El edificio de Valladolid donde nació la leyenda del sillón que «mataba» a quien se sentaba
La antigua Facultad de Medicina de la Universidad de Valladolid está en el origen de una de las leyendas más inquietantes de la ciudad

El actual Edificio Rector Tejerina ocupa el entorno donde se encontraban las antiguas dependencias universitarias ligadas a la leyenda del sillón del diablo.
La Universidad de Valladolid no solo guarda siglos de historia académica. También está relacionada con una de las leyendas más oscuras y repetidas de la ciudad: la del sillón del diablo, un mueble al que la tradición atribuyó un poder tan inquietante como irresistible. Según el relato popular, quien se sentaba en él sin ser médico o estudiante de medicina moría poco después. Hoy, el sillón se conserva en el Museo de Valladolid, ubicado en el Palacio de Fabio Nelli. Sin embargo, el origen del mito se sitúa en las antiguas dependencias de la Facultad de Medicina, en el entorno universitario donde hoy se levanta el Edificio Rector Tejerina, en la Plaza de la Universidad.
El Ayuntamiento de Valladolid sitúa el arranque de la leyenda en 1550, cuando la Universidad recibió al médico Rodríguez de Guevara para impartir un curso de anatomía. En ese contexto aparece el personaje central del relato: Andrés de Proaza, un joven estudiante portugués que, según la tradición, mostraba un interés extremo por el estudio del cuerpo humano.
La versión difundida por el Ayuntamiento cuenta que los vecinos comenzaron a desconfiar de sus prácticas cuando, desde su vivienda, se escuchaban lamentos y ruidos extraños. En ese mismo tiempo desapareció un niño de nueve años en la ciudad. La leyenda añade que las autoridades acabaron encontrando una escena macabra en la casa del estudiante, relacionada con prácticas anatómicas prohibidas.
Ese episodio, siempre dentro del terreno legendario, terminó asociado a un objeto concreto: un sillón. Según el Ayuntamiento, Andrés de Proaza afirmó durante el juicio que tenía un pacto con el diablo y que se comunicaba con él a través de ese mueble. La advertencia que habría dejado fue la que alimentó el mito durante siglos: solo quienes estudiaran medicina podían sentarse en él; el resto moriría en tres días.
El sillón del diablo de Valladolid: entre medicina, miedo y superstición
La leyenda siguió creciendo con el paso del tiempo. El Ayuntamiento de Valladolid recoge que, años después, un bedel encontró el sillón entre los trastos de la facultad y decidió utilizarlo para descansar. Tres días después murió, al parecer por causas naturales. Cuando su sustituto habría corrido la misma suerte, alguien recordó la supuesta maldición de Andrés de Proaza.

EL 'sillon del diablo' - VA! Valladolid
A partir de ahí, la Universidad decidió colgar la silla boca abajo para impedir que nadie volviera a sentarse. Según el propio Ayuntamiento, así permaneció hasta que en 1890 pasó a formar parte de los fondos del Museo de Valladolid, donde actualmente se expone.
Actualmente, el sillón se encuentra en la sala 12 del Museo de Valladolid, dentro del Palacio de Fabio Nelli, protegido con un cordel para evitar que los visitantes se sienten.
La versión que desmonta la leyenda del sillón del diablo de Valladolid
Sin embargo, no todo en esta historia se sostiene con documentos. El análisis del conservador Fernando Pérez Rodríguez-Aragón, quien atribuye la leyenda a una fuente principal: el libro 'Tradiciones Universitarias. Historias y Fantasías', publicado en 1948 por Saturnino Rivera Manescau. Pérez considera que la historia de Andrés de Proaza carece de prueba documental suficiente y que el relato pudo haber sido construido a partir de un dato histórico real: la relevancia de Valladolid en los primeros estudios de anatomía.
El propio conservador fue muy contundente al valorar las supuestas muertes asociadas al sillón. Preguntado por Diario de Valladolid sobre si Rivera Manescau tenía documentada la muerte de los bedeles tras sentarse en él, respondió: «Siendo sinceros, se lo inventó. Hasta esa conclusión llego personalmente».
También el catedrático de Historia de la Medicina Anastasio Rojo investigó la figura de Andrés de Proaza y no encontró pruebas de que asistiera a cursos de anatomía ni siquiera de que hubiera existido realmente.
Valladolid
El edificio de Valladolid cuya fachada dio pie a una de las leyendas más comentadas de la ciudad
Patricia de la Torre
El sillón del diablo y el último episodio que reavivó el mito
La leyenda todavía tuvo un capítulo reciente. Diario de Valladolid contó el caso de Luis Laureano Huéscar Garvi, restaurador del Museo de Valladolid, que se sentó en el sillón alrededor del año 2000 y poco después pidió una excedencia, dejó su puesto y desapareció del entorno laboral del museo.
El conservador Fernando Pérez explicó al diario: «Luis Huéscar fue la última persona que se sentó en el sillón y poco después desapareció de forma misteriosa». Durante años, sus compañeros intentaron saber qué había sido de él.
El desenlace, sin embargo, rebajó cualquier lectura sobrenatural. Huéscar fue localizado años después en Francia, donde continuaba vinculado a trabajos de restauración. La supuesta maldición, al menos en su caso, no se cumplió.