Diario de Valladolid

LA QUINTA ESQUINA

Jesús Herreras: "El soterramiento es un proyecto de ciudad, lo que se ha dicho que no se puede hacer son excusas"

El presidente de FECOSVA defiende que el futuro del comercio pasa también por ese proyecto: "Transformaría completamente Valladolid"

Jesús Herreras durante su intervención de anoche en La Quinta Esquina.

Jesús Herreras durante su intervención de anoche en La Quinta Esquina.E.M.

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La última entrega del año del programa de debate La Quinta Esquina, realizado por La 8 Valladolid, Diario de Castilla y León – El Mundo y EsRadioCyL, tuvo como protagonista anoche a Jesús Herreras, presidente de la Federación de Comercio y Servicios de Valladolid y Provincia (FECOSVA), que aprovechó el altavoz del espacio para hacer balance de la campaña de Navidad y de todo este año para el pequeño comercio, denunciar la presión fiscal y burocrática que soportan los autónomos, criticar con dureza la nueva tasa de basuras, alertar sobre el impacto de la zona de bajas emisiones y reivindicar, una vez más, el soterramiento del ferrocarril como gran proyecto transformador de Valladolid.

Desde los primeros compases de la tertulia, Herreras situó el foco en la campaña de Navidad, ese periodo decisivo para el comercio de proximidad. Aseguró que los establecimientos vallisoletanos están en el corazón de la temporada: «Creo que estamos en plena campaña, ahora mismo diría que en mitad de la campaña de Navidad, más o menos». Subrayó que los hábitos de compra han cambiado en los últimos años, con una clientela que planifica más sus adquisiciones, aunque sin renunciar al clásico tirón de última hora: «Hemos aprendido bastante a comprar y a planificar las compras, eso también lo notamos en el comercio, tanto en la alimentación como en otros sectores. Lo que pasa es que siempre hay compras de última hora, siempre hay detalles o cosas que hemos visto y dejamos para última hora, pero en general todos, en el día a día, hemos aprendido bastante a planificarnos y a comprar mejor».

Ese cambio de comportamiento no resta importancia al peso económico de estas fechas. El presidente de FECOSVA recordó que, para muchos negocios, la campaña navideña marca la diferencia de todo un ejercicio: «Hay que tener en cuenta que para muchos sectores estas fechas suponen hasta un 50% de su facturación anual» y, en ámbitos como el mundo del regalo o el juguete, «en algunos casos incluso más, más de ese 50%». Para otros comercios, añadió, la horquilla puede situarse «en torno a un 40%, 30-40%», aprovechando que «se hacen muchos regalos» y que estas semanas coinciden con plena temporada de otoño-invierno, lo que otorga a la Navidad «un peso importante» en la cuenta de resultados.

A partir de ese diagnóstico, Herreras enlazó rápidamente con el balance del año y los nubarrones que ve sobre el horizonte del 2026. Preguntado por el estado de la economía local y del comercio a pie de calle, no dudó en señalar a la fiscalidad y a la proliferación normativa como las principales amenazas para el pequeño negocio. «Como factores de preocupación para el pequeño comercio, el comercio de proximidad, estarían las enormes cargas impositivas que tenemos y la normativa tan extensa que tenemos que cumplir, que suponen un obstáculo muy grande, porque cada día cuesta más ese tópico que decimos ya de levantar la persiana, la verdad es que nos cuesta cada vez más», afirmó.

En ese contexto, situó la nueva tasa de residuos del Ayuntamiento de Valladolid como uno de los golpes más duros del año para el sector. Recordó que el comercio ya ha mostrado públicamente su rechazo a una ordenanza que consideran desproporcionada y mal diseñada. «Ha habido recientemente una cosa que nos ha preocupado mucho, es la tasa de residuos, la tasa de basuras, que vemos que se ha aplicado para el comercio de una forma muy injusta, porque no somos ni mucho menos el sector que más genera, o los que más generamos, y sin embargo se nos está cobrando hasta tres y cuatro veces más», denunció.

El presidente de FECOSVA quiso explicar con detalle por qué el sector considera que la ordenanza no responde al espíritu de una tasa, sino a una recaudación indiscriminada que no mide el servicio real prestado. «Lo primero que quería era decir la diferenciación que hay entre un impuesto y una tasa. El impuesto es generalista, va destinado a diversas acciones y el político correspondiente lo destinará a lo que considera oportuno. La tasa es el pago por un servicio», expuso, antes de recurrir al ejemplo del agua: «Si tú gastas mucha agua es justo que pagues mucha agua, y si gastas poca agua pagas menos. Nosotros lo que pedimos en el caso de la basura es que se mida de alguna manera la basura que genera cada sector, en este caso yo represento al comercio, que nos lo midan y que paguemos en torno a la basura que generamos».

