La obra de la estación de buses de Valladolid está al 31% pero suma dos meses de retraso por amianto
La intervención de 4,8 millones, que comenzó en abril del año pasado, se alargará hasta diciembre por la retirada de uralita en la marquesina de la dársena

Contraste entre la zona más avanzada y la pendiente en la zona de andenes.
La 'operación de rejuvenecimiento' en la que está inmersa la estación de autobuses de Valladolid –y que va más allá de un cambio estético, pues incluye la renovación del entramado interno y la instalación de sistemas energéticos eficientes y renovables– ya permite vislumbrar el nuevo aspecto que lucirá este recinto de entrada y salida de la ciudad cuando concluyan las obras iniciadas hace un año por 4,8 millones de euros, si bien resta más tiempo de trabajo del que se había estipulado. En vez de terminar en octubre, habrá que arrancar dos hojas más en el calendario hasta llegar a diciembre.
Esa «ampliación de plazo», como confirmó la consejería de Movilidad y Transformación Digital, responde a un «incremento del volumen de actuación», en referencia a que se ha procedido a «la intervención de la cubierta íntegra de las dársenas y del edificio vistas las necesidades». Es decir, se han añadido trabajos que no se contemplaban en los pliegos y eso dilata los cálculos, aunque el aumento del margen de ejecución tiene una consigna clara: «acabar siempre en el 2026».
Según explicaron con más detalle los operarios que se afanan en la rehabilitación integral de la terminal vallisoletana, esos dos meses de retraso responden al hallazgo de amianto en el área de embarque y, puesto que su retirada se ha tenido que hacer bajo unos estrictos protocolos de manipulación y eliminación en un centro de reciclaje especializado, los plazos previstos se han dilatado.
Valladolid
El esperado polideportivo del colegio Miguel Delibes de Valladolid avanza con la licitación de las obras
Estíbaliz Lera
En concreto, se han tenido que quitar placas de uralita de los sotechados de los andenes, en la zona de la marquesina que cubre los autobuses y que protege a los pasajeros al subir y bajar de los vehículos.
A pesar del contratiempo, «las fases se van cumpliendo» y se está «manteniendo en todo momento la actividad de la propia estación y el acceso y salida de viajeros», subrayaron desde el departamento de la Junta de Castilla y León que dirige José Luis Sanz Merino, después de calcular que, en este momento, «está cerca de culminar el primer tercio de la obra», con una estimación del 30,75% de labores ejecutadas.
Entre lo que queda pendiente, destacaron la instalación de la fachada ventilada, los revestimientos interiores, los sistemas de control, las carpinterías de cierre de la zona de espera de las dársenas, la pavimentación interior y urbanización, y parte de las instalaciones.
Un buen puñado de quehaceres pendientes, con ocho meses por delante para que se complete la transformación de la vetusta terminal –construida en 1972–, y cambios ya evidentes después de doce meses de faena. Por ejemplo ese sotechado de resguardo de autocares donde se ha retirado la uralita, y que ahora luce con las vigas al desnudo hasta que se vista después con placas de color blanco, contrasta con el pasillo de tránsito peatonal que discurre en paralelo, y donde sí se ha ejecutado ya el cambio de cubierta. La imagen de la comparativa es como un ‘antes y después’, sin tener que hacer un montaje temporal.
También al pasear por el largo corredor de andenes hay ‘un antes y un después’ en el tono de las paredes, antes cubiertas con azulejos de tamaño mediano en tono arena y ahora con grandes paneles de revestimiento grisáceo. Es una de las zonas en las que han estado inmersos los obreros esta semana y ha dejado al descubierto trozos de una época anterior, con un collage de pequeños baldosines de colores azul, amarillo, rojo y verde.
Con cordones y vallas de obras para restringir el paso al personal ajeno a la empresa de construcción que se está encargando del proceso, la transformación del recinto va avanzando mientras la actividad habitual de la estación continúa, aunque con las molestias propias de una intervención de esta magnitud. Hay zonas cortadas, pasos alternativos, ruidos, suciedad, baños en casetas...
No queda más remedio que aferrarse a que la operación era necesaria, porque el recinto acumulaba numerosos achaques. El más significativo era el decadente módulo de baños, pero también había que renovar los sistemas de suministros, climatización, pavimentos o señalética, con el objetivo de proporcionar a los usuarios unos «estándares modernos de calidad y seguridad», decía la Junta hace dos años, cuando comprometió esta inversión. No en vano, la de Valladolid es la estación «que más servicios concentra de la Comunidad», añadía el Ejecutivo autonómico, antes de remarcar que contabiliza «más de cinco millones de viajeros y 230.000 expediciones anuales».
Con el presupuesto sobre la mesa y, una vez finalizados los trámites para contratar a la mercantil que se está encargando de la ejecución de la obra, a mediados de marzo de 2025 se formalizó el acuerdo con la unión temporal de empresas formada por Collosa y Pavasal y, un mes más tarde, empezó una mutación ya palpable.
