BARRIO A BARRIO | LA CALLE DE SAN LÁZARO
La calle vallisoletana de la casa de Eulalia
Es una de las principales arterias de La Victoria, el barrio que presume de ser "el mirador" que se asoma al Canal de Castilla

La calle San Lázaro en el barrio de La Victoria en los años 70.
Su historia es el relato de los establecimientos que forman «una gran familia» en una de las principales arterias de La Victoria, el barrio que presume de ser «el mirador» que se asoma al Canal de Castilla. San Lázaro es una de esas calles pintorescas que enamoran por la personalidad que aportan sus comercios, esos que contribuyen a que no todas las travesías sean un calco de bloques de pisos con bajos cerrados y repletos de publicidades ajadas por el paso del tiempo.
Tenderos que están al pie del cañón aportando a sus vecinos un alma que sienten como propia. Recorrer una y mil veces esta vía, que conecta la avenida de Burgos con la plaza de la Solidaridad, es una suerte de encanto gracias a la pátina que parece congelar el pasado y detener el presente. No es la más bonita, pero, sin duda, cada uno de los elementos que la conforman fomenta las relaciones sociales.
San Lázaro no siempre se llamó así. El historiador y arquitecto Juan Agapito y Revilla cuenta en su libro 'Las Calles de Valladolid' que tomó este nombre «por cierta proximidad a la ermita de San Lázaro». Antes, añade, se conocía con la denominación «de Gitanos, por estar habitada por familias de esta raza».
Pocos datos se conocen de esta capilla. Los más veteranos relatan que se dedicaba a «curar a enfermos que sufrían, sobre todo, lepra y patologías en la piel». Fue derribada en la primera mitad del siglo XVIII.
Otra peculiaridad de esta vía es que estuvo dividida en dos. En lo que hoy es la plaza de Las Monjas estuvo durante muchos años la casa de Eulalia. La calle iba creciendo, pero Eulalia no quería dejar su casa de adobe. Cuando comenzaron a levantar los bloques de pisos cercanos, la vivienda fue derribada. Una piqueta se llevó la historia de una 'muerte' anunciada. «Estaba en medio de una calle, y todo el mundo sabía que iba a terminar desapareciendo», explica María López, que llegó de su Rioseco natal para buscarse la vida en Textil Castilla, una planta industrial en la que llegaron a trabajar más de 400 personas. En los años 90 fue reducida a cenizas, de las que resurgió la plaza de la Solidaridad.
Pero si por algo destaca esta vía es por los comerciantes, que aconsejan a los clientes y tejen relaciones en el vecindario. Uno de los más antiguos de la calle de San Lázaro es Churrería Bruselas, un negocio que nació en 1972 de la «intuición» de Asunción Cañueto. «Mi madre emigró a Bruselas en busca de un mejor futuro para nosotros. Y regresó un tiempo después, tras quedarse viuda, para montar este establecimiento, donde hemos trabajado todos sus hijos», explica Ángeles Villarpriego, quien presume que su establecimiento es «el bar más antiguo del barrio de La Victoria».
Su clientela está llena de habituales; en cuanto cruzan el umbral, sabe qué van a tomar. Son muchos años detrás de la barra de un local, especializado en servir cafés y chocolate con churros, pero también tortillas rellenas. «La gente que salía de la fábrica nos pedía comida que llenara, y decidimos apostar por este tipo de tortillas, que cada vez gustan más», reconoce. Abren todos los días, menos los domingos, desde las cinco y media de la mañana hasta las diez de la noche. «Es un barrio muy tranquilo, donde todos somos una gran familia», apunta, antes de añadir que recuerda mucho los comercios históricos de la zona, como la zapatería de Agapito o la casquería de Eladio.
Otro tendero de toda la vida es Fernando Santos, dueño de Frutas Rosa Mari, un establecimiento que cuenta con más de medio siglo de historia. Una historia que se refleja en sus estanterías, donde cualquier persona puede ver una radio «con solera», botellas de La Casera, La Pitusa o de Anís del Mono, placas de las antiguas viviendas de protección oficial o cajas antiguas del famoso ColaCao. «He crecido en esta tienda. Mis padres, Carmen y Amando, eran vendedores ambulantes y decidieron establecerse en el barrio», comenta Santos, quien lamenta que no haya relevo generacional. «Estaré aquí hasta que los números dejen de cuadrar. Me da mucha pena ver cómo cada vez más negocios bajan la persiana y nadie vuelve a subirla. La gente, sobre todo joven, se va a las grandes superficies y allí compra todo lo que necesita. Los establecimientos damos mucha vida. Cuando nos vayamos, todo se convertirá en casas que se construyen en locales o en trasteros».
Este comerciante tira de nostalgia y rememora cómo, de chaval, jugaba en el local abandonado junto a la casa de Eulalia. «Allí hacíamos todo tipo de perrerías. También saltábamos por los tejados de la fábrica de textiles, que estaba al final de la calle». De igual forma, tiene grabado a fuego en sus retinas una huelga de basuras. «Estuvieron muchos días sin recogerla, todos los vecinos juntamos las bolsas de basura en un gran montón y les prendimos fuego», destaca.
Pedro García es otro histórico de San Lázaro. Abrió su tienda de electrodomésticos hace 41 años. «Tenía un negocio con otro socio en La Rubia y decidimos abrir una tienda en La Victoria porque me gustó la zona». Su fuerte cuando arrancó era la venta de televisores, según indica, si bien ahora los clientes se decantan más por frigoríficos, lavadoras y lavavajillas. «Mis clientes son más amigos que clientes. Muchos me llaman para que les sirva un electrodoméstico sin preguntarme el precio», sostiene García, quien subraya que en este tramo de vía había establecimientos tan míticos como Autorecambios La Victoria o la carpintería de Ernesto. Ahora está custodiado por dos bancos, Unicaja y Caja Rural. No son los únicos de la vía: muy cerca de este negocio está una oficina de Caja Laboral.
Más cerca de la plaza de la Solidaridad se encuentra Julio César Martínez, dueño del Quiosco Casa Sofía. En 1972, Julio y Sofía abrieron esta tienda, que nació impulsada por «la pasión, el trabajo y el tesón» de Sofía, la madre de Julio César, quien está a punto de jubilarse y busca que su establecimiento no baje la persiana para siempre. «Muchos clientes me dicen que les da mucha pena que me vaya». Además de revistas, periódicos y chucherías, este local despacha ilusión, una ilusión que viaja en cada billete de lotería. «Estoy contento. Me gusta mucho el trato con los clientes y este negocio me ha dado para vivir, aunque hay que echar muchas horas».
Las mismas horas que echa Eva Real, que se puso al frente de la librería Goyo hace 11 años. Aprendió el oficio en México y decidió regresar a Valladolid para poner en práctica todo lo aprendido. Este comercio es mucho más que un rincón en el que comprar libros o material de oficina. Intentan ir más allá con talleres de marcapáginas, manualidades con plastilina y cuentacuentos. «Queremos acercar el barrio a la gente», subraya Eva, quien admite que la actividad comercial «se ha mantenido», si bien «con mucho sacrificio».
Este sacrificio está detrás de la historia de Alicia Sáez, dueña de Peluquería Alicia. Llegó a la calle San Lázaro en 1988. «Tengo muchos clientes que están desde el principio y eso me emociona mucho, ya que lo difícil no es que entre la gente, sino que se mantenga a lo largo de los años», resalta antes de subrayar que, cuando llegó a esta arteria de La Victoria, había bares como La Picota, un quiosco que «daba mucha vida» a la plaza de Las Monjas, entre otros.
Y es que esta vía llama la atención por la cantidad de emprendedores que decidieron luchar por su negocio: Ferretería Delgado, que abrió sus puertas en 1969; Modesto Herrera, cuyas tijeras y peine han cambiado a medio barrio; o el germen del restaurante Paco Espinosa, situado en el paseo Obregón, que empezó a forjarse en un humilde bar de apenas 50 metros cuadrados en el que los parroquianos se tomaban un clarete o un corto de cerveza acompañado de una ración de oreja, torreznos o bacalao.

