RED RURAL INTEGRADA
Compañeros de piso capacitados
La vivienda tutelada de Villalón favorece la ‘independencia’ y autonomía de ocho personas con discapacidad intelectual en un hogar abierto a la normalización para romper estereotipos sociales

Marimar, Eusebio, Paco, Quirino, Pili, Quico y Miguel Ángel, en la vivienda tutelada de Villalón.-PABLO REQUEJO
Las petunias que engalanan el camino de acceso a la casa y los geranios que cuelgan en las macetas de la barandilla los han cultivado los propios inquilinos en el invernadero que gestionan al otro lado de la carretera. También de cuidar el jardín de la entrada se encargan ellos mismos. Y de pintar los cuadros y tejas que decoran las paredes de los pasillos, de coser a punto de cruz los letreros que identifican sus habitaciones, de hacer la compra, elaborar los menús diarios, mantener limpio y ordenado su dormitorio y el resto de las estancias... Todo bajo control, aunque con la supervisión de sus cuidadores.
Marimar, Eusebio, Paco, Quirino, Pili, Quico, Miguel Ángel y Pedro son algo más que ‘compañeros de piso’. Son ejemplos capaces de romper estigmas sociales. Gracias a la vivienda tutelada de Villalón de Campos –la primera que abrió la Diputación de Valladolid en la provincia para personas con discapacidad intelectual–, ponen de relieve que, más allá de un certificado médico, pueden desarrollar su autonomía y gestionar su día a día.
Tras esta primera experiencia y la impulsada después en Peñafiel –también con ocho plazas residenciales–, pronto personas con un perfil similar podrán llevar una vida ‘independiente’ basada en la estimulación de sus capacidades mientras estén en edad laboral. En un año, Nava del Rey pondrá en marcha la tercera vivienda tutelada en el ámbito rural.
Entonces, otras ocho personas tendrán la oportunidad de abrir las puertas de su hogar a la normalización, como hacen ya en la comarca ribereña y en Tierra de Campos. «¡Pasad a ver nuestra casa!», dicen enérgicos todos los residentes de Villalón, haciendo de anfitriones de su intimidad con una gran sonrisa. No en vano, los diplomas de graduados en risoterapia con una puntuación de sobresaliente se repiten en un lugar privilegiado de sus habitaciones.
«¡Mira qué televisión tengo!», espeta eufórica Marimar, ilusionada con la reciente adquisición de su dormitorio, abarrotado de fotografías de su familia en Olmedo y de recortes de prensa, antes de exhibir un cojín con su nombre que reposa sobre la almohada junto a otro de dos princesas Disney.
«A nosotros nos gusta mucho poner música por las mañanas», destaca Pili al abrir las puertas de una habitación en la que su mayor orgullo son los retratos de comunión de sus sobrinas y una gran fotografía junto a Quico, su pareja, con quien comparte estancia y vida desde hace tanto tiempo que ha perdido la cuenta.
«Lleváis juntos veinte años», le tiene que recordar su compañero Paco, un enamorado de su Kawasaki, y de las motos en general, como queda patente en su cuarto, decorado con las ilustraciones que él mismo realiza de vehículos sobre dos ruedas. Entre la multitud de dibujos, una imagen antigua de su niñez cuelga sobre el cabecero. «Éste es mi padre», señala, «y el niño que tiene mi madre cogido en brazos soy yo», explica antes de identificar al resto de sus hermanos.
Paco es uno de los veteranos de la vivienda tutelada del pueblo donde nació y donde todavía residen sus padres, a los que visita en la residencia donde se han trasladado. Precisamente su historia es ejemplo de la necesidad y la importancia de este servicio que ofrecen las viviendas tuteladas.
«Detectamos que en muchos casos los padres se hacen mayores y no hay familiares cerca que puedan cuidarles», explica el jefe del área de Igualdad de Oportunidades y Servicios Sociales de la Diputación, Aurelio Baró, quien destaca un nuevo perfil de usuario, relacionado con gente más joven que quiere demostrar sus capacidades de autonomía.
También este ejemplo está simbolizado en Villalón, con Miguel Ángel como referente. «Sus padres llaman por teléfono a ver qué tal está y le preguntan por qué no quiere venir de visita», comenta en tono divertido la encargada del taller de Villalón y coordinadora de la vivienda, Susana Cancela, avalando lo integrado y cómodo que se encuentra este miembro recién unido a la familia, llegado en enero.
Aunque es nuevo, Miguel Ángel ya conocía a sus compañeros gracias a las jornadas de convivencia de la Red Rural Integrada de Servicios para Personas con Discapacidad Intelectual. Sobre todo a Paco, «amigo» desde que coincidieron «hace tiempo» en «el colegio», como se refieren al centro asistencial impulsado durante unos años por Asprona en lo que fuera un antiguo hospital, ya abandonado, entre Viana de Cega y Boecillo.