En esa línea, insistió en que los comercios generales no producen residuos equiparables a los de un hogar. «Nosotros residuo orgánico no generamos prácticamente nada, vidrio tampoco generamos, papel y cartón», detalló, para a continuación poner cifras concretas sobre la mesa: «Por ejemplo, una vivienda de unos 80-90 metros paga en torno a 80-85 euros y una tienda de ropa o calzado de ese mismo tamaño paga 350. Es una desproporción». Herreras consideró ilustrativo el ejemplo de un local de 100 metros comparado con un piso similar: «Si a nosotros nos cobraran lo mismo, 100 o 150 euros, diría que no me parece justo porque generamos menos basura que una vivienda». Sin embargo, la realidad es que «entre esos 80 euros y los 350-400 hay establecimientos que están pagando 600-700 euros de tasa, es desproporcionado».

A esa queja se suma otra que, a juicio de la federación, resulta incomprensible: la obligación de pagar la misma tasa en locales cerrados, sin actividad. «Hay otra serie de cosas que a nosotros tampoco nos parecen justas, que un local que está cerrado pague la misma tasa de basuras, cuando por ejemplo un almacén no la paga o una plaza de aparcamiento no la paga, y un local que está cerrado sí la paga», reprochó, insistiendo en que, en el caso de las actividades económicas, «es muy fácil controlarlo, si tú tienes un alta en una actividad económica».

Herreras explicó que FECOSVA ha tratado de agotar la vía del diálogo con el Ayuntamiento, tanto en reuniones formales como en contactos más informales con el alcalde y los concejales responsables. «Hemos mantenido conversaciones para que nos den explicaciones de por qué se ha diseñado así esta tasa y lo único que hemos tenido hasta la fecha son promesas de que la van a hacer una regulación un poco más ajustada para el próximo año. Este año no nos queda más remedio que pagarla», relató. Al mismo tiempo, deslizó que, si esos ajustes no llegan, los comerciantes se plantean acudir a los tribunales, recordando que «ha habido ayuntamientos, como por ejemplo el de León, que se la han recurrido y se la han tumbado, y eso crearía un problema para el Ayuntamiento» vallisoletano si se repitiera el escenario.

Más allá de la tasa de basuras, el presidente de la federación aprovechó para poner voz al hartazgo de los autónomos con lo que considera una avalancha administrativa que resta tiempo al negocio y mina el ánimo del sector. Tras escuchar el dato de 200 horas anuales dedicadas a trámites burocráticos, respondió con una mezcla de resignación y denuncia: «Esto es el día a día plasmado en cifras. Cuando lo vemos así, de una forma muy abultada, nos sorprende, pero los autónomos y las pequeñas tiendas lo sufrimos en el día a día». Describió una realidad «tremenda» derivada de la acumulación de normas nacionales, autonómicas y locales que hace prácticamente imprescindible contar con asesoría externa: «Nos van sumando las tres administraciones que tenemos, la nacional, la autonómica y la local».

El problema, añadió, no es solo económico, sino también anímico. «Estamos incluidos perfectamente en esa vorágine de papeleo y de costos que tenemos que soportar cada día y es por eso que desanima», reconoció. Y fue más allá al afirmar que la situación «va a peor» pese a las promesas políticas de simplificación: «A nivel político se dice siempre que es para mejorar. En muchos casos son normas innecesarias, normas que son populistas, que no sirven para nada y que nos suponen más que cargas continuamente, tanto económicas como de papeleo, y encima vienen la mayor parte de las veces con amenazas de sanciones». De ahí que, según su experiencia, «muchas pequeñas tiendas adelantan incluso su jubilación y adelantan el cierre de sus establecimientos».

Ese cierre anticipado enlaza con otra preocupación de fondo: la falta de relevo generacional en el comercio tradicional. Herreras constató que «la gente más joven no lo ve como un sector atractivo» y que muchas veces no percibe el futuro que todavía tiene este modelo de negocio: «No lo ven a lo mejor como un sector de futuro, pero en muchos casos sí que lo tiene», defendió. Admitió que los horarios y la carga de trabajo pesan en la percepción social, pero quiso relativizar esa idea: «La gente joven lo ve muy sacrificado, pero luego se ponen a trabajar en otro trabajo y también tienen sus cosas, porque todos los trabajos tienen sus horarios y sus problemas». Por eso, reivindicó que «todos los trabajos tienen sus cosas buenas, sus cosas malas, sus compensaciones» y que, en el caso del autónomo, «tener el control de tu propia empresa, de tu propio trabajo y de tu propio negocio tiene sus compensaciones».

