RIBERA DE DUERO
El vino de Valladolid se prepara contra el cambio climático
Las sucesivas olas de calor adelantan la vendimia: "Hay una mayor acumulación de azúcares y hay también una mayor concentración de color"

Fernando Ruiz, técnico de Viticultura de Bodegas Protos
“El año pasado empezamos la vendimia en Protos el 27 de septiembre. Este año, y no hemos sido de los más tempranos, el día 14. Los registros indican que es una campaña récord en cuanto al adelanto de la recogida de la uva en Ribera del Duero. Y eso se debe, le llamemos como le llamemos, al cambio climático, con una sucesión de olas de calor, cuatro o cinco este año, que suponen muchos días por encima de 33 grados de máxima”.
Fernando Ruiz, técnico de Viticultura de Protos, relata un escenario que ya se ha repetido en varias ocasiones en esta década. De hecho, sostiene que en la Denominación de Origen ya se han metido en bodega casi 100 millones de kilos, a 24 de septiembre, cuando el año pasado “no se había empezado” y se alcanzaron al final 129 millones, informa Ical.
Valladolid
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Diario de Valladolid | El Mundo
Durante una visita a una parcela del término municipal de Pesquera de Duero, en lo alto de un páramo, el sol extraño de finales de este mes cae a plomo, a mediodía, sobre una de las cuadrillas que aún trabajan en esta zona, del entorno de la docena de trabajadores.
Allí, Ruiz reconoce lo que muchos piensan: “Ayer un hombre me decía que su padre ya había visto esto anteriormente. Pero no, en estas circunstancias no. Esto no lo hemos vivido anteriormente, y vemos que cada año va a más”. Como consecuencia, el sector del vino se prepara para afrontar una nueva etapa de acometidas del cambio climático, con veranos más largos, más días de temperaturas altas, más sequía…
Coincide plenamente la viñadora Consuelo Ysart, de Bodegas Cantariña Vinos de Familia, en El Bierzo, ese microclima tan especial que siempre ha presumido de la calidad de sus productos agroalimentarios. “Se sale mucho de lo normal. Antes, la vendimia tradicional empezaba a primeros de septiembre y duraba hasta el Pilar. Este año se inició en la primera semana de agosto y terminó el día 20 de ese mes ¡Si es que teníamos racimos enverados a principios de julio!”, exclama en declaraciones a Ical.
A estas alturas, Ysart ya ha concluido la vendimia. Y Protos ha metido en bodega alrededor del 85%, en una campaña que será ligeramente inferior a la pasada, cuando se recogieron 4.500 kilos por hectárea. Ruiz recuerda que durante el último periodo del verano, cuando se da la maduración de la uva en Ribera del Duero, la amplitud térmica entre la mañana y la tarde es de 23-24 grados, con temperaturas que van desde los 9 grados al amanecer a los 32 varias horas después. “Esa diferencia hace que la maduración sea lenta y paulatina. Hay una mayor acumulación de azúcares en la uva, que es lo que nos interesa, porque después es el grado alcohólico probable, y hay también una mayor concentración de color”, comenta el técnico de la centenaria bodega.
Diferencias notables
“¿Qué diferencia hay este año respecto a lo que podría ser un año normal?”, se pregunta Ruiz. Este año el invierno “no ha sido tan frío, no ha habido heladas importantes y las temperaturas han estado entre dos y tres grados por encima de la media de los últimos años”, característica que se une a que este invierno “sí que ha llovido bastante”, con registros de 170, 190 y 200 litros por metro cuadrado, dependiendo de los municipios, sobre todo en enero o febrero.
A eso se suman las temperaturas “suaves de primavera”, también dos grados por encima de la media de los últimos años, que provocó una brotación muy adelantada y que, “normalmente”, en esta zona se produce a finales del mes de abril, pero este año se ha asignado el día 13 de ese mes en los viñedos. A raíz de ahí, todos los estados fenológicos siguientes han llegado antes, como la floración, que suele producirse a mediados de junio, hasta San Juan, y este año “había algunas viñas el 25 de mayo en las que algún racimo estaba en floración; y el 1 de junio se había generalizado, unos 15 días con respecto a la media”.
