Cuentas 2025-2026
Acor sortea la crisis del azúcar y vuelve a beneficios gracias al negocio verde
Pierde 22 millones en actividad remolachera, pero compensa el golpe con 19 millones de la venta de ahorros energéticos a Repsol
Los socios cobrarán 55 euros por tonelada de remolacha, "posiblemente los mejor pagados de Europa"

El director general de Acor, José Luis Domínguez, y el presidente de Acor, Jesús Posadas, en la presentación de los resultados económicos del ejercicio 2025-26.
Transformar la exigencia ambiental en una palanca financiera ha permitido a Acor sortear el hundimiento del mercado del azúcar y cerrar en positivo el ejercicio 2025-2026. Pese a dejarse 22 millones de euros en la actividad azucarera por el retroceso acumulado de las cotizaciones en la Unión Europea, la cooperativa ingresó 19 millones de euros mediante la comercialización de certificados de ahorro energético (los llamados CAEs) a Repsol y sumó cerca de dos millones de euros adicionales procedentes de sus empresas participadas (Agropro, Iberlíquidos y ATISA). Esta doble operación eleva el beneficio neto final a 645.000 euros y triplica el EBITDA del grupo hasta los 6,7 millones de euros. «Lo que para muchas empresas es un incordio, en Acor se ha convertido en un negocio», expuso ayer su presidente, Jesús Posadas, en una rueda de prensa para dar a conocer sus las cuentas que llevará en diciembre a la asamblea anual.
Para entender lo sucedido en las cuentas de la cooperativa durante este ejercicio, cerrado a 30 de junio, hay que mirar a los mercados internacionales. El precio del azúcar en Europa ha sufrido un despeñamiento continuado que roza el 40% en solo dos año, una caída libre que golpeó a la línea de flotación de la azucarera de Olmedo, generando un agujero operativo de 22 millones de euros achacable en exclusiva a esas bajas cotizaciones del producto.
Sin embargo, y a diferencia de la mayoría de plantas molturadoras del continente, el balance global de Acor no termina en números rojos. La cifra de negocio global alcanzó los 363 millones de euros y el EBITDA, el indicador que mide la rentabilidad puramente operativa, se triplicó pasando de 2,2 a 6,7 millones de euros. La respuesta a este ‘milagro’ financiero radica en que la cooperativa ya no depende únicamente del saco de azúcar, sino de la gestión de su energía y sus empresas filiales.
La gran duda que sobrevuela al sector es cuándo comenzarán a remontar las cotizaciones. La dirección de Acor se muestra convencida de que el cambio de tendencia llegará, impulsado por una suma de factores climáticos y productivos globales, como los estragos del fenómeno meteorológico Super El Niño y el bajo rendimiento acumulado en las principales zonas de producción europeas. Sin embargo, los responsables de la cooperativa hacen un llamamiento al pragmatismo sobre los plazos. El principal obstáculo que posterga la recuperación inmediata de los precios es el gran volumen de existencias que aún permanecen almacenadas en Europa a la espera de ser consumidas. «Todos sabemos que el azúcar va a subir, lo que no sabemos es cuándo, porque queda mucho azúcar aún en las existencias en Europa por consumir», indicó Posadas. «¿Cuándo? Cuanto antes mejor», se respondió el presidente de Acor.
El futuro es incierto pero, de momento, lo que ha salvado el ejercicio son esos certificados energéticos. Antiguamente, la azucarera consumía grandes cantidades de gas natural para secar la pulpa húmeda que queda tras extraer el azúcar de la remolacha, pero Acor decidió cambiar ese proceso industrial y aprovechar el sol y el viento para secar la pulpa en explanadas al aire libre.
Al dejar de quemar gas, la planta logró certificar un gran volumen de ahorro de energía. Y esos títulos de ahorro son codiciados por las grandes petroleras y energéticas, obligadas por ley a reducir su huella ambiental o pagar sanciones. La cooperativa vendió estos derechos de eficiencia a Repsol, inyectando de golpe 19 millones de euros limpios en su cuenta de resultados.
«En su momento dijimos que la sostenibilidad solo podría llamarse como tal si llegaba a ser rentable; debemos decir en este momento lo es. A los hechos nos remitimos», subrayó José Luis Domínguez, director general de la cooperativa.
Puesto que los certificados «se generan y se venden una sola vez», la cooperativa ya trabaja en certificar el ahorro de nuevas inversiones eficientes de cara a los próximos años» para garantizar esa vía de ingresos. Aunque la dirección reconoció que «será difícil seguir generando CAEs de esa cuantía».
El otro pilar que amortiguó la caída del azúcar fue el comportamiento de las empresas participadas por la entidad. Son las sociedades filiales Agropro (dedicada a aceites y harinas), Iberlíquidos (centrada en melazas y alimentación animal)y la comercializadora Atisa. Juntas aportaron cerca de dos millones de euros entre beneficios directos y reparto de dividendos.
Más allá de la ingeniería financiera, la prioridad para el agricultor es el rendimiento que acaba en su bolsillo. A pesar de perder 22 millones en la transformación azucarera, el Consejo Rector resolvió garantizar la rentabilidad de sus agricultores e ingresarles 55 euros por tonelada tipo de remolacha. Es menos que lo pagado en años anteriores (75 y 61 euros), pero una cantidad destacable dado el contexto, argumentó Jesús Posadas. «No puedo afirmar que sea la remolacha mejor pagada de Europa porque no todo el mundo es tan transparente al dar estos datos, pero seguramente el agricultor de Acor es el remolachero de Europa que más ingresos recibe por su remolacha», remarcó el presidente para subrayar ese esfuerzo colectivo para amortiguar la volatilidad del mercado global.
A este elevado precio de liquidación se sumó una notable recuperación agraria. La fábrica de Olmedo molturó 913.319 toneladas de remolacha y, aunque la superficie contratada cayó un 18%, la producción real de azúcar solo se redujo un 7,4%. La clave estuvo en el salto de calidad de la raíz: la polarización subió de 16,1 a 17,02 grados y el rendimiento medio alcanzó las 97 toneladas por hectárea tipo (+12 t/ha), aportando unas 1,3 toneladas más de azúcar por parcela.
En oleaginosas, con entregas de 26.660 toneladas de colza y 10.483 de girasol, las liquidaciones cerraron con alzas del 16% para el girasol alto oleico (595 €/t) y del 5,3% para el clásico (496 €/t), mientras la colza se fijó en 442 €/t (-2,8%).
En el plano industrial, Olmedo optimizó sus costes fijos consolidando el sistema de ‘correfino’ –refinado simultáneo de remolacha y caña– y poniendo en marcha la caldera de biomasa en la planta de aceites, eliminando por completo el uso de gas en un proceso que opera todo el año.
La cooperativa, a punto de cumplir 65 años, tiene muchos socios próximos a la jubilación. Con 3.057 en activo, también registra un rejuvenecimiento tras recibir 53 altas de jóvenes y mujeres, aumentando además la superficie media por explotación. Las cuentas del ejercicio se explicarán en las juntas preparatorias de noviembre antes de llevarse a la Asamblea General de delegados en diciembre en Olmedo.