VIVIENDAS INTELIGENTES
La casa vallisoletana que todo lo ve
Javier reside en una de las 77 viviendas domotizadas de Intras en Valladolid y Zamora
Sensores del movimiento, de uso de tv, el agua del suelo o la apertura de puertas advierten de peligros

Sofía Ballesteros y María Palomino muestran dos sensores, uno para controlar el movimiento y el otro para vigilar la apertura de la puerta.
La vivienda cuida de Javier. Si se deja la ventana abierta, la casa informa. Si el grifo sigue dado, también. Lo mismo que si la televisión permanece demasiado tiempo encendida, la puerta de la calle no se cierra o el suelo tiene más agua de la debida.
No se trata de una casa con superpoderes, pero lo parece. Este vallisoletano es uno de los usuarios de la red de alojamientos domotizados de la Fundación Intras para que ganen autonomía e independencia «personas con problemas cognitivos, con enfermedad mental grave o usuarios mayores», estos últimos especialmente del medio rural.
Viviendas en Valladolid que todo lo ven y todo lo saben. Casas inteligentes y tecnológicas que anticipan crisis, advierten de peligros y mantienen a su morador a salvo de amenazas y riesgos cotidianos.
Bajo el nombre de ApoyaTEC se ampara un modelo de atención orientado «al apoyo en el hogar y a la vida cotidiana de las personas, especialmente aquellas con discapacidad o necesidades de apoyo», mediante procesos de vigilancia tecnológica» que reduce riesgos.
En 77 pisos, repartidos por la provincia vallisoletana y la zamorana, «se han incorporado tecnologías asistivas destinadas a mejorar la autonomía, la seguridad y la calidad de vida» de sus inquilinos.
La tecnología se oculta detrás de la puerta de la calle en la casa de Javier, situada en el barrio de Parquesol. También en el pasillo, en forma de sensor de movimiento; en la televisión a través de un dispositivo que registra el horario de encendido o debajo del lavabo para detectar si hay exceso de agua, con una precisión tan extrema que desvela tanto si hay riesgo de inundación como si se friega con una cantidad de agua adecuada.
«Tratamos de hacer con la vivienda un traje a medida de cada persona», señala Pablo Gómez, director general de la Fundación Intras. «La tecnología nos permite personalizar los apoyos», apunta.
Los sensores, además de medir, alertan, y bien lo sabe Javier. «Cuando tenía compañero de piso, un día se olvidó la cazuela en el fuego y empezó a sonar una alarma altísimo y fuimos corriendo a la cocina y evitamos un desastre», explica este inquilino de una de las casa domotizadas por Intras.
De este modo, no sólo se trata de contar con soluciones tecnológicas en el domicilio, también con supervisión y una red más amplia de recursos. Hay pisos individuales o de un máximo de cuatro inquilinos. «Nos metemos lo menos posible en la vida del usuario, pero le ofrecemos la posibilidad de que viva lo más independiente posible, algo que de otro modo a lo mejor no podría», agrega Pablo Gómez.
Marta García, jefa de la unidad de I+D; Sofía Ballesteros, técnica de una unidad de I+D, y María Palomino, técnica del equipo de acompañamiento comunitario de Intras en Valladolid, explican en qué consisten los dispositivos, aliados fundamentales en esta iniciativa de domótica. «Instalamos sensores con diferentes objetivos y siempre habiéndolo pactado con el usuario porque no queremos ser invasivos. Estos dispositivos están destinados a la anticipación, por ejemplo, de un problema de inundación. Los de apertura de la nevera y de movimiento pueden incluso identificar patrones en el comportamiento y pueden advertir si alguien se está desestabilizando y anticiparse a una crisis», comentan.
Monitorizan si algo fuera de lo normal sucede en el interior del hogar. «A través de la tecnología vemos si está sufriendo algún cambio en su rutina. Si se levanta dos o tres veces a poner la televisión y nos permite actuar», explican.
Toda la información recogida llega a una centralita, desde la que se pueden tomar decisiones. «Lo importante no es tanto la tecnología, sino el uso que hacemos de ella», subraya Sofía.