Posteriormente, el envero, cuando se produce un cambio morfológico visual y los racimos “pasan de tener un color verde a tomar las tonalidades moradas y violetas”, un periodo de transición para el crecimiento de la planta. También se ha adelantado la maduración, cuando “deja de crecer y se agostan los tallos”, que normalmente ocurre a mediados de agosto y este año el 30 de julio “ya estaban pintando”.
Afección a la cantidad, calidad y la planta
Por encontrar un punto positivo a la sucesión de las últimas campañas, Ruiz manifiesta que la uva está “más sana”, algo que achaca a la falta de lluvia y de humedad durante el verano, por lo que el estado sanitario “es mucho mejor”, ya que no se han sufrido enfermedades como el oídio o el mildiu. “Las viñas están perfectas. La uva viene muy seca y los remolques no mostean al descargar”, sostiene. Además, los viticultores y las bodegas pueden empezar antes a trabajar porque “con este calor no hay rocío ni niebla”, escenario que calificó de “peligroso” porque “se acumula humedad, tarda mucho en irse y no es bueno a nivel sanitario”.
Sin embargo, años de tantas olas de calor, como las registradas en la última década, “estresan a la planta” y provocan que los racimos “sean menores en tamaño y peso”. De media, un racimo de la variedad Tinta del País o Tempranillo pesa 280-300 gramos; este año, 220-250 gramos, algo que relacionó con el descenso del peso del grano de uva. “La baya normalmente pesa entre 1,8 gramos y dos gramos, y este año, 1,5. Todo eso hace que haya menos en general”, apuntó el técnico de Protos, quien al menos destacó que en el momento de la maceración, cuando se extrae el color, la proporción del hollejo con respecto a la pulpa es mayor, “con lo cual se obtiene un poquito más de color en el racimo”.
Años raros en El Bierzo, pero un 2026 insólito
La viñadora Consuelo Ysart apunta hacia la misma línea que en Protos, teniendo en cuenta las diferencias climáticas y de suelos entre Ribera del Duero y Bierzo, una DO que ha contado con “años raros” en la última década, pero con un 2026 “insólito”. “Tenemos un refrán que dice que ‘Por Santiago pinta el vago’, porque sobre el 25 de julio empezaba el envero, cuando cambian los racimos de color”, recuerda la bodeguera, quien relata que a partir de ahí se contaban 40 días hasta la vendimia, a primeros de septiembre. “Eso era lo tradicional. Pero es que hemos empezado a primeros de agosto y terminado el día 20”, sentencia.
Cantariña cuenta con 12 hectáreas en Villafranca del Bierzo y Corullón, donde desarrolla viñedos de variedad de ciclo corto. En ellos, antiguamente “se buscaba que engordara la uva y que creciera en kilos”, pero esa estrategia ha cambiado al primar la calidad y ahora se busca “mantener la acidez y azúcar, en un perfecto equilibrio; pero se ha ido adelantando un poco”, expuso.
El envero tan tempranero se explica, argumenta Ysart, en que a pesar del frío positivo de invierno y la necesaria lluvia, que sí llegaron a la comarca, “luego pegó un acelerón de calor en primavera y todo fue mucho más rápido”. “Y hemos tenido suerte de que en El Bierzo no hemos tenido sequía estos tres últimos años, como sí ha pasado en otras zonas vinícolas”, precisa a Ical.
Prepararse para el futuro
El investigador responsable de Viticultura del Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León (Itacyl), Enrique Barajas, confirma lo que es un hecho a voces: “Llevamos unos cuantos años que se adelanta bastante la vendimia en la Comunidad. Pero este año ha batido récord, todavía más que el pasado, que ya lo era”. La clave está en que en otras campañas las olas de calor sucedían en julio y agosto, cuando el ciclo estaba ya muy avanzado, pero este año “las ha habido ya en junio, a las que se sumó el calor posterior”. Este año ya se registraban temperaturas por encima de los 33 grados en época de floración.