No hace falta mirar para arriba para darse cuenta de que uno de los grandes cambios es la entrada de luz natural, tanto en la zona cubierta como las dársenas. En el interior, en la parte central que antes ocupaban los establecimientos comerciales y las taquillas de venta de billetes ya se ha colocado el lucernario y, aunque el paso para los viandantes en esa zona está acotado porque hay material de obra guardado, la claridad solar baña la estación con mucha más intensidad. Cuando se retiren las vallas, ahí estará una de las salas de espera.
En el pasaje de dársenas la iluminación también ha ganado protagonismo. Aquí la antigua uralita ennegrecida se ha sustituido por el nuevo lucernario y en los laterales se han abierto siete grandes huecos (antes tapados con ladrillos y luego revestidos con gres, según explicaron los operarios) a modo de enormes ventanales. Eso sí, puesto que los bloques de viviendas de la calle San José están pegados –como se ve ahora mientras avanzan los trabajos–, los cristales que se coloquen en estas aberturas serán opacos. Además, se dispondrán jardineras.
La apuesta por el blanco en los techos, y por los tonos suaves en general en el recinto, también aportarán esa luminosidad que ya se percibe. Sin obviar los despachos de las empresas de transportes, que ya están preparados en uno de los laterales y que se caracterizan por su escaparate y entrada acristalada y por contar con un tragaluz en la parte alta de la pared al fondo.
Hay que esforzarse un poco para recrear al cien por cien el resultado final, sin los techos abiertos y los cables colgando, sin carteles impresos en folios y pegados con cinta de carrocero, sin bancos sujetos con ladrillos, flechas indicando los itinerarios, anotaciones con rotulador en las paredes, material acumulado en espacios convertidos en almacenes provisionales, baños en casetas de obras, ruidos de taladros, de soldaduras, de máquinas haciendo una maniobra marcha atrás y polvo en el ambiente... pero la nueva imagen ya se atisba.
De los trabajos que quedan pendientes, los más complicados son los del exterior, según indicaron operarios de la constructora, pues hay que compatibilizarlos con la actividad de tránsito de viajeros. Así, la reforma de las dársenas y la colocación del nuevo sotechado (una vez quitada la uralita) se hará de forma paulatina mientras siguen entrando y saliendo las expediciones.
Igual que el firme exterior por el que transitan los autocares cuando entran y salen de la estación, y que los operarios prevén hacer en turnos de noche para interferir lo menos posible con el rodaje de los vehículos. O el pavimento que pisan los viandantes hasta llegar al andén correspondiente, que falta de lijar y pulir.
Una vez se complete todo este proceso, los peatones ya no podrán entrar ni salir de la estación caminando por la zona de vehículos –como hasta ahora, pese al peligro de atropello– porque estará automatizado y sólo se abrirá cuando se acerque un autocar.
Lo más cerca que podrán estar de ese espacio será la sala de espera exterior que se construirá junto a ese acceso. Ahora en la zona están los módulos prefabricados donde se han habilitado los baños y está dispuesto parte del material de obra, pero cuando se libere la superficie, ahí se ubicará una sala de espera ajardinada –sotechada pero abierta y con materiales naturales, como madera–.
Queda trayecto, pero el viaje de modernización de la estación de autobuses de Valladolid está a punto de llegar a su destino.
Pérdidas de hasta un 35% en los negocios
«Aguantando las obras». Con esta frase resume el responsable de uno de los negocios de la estación de autobuses el ánimo con el que acuden desde hace un año a sus puestos los responsables y los trabajadores de los comercios, conscientes de que la transformación de la vetusta terminal vallisoletana lleva aparejadas molestias que, hasta cierto punto, pueden considerar lógicas.
Pero más allá de los efectos razonables, como el ruido o la suciedad –incluso los cortes puntuales de luz e internet–, el tono de resignación se torna enseguida en uno de cabreo en el caso de los regentes, al constatar que llevan meses arrastrando un descenso de clientela. Hasta un 35% de pérdidas calculan algunos establecimientos. Y no porque haya menos tránsito de viajeros en la estación, sino porque creen que no les han tenido en cuenta a la hora de diseñar los itinerarios dispuestos para sortear las obras.
Se quejan, sobre todo, de que muchos usuarios entran al recinto por la zona de entrada y salida de vehículos y nadie lo está vigilando pese a que se trata de un acceso prohibido para los peatones. «Se han acostumbrado a hacer eso precisamente para evitar el laberinto de vallas de las obras y, si la gente no pasa por aquí, no compra en nuestras tiendas», valora uno de los consultados.
Después de tantos meses de paciencia (y lo que les queda), piden que, al menos, se les compense de alguna manera a nivel económico, por ejemplo en una rebaja del alquiler de los locales. Pero la Junta de Castilla y León confirmó que «no hay ninguna partida presupuestaria para dar apoyo al negocio de los comercios de la estación».

