JUICIO CRIMEN BURGOS
La hermana de Sergio, indignada con el juez: "Nos ha hecho pasar días horribles"
La familia del joven vallisoletano asesinado en Burgos de un puñetazo no descarta pedir que se repita el juicio

Carla Delgado (centro), junto a su familia, dirigiéndose a una de las sesiones del juicio por la muerte de su hermano.
Con entereza, sin medias tintas y haciendo de tripas corazón. El juicio por la muerte de Sergio Delgado removió a su familia hasta límites insospechados. Pero no queda más remedio que alzar la voz y Carla, la hermana del joven vallisoletano, asume tamaña responsabilidad con el fin de enfatizar, más allá del dolor que no cesa, que tanto ella como el resto de sus seres queridos se sienten «engañados».
«No hemos podido tener el juicio que Sergio se merecía», lamenta Carla plenamente convencida de que «no es normal lo que hemos vivido». Y no solo ella lo percibe. En su entorno también prima una sensación de «parcialidad» que apunta directamente al juez Roger Redondo. El mismo que reprochó a la madre de la víctima, Chus Franco, que rompiese a llorar en una de las vistas.
«Llega un momento en el que a mi madre le da un ataque de ansiedad porque no puede más con esa injusticia. Nos han hecho pasar días horribles. No solo por parte de la defensa, que es lo que cabría esperar, sino también por parte del magistrado». Lo peor, tal y como se pudo apreciar en aquella sesión, fue cuando Redondo adujo que «no podemos celebrar un juicio llorique... llorando», Carla explotó y le conminaron a abandonar la sala.
Sobre este episodio, la hermana de Sergio se reafirma. «La familia de la víctima no puede llorar, pero el acusado estuvo todo el rato con el pañuelo en la nariz intentando hacer como que lloraba», protesta mientras advierte, basándose en lo que pudo observar desde primera fila, que José Luis Novoa «escribía al abogado notas con frases que quería recriminar».
Antes de acceder por vez primera a la Audiencia Provincial de Burgos, Carla y sus padres tenían la «esperanza» de que «la Justicia castiga al agresor y protege a la víctima». Sin embargo, el veredicto del jurado popular -declarando culpable al acusado pero exonerándole de intencionalidad- y la decisión de la Fiscalía de rebajar su petición de condena de doce a cuatro años les induce a pensar que «ha sido todo lo contrario».
No queda más remedio que esperar a que Redondo dicte sentencia. En cualquier caso, la familia de Sergio ya avanzó este martes su intención de recurrir el fallo ante el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León (TSJCyL). Aunque tampoco descartan solicitar la repetición del juicio amparándose en la actitud del magistrado siempre y cuando su abogado lo vea factible.
«Está todo sobre la mesa», asevera Carla a este periódico poniendo de relieve que «esto no se ha acabado». De hecho, lo único que tiene claro en estos momentos es que «hemos perdido una batalla, pero no la guerra». Y es que, visto lo visto, duda que el juez dicte una «sentencia ejemplarizante para que la sociedad entienda que no se puede agredir ni matar a una persona por ser de otra ciudad o por una rivalidad deportiva».
Otro aspecto que tampoco pasa por alto es el «agravante de odio» que la acusación particular pretendía demostrar durante el juicio. Al final, señala, «no hubo manera» pese a que «la única conversación de la que hay constancia, por parte de los testigos del acusado, es sobre la procedencia de Sergio de Valladolid y sobre fútbol».
Cabe recordar, a este respecto, que el juez desligó en todo momento la posible vinculación de Novoa a grupos ultras del Burgos Club de Fútbol a la agresión perpetrada de madrugada en Las Llanas, principal zona de ocio nocturno de la capital burgalesa. No solo de cara al Ministerio Fiscal y la acusación, sino también ante la Policía Nacional llegando a indicar que las conclusiones extraídas por los agentes eran meras «conjeturas». Por otro lado, el propio Redondo llegó a congregar a un grupo de periodistas para afear que un medio de comunicación, ajeno a las coberturas diarias en la Audiencia, se inmiscuyese en la vida privada del abogado de la defensa.
«Una persona normal no va pegando puñetazos», reflexiona Carla con la certeza de que la agresión de Novoa a su hermano «no fue un puñetazo al uso». A su modo de ver, el acusado actuó con «la mayor intencionalidad posible de hacer daño» y «como mínimo tenía que prever que podía haber fallecimiento».
"Hay muchos Sergios"
Carla Delgado no solo se pronuncia a viva voz. También lo ha hecho por escrito a través de un texto compartido en la red social X. En dicha misiva, un día después de conocer el veredicto del jurado, la hermana de Sergio se abre en canal. De paso, denuncia públicamente que «se ha sentado un precedente muy peligroso: uno en el que la violencia y el asesinato parecen estar por encima de la vida y la libertad».
«Ayer no pude escribir. Me costaba hablar. Me dolía la cabeza. Me dolía el corazón. Estoy rota. Estoy cansada de luchar». Así arranca la carta de Carla, donde se hace eco del relato de «muchas familias» que, durante el juicio, «se nos han acercado temblando, con el corazón en un puño», asegurando que han pasado por lo mismo. Hay quien incluso, llegó a decirles lo siguiente: «La Justicia no hace nada. No dejéis de luchar, por favor. Hay muchos Sergios».
Incapaz de obviar el dolor de «una familia normal que nunca debería haber tenido que emprender esta lucha», la hermana de Sergio remarca que, a pesar de lo sufrido -y llorado- en la Audiencia de Burgos, «cogeremos aire y seguiremos». De puertas hacia dentro, con la resiliencia como único camino, se mantendrá firme porque «no puedo enseñarle a mi hija que matar sale gratis». Menos aún que «la vida no vale nada». Aparte, jamás podría «permitir que la memoria de su tito ‘Big’ quede en el olvido».
Por todo ello, Carla transmitirá a su hija que «su madre lucha», que «no se rinde ante la injusticia» y, sobre todo, que «el amor por su hermano es más fuerte que cualquier sentencia vergonzosa». En este sentido, aclara que no se trata de una «venganza» ni de un «ojo por ojo», tal y como «se ha dicho durante este juicio de los horrores». De lo que se trata, según sus propias palabras, es de garantizar «justicia», «dignidad» y «respeto por la vida».
La principal conclusión que extrae Carla en su escrito es que no dejará de luchar hasta que «José Luis Novoa esté en la cárcel el tiempo que corresponde por asesinar a mi hermano». Al hilo de esta cuestión, reconoce a este diario que tal vez pecó de «inocente» al pensar que «un jurado de Burgos, de gente de a pie, podría ver a través de las mentiras» que, a su entender, se han vertido durante el juicio. Por no hablar de la imagen que, en su opinión, trató de ofrecer Novoa en cada sesión con «el crucifijo encima de la camisa».