Una mujer con un niño pasea por la calle de San Lázaro en otra época.
La calle vallisoletana de la casa de Eulalia

Vista aérea del barrio de La Victoria.
La calle vallisoletana de la casa de Eulalia

Panorámica del barrio de La Victoria de Valladolid.
Panorámica del barrio de La Victoria de Valladolid

La calle de San Lázaro en la actualidad.
La calle de San Lázaro en la actualidad

María de los Ángeles Villarpriego con su hijo Yeray, dueños de Churrería Bruselas, en la esquina con la calle Monjas.
La calle de San Lázaro en la actualidad

La calle de San Lázaro en la actualidad.
La calle de San Lázaro en la actualidad

La calle de San Lázaro en la actualidad.
La calle de San Lázaro en la actualidad

La calle de San Lázaro en la actualidad.
La calle de San Lázaro en la actualidad

La calle de San Lázaro en la actualidad.
La calle de San Lázaro en la actualidad

La calle de San Lázaro en la actualidad.
La calle de San Lázaro en la actualidad

La calle de San Lázaro en la actualidad.
La calle de San Lázaro en la actualidad

La calle de San Lázaro en la actualidad.
La calle de San Lázaro en la actualidad

La calle de San Lázaro en la actualidad.
La calle de San Lázaro en la actualidad

Alicia Sáez, dueña de la peluquería Alicia, en el número 4 de la calle de San Lázaro de Valladolid.
La calle de San Lázaro en la actualidad