Por este motivo, su departamento ya trabaja desde hace tiempo en la preparación para el futuro y la lucha contra este fenómeno que algunos ya han definido, a nivel medioambiental, como la ‘africanización de España’. Entre las líneas y ensayos en marcha, tanto en la Finca Zamadueñas como en las zonas de origen, se encuentra la recuperación de variedades de viñedos viejos, que este departamento desarrolla desde hace 23 años. “Nuestro afán era que no se perdieran, pero hemos visto en los estudios que algunas de ellas dan vinos excelentes y son una herramienta muy buena contra los efectos del cambio climático, porque con este calor llegan a completar el ciclo”, expone Baraja a Ical.
Lo que muestran estos análisis es que con el escenario climático de hace 20 años estas variedades autóctonas “no llegaban a madurar”, pero hoy en día, con estas temperaturas, “lo completan con equilibrios de acidez y azúcar muy buenos”, al contrario que otras más habituales que presentan graduaciones alcohólicas “muy elevadas y con acidez baja”, lo que crea una sensación en boca “de mucho alcohol”.
Las variedades con las que trabajan, como la Puesta en Cruz, en Arribes del Duero, la Estaladiña, en El Bierzo, o la Cenicienta, en Rueda, entre otras muchas, “han aparecido donde estaba el cultivo más olvidado”, porque en Ribera del Duero, “con gran peso de la reconversión de viñedo, no se ven muchas de estas autóctonas, han ido a algo más especializado”. Se encuentra donde hay cultivo “más viejo, más artesanal”, y ahí destaca Arribes del Duero, que no pilla de paso de nada y tiene una genética fenomenal, donde Puesta en Cruz genera vinos aromáticos y una acidez natural brutal”.
Los estudios ya lo advertían
La situación no es novedosa, según profiere la profesora del Grado de Enología de la Universidad de Valladolid Rosa González, que indica que diferentes estudios a nivel nacional ya advertían de esta situación hace años. Desde los años 2000 se vaticinaba que en esta década la temperatura media se incrementaría entre uno y 2,5 grados.
También, otros cambios notables, que ella explica a los alumnos del grado, son el índice de aridez, el de Huglin, que mide la temperatura, y el de frío nocturno, “los tres que evalúan la progresión que hay en Europa, que se verá muy afectada, y España es la que más problemas va a sufrir”. “Quizás”, vaticina, “en algunas zonas el cambio climático puede ser hasta beneficioso”.
A su juicio, los estudios constatan que la vid “alarga el ciclo, empieza a brotar y acaba el ciclo mucho más tarde”, porque hasta finales de octubre y noviembre “no hace frío y la planta sigue con las hojas”, lo que “afecta al cultivo y acorta la maduración”. También condiciona el desarrollo de la planta, algo que “no es favorable ni lo habitual”.
González expresa que en la uva se busca la calidad y la maduración, trabajo que con temperaturas más altas “es peor”; y en el viñedo, al contrario que cultivos anuales, “sobre la marcha no se puede cambiar la variedad”, con lo que, añade, “esto afecta a la calidad, con más graduación y pérdida de acidez”.
Una solución será, apunta la docente, cambiar el manejo del cultivo y regar, un beneficio que “no todos tienen”, pero que permitiría compensar el escenario de más de 25 o 30 grados, en el que la planta “crece menos, sobre todo sin riego”. También apostó por buscar nuevas variedades “ya adaptadas”, como hace el Itacyl, y puso el ejemplo de algunos puntos de Europa donde se cultivan algunas autóctonas del sur.

Vendimia en la Ribera de Duero
Vendimia en la Ribera de Duero

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