Diario de Valladolid

El «cuadro de Monet» hecho realidad en Valladolid: un mar de amapolas que desaparece en semanas

Campos teñidos de rojo, carreteras rurales y una floración que dura apenas unas semanas: varios rincones de Valladolid dejan estos días una imagen que recuerda a un cuadro impresionista

Un campo de amapolas en plena floración tiñe de rojo el paisaje primaveral de Valladolid durante unas semanas antes de desaparecer con la llegada del verano

Un campo de amapolas en plena floración tiñe de rojo el paisaje primaveral de Valladolid durante unas semanas antes de desaparecer con la llegada del veranoGetty Images

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El rojo ha empezado a abrirse paso entre los cultivos de Valladolid. En varios puntos de la provincia, las amapolas han vuelto a aparecer junto a campos de cereal y caminos rurales, creando una de las imágenes más llamativas de la primavera y un paisaje que muchos comparan con una pintura impresionista.

La imagen ganó visibilidad el año pasado después de que Telecinco mostrara varios campos cubiertos de amapolas en el entorno de Valladolid bajo una idea muy visual: un «cuadro de Monet hecho realidad». En aquella pieza, emitida en primavera, la reportera describía un paisaje formado por «miles de amapolas» visibles desde carreteras cercanas, una escena que llevaba a muchos conductores a detenerse unos minutos para fotografiarla.

La floración suele dejar imágenes especialmente vistosas en zonas de Tierra de Campos. En el entorno de Medina de Rioseco y Ceinos de Campos, aficionados a la fotografía y páginas dedicadas al paisaje castellano han compartido durante las últimas semanas recorridos donde el rojo de las amapolas se mezcla con palomares, caminos agrícolas y grandes horizontes abiertos.

Otro de los lugares asociados a esta imagen primaveral es Tiedra. Conocida por sus campos de lavanda, la localidad vallisoletana cambia de registro durante la primavera, cuando varias parcelas del entorno se llenan de amapolas antes de que el paisaje se vuelva violeta con la floración estival.

La aparición de estas flores depende en gran medida de las lluvias y de la evolución de las temperaturas. El profesor Juan Andrés Oria de Rueda, del Departamento de Ciencias Agroforestales de la Universidad de Valladolid, explicó en años anteriores que las semillas de amapola permanecen en el suelo hasta encontrar las condiciones favorables para germinar, algo habitual en terrenos removidos y zonas de cereal.

El momento para disfrutarlas suele concentrarse entre mayo y junio, aunque cambia según el año. Precisamente por su duración limitada, las amapolas se convierten durante unas semanas en uno de los paisajes más fotografiados de la primavera castellana.

Especialistas y agricultores recomiendan contemplarlas desde caminos públicos o carreteras rurales, ya que muchas de las parcelas donde florecen forman parte de explotaciones agrícolas en activo. Desde cierta distancia, el efecto visual ya consigue lo importante: esa sensación de estar frente a una postal que parece pintada a mano.

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