María visita a Javier con periodicidad. Supervisa el estado del piso y se encarga del acompañamiento comunitario. «A él le cuesta controlar bien los gastos. Le acompaño a la compra, hacemos una previsión de gastos y valoramos sus prioridades. Él se desenvuelve con autonomía y sabe llevar una dieta saludable, pero tiene dificultad para valorar el precio, así que le ayudo en eso. También hacemos un seguimiento laboral, si cambia de trabajo o si de desmotiva intento que mantenga el compromiso y hacerle entender que también eso forma parte de la vida y que no por qué estés desmotivado hay que dejar el trabajo, que la vida fluctúa».
Javier cuenta que está «muy contento» con el apoyo de María. «Es una persona que se implica, me da confianza, me ayuda en la compra y soy un desastre para gestionar el dinero», relata frente a la maqueta de un barco que lleva construye poquito a poquito desde hace tres meses y ocupa un lugar privilegiado en un salón repleto de detectores casi imperceptibles.
Él puede vivir solo con la seguridad de que si le sucede algo, la casa informa. «Los sensores no me molestan para nada porque están en enchufes, en la ventana o en el pasillo y si pasa algo así enseguida se soluciona. Da tranquilidad», apunta.
Desde Intras destacan que la aceptación de este proyecto entre los propios usuarios es «muy positiva». «Nos cuentan que la domótica implementada les da sensación de seguridad y avanzan en su proceso de recuperación», señala María.
El proceso de implementación se realiza en diversas fases que incluyen la detección de necesidades, la vigilancia tecnológica, la selección de tecnologías, los controles de calidad previos, la formación de usuarios y agentes implicados, el despliegue en el domicilio, la adaptación personalizada, y finalmente la evaluación y el seguimiento del impacto.
«Cuando involucras a la persona y no le impones nada. Si se desestabiliza se le quita y participa, conoce el funcionamiento, cómo nos llega la información y cuándo, eso funciona mejor», indica Sofía. «Son redes de apoyo naturales y el objetivo no sólo es que puedan mantenerse autónomos e independientes, sino mejorar su calidad de vida, que vivan mejor», agrega Marta.
El director general subraya que «toda la línea de viviendas y de dar soluciones para que puedan vivir solos supone un avance muy importante. Hasta los años 70 y 80 del siglo pasado las personas con enfermedad mental o bien estaban encerradas en una habitación prácticamente sin salir o ingresados en una institución. Por suerte se empezó a trabajar la parte de la dignidad de la persona y la reforma psiquiátrica que se produjo da sus frutos. En ese marco, hay un verdadero salto que son las viviendas autónomas o supervisadas, donde hay mayor o menor autonomía».
HOGAR TECNOLÓGICO
La Fundación Intras puso en marcha un piloto con 260 personas, bajo el nombre de Serenhe, financiado por fondos Nex Generation a través de la Consejería de Familia, que busca «la rehabilitación integral y física en el hogar» a través del desarrollo de «una plataforma de rehabilitación integral y accesible en el hogar, basada en un ecosistema de tecnologías digitales centradas en la persona, bajo un enfoque rehabilitador integral (rehabilitación física, cognitiva y emocional)».
El objetivo, «contribuir a alcanzar competencias funcionales y cognitivas que mejoren la autonomía personal y, como consecuencia, la participación social de la persona, mejorando así su calidad de vida». Desde esta fundación exponen que «facilitar servicios de rehabilitación en el propio domicilio de las personas, puede facilitar su acceso a aquellos pacientes que viven en zonas rurales o remotas, así como alargar los tratamientos y por lo tanto su efecto beneficioso».

María Palomino, Pablo Gómez, Marta García y Sofía Ballesteros, de Intras.
Viviendas domotizadas de Intras en Valladolid.

Sensor de apertura de puertas
Viviendas domotizadas de Intras en Valladolid.

Sofía y María señalan el dispositivo colocado en la ventana.