Quizá por haber llegado hace poco, por ser más meticuloso o porque es una de las nuevas estancias del edificio después de la reciente ampliación de la vivienda para dar cobijo a otro usuario –hasta ahora sólo disponía de siete plazas–, la habitación de Miguel Ángel está, a la vista, vacía. Pero enseguida abre los cajones de las mesitas de noche para atestiguar su presencia y saca sus enseres personales, entre ellos un despertador del Real Madrid.
Ser seguidor del eterno rival del equipo de Pedro, su vecino de dormitorio, no es impedimento para llevarse bien él. De hecho, aclara, ven juntos los partidos y nunca han discutido de fútbol. Sobre la cama de Pedro, una bufanda del Barça comparte protagonismo con otra del Villalón y, en la parte exterior del armario, multitud de dorsales avalan que se trata de «un chico muy deportista». El más joven de los residentes, al que un diploma se refiere cariñosamente como ‘pica-pica’, «porque es muy picón», aclaran los demás, ya no acude al taller ocupacional junto a los demás, como hacen todas las mañanas, porque está trabajando para el Ayuntamiento. Y es que favorecer la inserción laboral es otro de los objetivos de la red para discapacitados de la Diputación.
Sólo el año pasado, 21 personas de la Red consiguieron algún contrato, bien por ayuntamientos a través de la convocatoria específica para la realización de obras y servicios de interés público y utilidad social, bien por empresas privadas. Otras 57 hicieron prácticas, también en consistorios o en el sector privado.
Creación de productos de artesanía, elaboración de jabones, costura, arreglo de patios y jardines, buzoneo, pegado de carteles, limpieza de coches... Son múltiples las tareas que aprenden a desempeñar en función de sus gustos, preferencias y capacidades, aclara Cancela. Pero, sin duda, la estrella de las actividades es la huerta.
En este caso, aunque cuentan con un invernadero en Villalón, se desplazan hasta Mayorga para cultivar ajos, judías, pepinos, pimientos del padrón, calabacines o tomates, que luego venden al público y cuyos beneficios también se reparten para premiar su implicación a modo de paga.
Como novedad, en Villalón también han comprado recientemente gallinas y los usuarios, orgullosos, explican lo satisfactorio que resulta recoger a diario los huevos, mientras el gatito Ronaldo y la perra Chispas que tienen como mascotas en las instalaciones, rondan entre las piernas en busca de caricias. No escatiman en ellas.
Aquí, en el taller ocupacional, la actividad comienza temprano para los 17 beneficiarios que acuden desde la propia localidad, Mayorga, Villavicencio e Izagre (León) gracias al servicio de transporte de la Red de la Diputación. Entre ellos están los ocho residentes de la vivienda tutelada, que ponen sus despertadores a las siete de la mañana para desayunar, ducharse –algunos con ayuda– y acondicionar la casa antes de cruzar la calle y adentrarse en los quehaceres del taller hasta la hora de comer.
Después de la sobremesa, que aprovechan para descansar, ver la televisión o tomar un café, acuden a la compra dos o tres días a la semana y tienen tiempo libre para, por ejemplo, ir a echar la partida a un bar. «¿Cuándo jugamos un tute?», le reta Eusebio al alcalde de Villalón, José Ángel Alonso, cuando acude a visitarles.
También pueden salir de fiesta, si tienen permiso de los supervisores, como solicita Pedro cuando queda con sus primos y amigos para ir a Medina de Rioseco. Siempre dentro de los horarios y de las pautas marcadas para garantizar la adecuada convivencia.
Y ahora, en pleno verano, darse un chapuzón es un estímulo más. No sólo los martes o los fines de semana, cuando tienen programadas las visitas a la piscina, sino también en el mar. La excursión que realizaron esta semana a la playa de Suances (Cantabria) les ha salpicado de un entusiasmo contagioso.
Además del ubicado en Villalón, la Red cuenta con talleres ocupacionales para personas con discapacidad intelectual en Medina de Rioseco, Cigales, Tudela de Duero, Peñafiel, Tordesillas, Nava del Rey, Mojados e Íscar, con un total de 164 plazas autorizadas. A ellos se suman los cuatro talleres prelaborales para personas con enfermedades mentales en Medina de Rioseco, Tudela, Peñafiel y Rueda, con 44 plazas; las dos viviendas tuteladas y el Centro de Día de Villalón, que atiende a cinco personas con grandes necesidades.
Según el balance del último ejercicio, correspondiente a 2017, el 78% de las plazas estaban cubiertas, con la atención directa a 189 personas que luchan por hacerse un hueco de visibilidad.