero lo va a cumplir»
La joven secuestrada asegura que su ex pareja envió a dos amigos, sobre los que no hay ninguna pista, a raptarla a su casa para evitar que saltara el localizador / «Al denunciarle firmé mi sentencia de muerte»

LA RECONSTRUCCIÓN. La víctima del secuestro y agresión reconstruyó ayer con su abogada las diferentes fases de su captura.-J. M. LOSTAU
Cree que no tiene escapatoria, como mucho una prórroga si el juez decreta hoy el ingreso en prisión de su ex novio. «Me va a matar, sé que va a cumplir su amenaza, si no es hoy, será otro día», asegura convencida la joven V. G. G.
Mientras esta mujer de 36 años relataba a las puertas del juzgado de Ponferrada «el calvario» vivido después de que presuntamente su ex pareja la secuestrara y le agrediera, golpeándole e intentando sellar su vagina con pegamento, su bolso empezó a pitar. V. G. G. sacó un dispositivo móvil en el que ponía: «El agresor esta cerca», para advertirle de que la pulsera telemática de Iván Rico se aproximaba a ella.
Los presentes miraban a los lados con cierto susto, aunque nimio en comparación con el «terror» que ella relató vivir cada día.
El avisador se activó ayer cuando el arrestado por detención ilegal y amenazas llegaba a dependencias judiciales para declarar. El mismo dispositivo que el lunes por la noche no le sirvió cuando un hombre la sacó de su casa en Fabero a rastras, cuando se disponía a sacar al perro, «sin tiempo para coger ni móvil, ni dispositivo, ni zapatos, ni nada», y le amenazó con «matar» a su hijo, que dormía en el interior, «si gritaba».
V. G. G. detalló las vejaciones sufridas en lo que ella considera que es el trastero-bodega del que fue su novio, en Bembibre. Declaró como denunciante ante el juez Ignacio Santiago Condal Jarrín, que el lunes dejó en libertad a Iván Rico, en contra de la petición de la Fiscalía y de la abogada de la joven, la letrada Emilia Esteban.
«Me ató, me bajó los pantalones, me echó algo muy caliente ahí –en la zona del pubis–, me puso pegamento y me arrancó parte de la camiseta», declaró minutos antes de que el titular de Instrucción número 5 tuviera que suspender 15 minutos la vista para hacer un receso, porque la víctima no podía dejar de llorar ni continuar con el relato. «Es humillante. No quiero recordar cada punto y coma», apuntó fuera de la sala de vistas.
V.G.G. trato de explicar, como pudo y entre sollozos, que no soportó las preguntas de la fiscal sobre por qué no gritó y si se había ido voluntariamente con sus agresores. «No me defendí porque temía por mi hijo, estaba en casa e Iván tiene llaves y me amenazó con hacerle daño».
Tanto teme por su hijo, de 11 años, que reconoció que se plantea ceder a las exigencias de su ex y retirar todas las denuncias que pesan sobre él. «Pienso en quitarlas para que me mate solo a mí y deje a mi hijo», repitió en varias ocasiones durante la mañana en la que permaneció en los juzgados, primero para el examen forense y luego para prestar declaración. También exigió la atención del juez: «Le pido protección para mi hijo y para mí, va a venir a por nosotros», clamó.
V. G. G. indicó que Iván Rico, que salió de prisión el viernes, fue detenido por amenazas el sábado y supuestamente la secuestró el lunes, le había advertido de que no lo abandonara. «Hace un año me dijo ‘si me dejas y me denuncias te mato’ y yo hice las dos cosas», comentó contrariada por sus dudas sobre la conveniencia de haber iniciado el proceso judicial.
De lo que estaba convencida es de que fue el detonante: «Cuando denuncié, firmé mi sentencia de muerte».
La víctima expuso una explicación sobre por qué no saltó la alarma de la pulsera de su supuesto maltratador, que se hubiera activado si se llega a acercar a la casa de V. G. G. en Fabero.
Ella aseguró que no fue Iván quien se presentó en su domicilio, insistió en que está convencida de que él «no salió de Bembibre en ningún momento», condicionado por la pulsera de localización, y que «en un plan muy pensado, mandó que fueran a buscarla dos hombres», uno bajo, que, alrededor de la media noche, la agarró, le vendó los ojos y la obligó a abandonar su domicilio, y otro más alto, que conducía y no habló en ningún momento.
Contó que ambos la trasladaron a Bembibre y que fue allí donde escuchó la voz de Iván: «Ves, mi reina, como la pulsera no te va a salvar; ni a ti ni a tu hijo».
Esa no fue la única vez que se dirigió a ella en los aproximadamente 20 o 30 minutos que cree recordar que permaneció maniatada allí abajo. Nada mas bajarle los pantalones, escuchó: «Anda, mira, las bragas que elegí para ti».
Ya no oyó más hasta que alguien, una cuarta persona, que V. G. G. sospecha que pudo ser un familiar, abrió la puerta y, supuestamente, Iván le espetó: «Tú, arriba».
Hubo despedida. La joven cuenta que tampoco él la llevó de vuelta. Eso sí, dio indicaciones: «¡Pa las vías!». No le hicieron caso y los dos cómplices la dejaron abandonada junto a una casa en ruinas, en el barrio de la Estación, de Fabero. «En ese momento me entró el pánico. Me oriné encima. No he aparecido muerta en las vías porque sus dos compinches no se atrevieron a dejarme allí», señaló.
Después de horas «helada, llorando, descalza y perdida», deambulando por la zona, oscura y llena de charcos, dio con una farmacia de guardia. «Al ver la luz encendida, fue como ver la luz de verdad. Como encontrarse con un oasis en medio del desierto, pero de verdad, un alivio tremendo», relató la joven, que físicamente se encuentra «dolorida por los golpes en la espalda y las quemaduras entre las piernas».
Esas lesiones le incomodaron mientras permanecía sentada, dentro del juzgado y en las escaleras de fuera, cuando fumaba para relajarse. «Espero que se me cure».
En la vista ante el juez, ratificó lo denunciado a la Guardia Civil: que sólo pudo observar el calzado de sus agresores y que reconoció «sin lugar a dudas» a su ex. «Sólo veía pies y, al quitarme Iván los pantalones, vi unos guantes».
Indicó que su ex pareja llevaba unas playeras Adidas negras con una raya roja, que ella no había visto antes, idénticas a las que, en la sala de vistas, él reconoció poseer. «Que me hubieran vendado mejor», comentó V. G. G.