Obras en la estación de autobuses de Valladolid.
Cartel exterior, todavía pendiente de renovar

Obras en la estación de autobuses de Valladolid.
Lucernario sobre la futura sala de espera interior

Obras en la estación de autobuses de Valladolid.
A la derecha, detalle de los nuevos despachos

Obras en la estación de autobuses de Valladolid.
Itinerario de tránsito para los viajeros

Obras en la estación de autobuses de Valladolid.
Zona de espera con el cableado colgando

Obras en la estación de autobuses de Valladolid.
Varios usuarios miran las pantallas de los trayectos

Obras en la estación de autobuses de Valladolid.
Salida a los andenes

Obras en la estación de autobuses de Valladolid.
Operarios preparando las paredes para su posterior revestimiento

Obras en la estación de autobuses de Valladolid.
Los trabajos se compatibilizan con la actividad de la estación

Obras en la estación de autobuses de Valladolid.
Puertas automáticas de prueba

Obras en la estación de autobuses de Valladolid.
Tramo final de las dársenas, con las paredes ya renovadas

Obras en la estación de autobuses de Valladolid.
Contraste entre el techado nuevo y el pendiente de cambiar

Obras en la estación de autobuses de Valladolid.
Vallas de obras por detrás de los viajeros

Obras en la estación de autobuses de Valladolid.
Una de las nuevas aperturas, donde se colocarán cristales opacos

Obras en la estación de autobuses de Valladolid.
Algunas vigas de las dársenas ya están forradas

Obras en la estación de autobuses de Valladolid.
Operarios en un entorno delimitado

Obras en la estación de autobuses de Valladolid.
Pasajeros en la estación

Obras en la estación de autobuses de Valladolid.
En la futura sala de espera se está guardando el material

Obras en la estación de autobuses de Valladolid.
Puertas automáticas de prueba

Obras en la estación de autobuses de Valladolid.