La calle de San Lázaro en la actualidad.
La calle de San Lázaro en la actualidad

La calle de San Lázaro en la actualidad.
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La calle de San Lázaro en la actualidad.
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Beatriz Sanjuan, dueña del centro de estética Beatriz, en el número 8-10 de la calle de San Lázaro de Valladolid.
La calle de San Lázaro en la actualidad

La calle de San Lázaro en la actualidad.
La calle de San Lázaro en la actualidad

Fernando Santos, dueño de la frutería Rosa Mari, en la calle de San Lázaro de Valladolid.
La calle de San Lázaro en la actualidad

La calle de San Lázaro en la actualidad.
La calle de San Lázaro en la actualidad

La calle de San Lázaro en la actualidad.
La calle de San Lázaro en la actualidad

Marian Valcárcel, dueña de la pescadería Los Hermanos Marian desde hace 30 años en la calle de San Lázaro de Valladolid.
La calle de San Lázaro en la actualidad

La calle de San Lázaro en la actualidad.
La calle de San Lázaro en la actualidad

Vanesa González, dueña del bar Donde Vane, en el número 10.
La calle de San Lázaro en la actualidad

Eva Real, dueña de la librería papelería Goyo, en el número 13.
La calle de San Lázaro en la actualidad

La calle de San Lázaro en la actualidad.
La calle de San Lázaro en la actualidad

La calle de San Lázaro en la actualidad.
La calle de San Lázaro en la actualidad

La calle de San Lázaro en la actualidad.
La calle de San Lázaro en la actualidad

Alberto Alba Herreras, dueño de la peluquería Modesto, en el número 10.
La calle de San Lázaro en la actualidad

La calle de San Lázaro en la actualidad.
La calle de San Lázaro en la actualidad

La calle de San Lázaro en la actualidad.
La calle de San Lázaro en la actualidad

Yuribel García, dueña de la tienda de alimentación Latina Sabor Zuliano de la calle de San Lázaro.
La calle de San Lázaro en la actualidad

La calle de San Lázaro en la actualidad.
La calle de San Lázaro en la actualidad

Varios clientes en el bar Donde Vane, situado en la calle de San Lázaro de Valladolid.
La calle de San Lázaro en la actualidad

Guillermo Mendoza, dueño del bar La Barra, situado en la esquina con la calle Villanubla.
La calle de San Lázaro en la actualidad

La calle de San Lázaro en la actualidad.
La calle de San Lázaro en la actualidad

La calle de San Lázaro en la actualidad.
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Árbol de Navidad de la plaza de la Solidaridad del barrio de La Victoria.
La calle de San Lázaro en la actualidad

Uno de los escaparates de la calle de San Lázaro con adornos de Navidad.
La calle de San Lázaro en la actualidad

La calle de San Lázaro en la actualidad.
La calle de San Lázaro en la actualidad

La calle de San Lázaro en la actualidad.
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Nicole, Melanye, Claudia y Sonia, equipo de la empresa de reparación de electrodomésticos Avelectro, en el número 19.
La calle de San Lázaro en la actualidad

Rubén Miguélez, dueño de la peluquería Cambio y Corto, en el número 21.
La calle de San Lázaro en la actualidad

La calle de San Lázaro en la actualidad.
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La calle de San Lázaro en la actualidad.
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La calle de San Lázaro en la actualidad.
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Carlos Rubio, dueño del bar Café Más, en el número 26.
La calle de San Lázaro en la actualidad

La calle de San Lázaro en la actualidad.
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La calle de San Lázaro en la actualidad.
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La calle de San Lázaro en la actualidad.
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Alberto Alba Herreras, dueño de la peluquería Modesto, en el número 10.
La calle de San Lázaro en la actualidad

La calle de San Lázaro en la actualidad.
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Escaparate de la librería-papelería Goyo en la calle de San Lázaro.
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Una mujer asoma con su perro por una de las ventanas de la calle de San Lázaro de Valladolid.
La calle de San Lázaro en la actualidad

Churrería Bruselas, uno de los establecimientos más míticos de la calle de San Lázaro.
La calle de San Lázaro en la actualidad

Quiosco de la ONCE en la plaza de las Monjas que divide en dos la calle de San Lázaro.
La calle de San Lázaro en la actualidad

Varias personas en la plaza de las Monjas de la calle de San Lázaro.
La calle de San Lázaro en la actualidad

La calle de San Lázaro en la actualidad.
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La calle de San Lázaro en la actualidad.
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La calle de San Lázaro en la actualidad.
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La calle de San Lázaro en la actualidad.
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La calle de San Lázaro en la actualidad.
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Bloques de pisos en la calle de San Lázaro de Valladolid.
La calle de San Lázaro en la actualidad

La calle de San Lázaro en la actualidad.
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La calle de San Lázaro en la actualidad.
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La calle de San Lázaro en la actualidad.
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La calle de San Lázaro en la actualidad.
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La calle de San Lázaro en la actualidad.
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