En el bloque dedicado a normativas, la conversación viró hacia la zona de bajas emisiones (ZBE) de Valladolid y su impacto sobre el comercio en áreas como La Rondilla o Torrecilla. Herreras recordó que el primer diseño de la ZBE, con el anterior equipo de gobierno, fue percibido como «una zona absolutamente desproporcionada, descomunal», que abarcaba desde el río hasta Delicias y el Paseo Farnesio. «Creemos que era injusta», sostuvo, y reconoció que, con el cambio de gobierno y la reducción del perímetro, «lo agradecimos mucho».

Pese a esa rectificación, dejó claro que cualquier restricción a la movilidad se nota en caja: «Estas restricciones se han notado, todo lo que sea restricción a la movilidad el comercio lo nota, porque hay mucha gente que no puede ir andando, por la compra que ha efectuado o porque tenemos una población muy envejecida», expuso. Recordó que muchas personas necesitan acceder en coche al centro con sus padres o abuelos, o incluso con sus mascotas a las clínicas veterinarias, y que las excepciones previstas implican trámites añadidos: «No deja de ser un inconveniente, porque tienes que hacer un trámite en la clínica o si vas a acceder a un hotel».

Herreras aprovechó para aclarar dudas prácticas sobre el funcionamiento de la ZBE y el sistema de matrículas. Rebatió la idea de que siempre haya una multa inicial que después haya que recurrir: «Si lo haces bien no te multan. Tú vas a ir a una clínica veterinaria o a una clínica normal, das allí tu matrícula y ellos comunican al ayuntamiento tu matrícula. Eso es igual que ocurre con los parkings, el parking te recoge tu matrícula, ahora están automatizados». Del mismo modo, explicó que «no hay multa previa si lo haces bien», insistiendo en que el cruce de datos entre cámaras y establecimientos autorizados evita la sanción cuando se cumplen los requisitos.

Sin embargo, el presidente de FECOSVA fue más allá del caso local para cuestionar la eficacia global de las ZBE y de las políticas europeas contra las emisiones en el sector del motor. «Invitaría a hacer una reflexión de si realmente estas zonas de bajas emisiones sirven para algo, porque habría que verlo. Creo que hay mucho de propaganda en todo lo que se está hablando de las zonas de bajas emisiones, de los motores de combustión», señaló, enlazando con la reciente decisión de la Comisión Europea sobre la fabricación de vehículos de combustión y con la competencia china en el mercado mundial del automóvil.

En esa reflexión, sostuvo que toda esta agenda ―desde las restricciones urbanas hasta el calendario de los motores de combustión― se enmarca en la lucha contra el cambio climático, pero advirtió de los riesgos si las grandes potencias no asumen compromisos similares. «Todo entra dentro de qué hacemos para intentar controlar el cambio climático, pero hay en el mundo Estados Unidos y China, que son las dos grandes potencias, los que más se están contaminando y no hacen absolutamente nada. Los demás queremos ser la bandera de que tenemos que hacer algo y resulta que nos estamos perjudicando», afirmó, apuntando que países como Alemania «han dado un puñetazo en la mesa» al ver peligrar su industria del automóvil. Confesó que él mismo se pregunta «si merece la pena poner en marcha todo esto para lo que se consigue» cuando el balance global de emisiones es tan desigual.

Al analizar el ambiente en las calles del centro durante estos días de diciembre, Herreras introdujo otra clave de cambio: la modificación de los hábitos de ocio. Tras escuchar la percepción de que algunas noches navideñas había menos gente paseando de lo esperado, apuntó que «el debate podemos ponerlo en el cambio de hábitos que está habiendo, de lo del tardeo». A su juicio, «ha cambiado incluso la gente más joven», porque «ha cambiado el ocio nocturno» y ahora no se sale hasta tan tarde, por lo que «a lo mejor la gente va antes a casa que antes y se ve menos gente» en determinadas franjas.

Con todo, no restó importancia al efecto disuasorio que pueden tener las restricciones y el ruido en torno a la ZBE sobre quienes viven fuera de la ciudad, pero vienen a comprar o a disfrutar de su oferta hostelera y cultural. «Cada vez que se oye una medida restrictiva, recuerdo cuando se anunció la otra vez, se decía que no se iba a poder entrar en Valladolid. Eso retenía a mucha gente», advirtió. Y recordó el papel tractor de la capital en el mapa regional: «Valladolid es la capital de Castilla y León, aunque no sea oficialmente, pero es la capital de Castilla y León y todos los días vienen clientes y viene gente de otras provincias, de Zamora especialmente, de Ávila, de Palencia, de todas las provincias prácticamente de Castilla y León y sobre todo las más cercanas», reivindicó, subrayando que cada freno a esa movilidad se nota en la caja de los comercios.

En la parte final del programa, la conversación giró hacia uno de los debates urbanos más largos y sensibles de la ciudad: el soterramiento del ferrocarril. Herreras fue contundente al recordar la posición histórica de FECOSVA: «Desde la Federación hemos sido siempre muy claros, hemos dicho siempre lo mismo, y es que estamos completamente a favor del soterramiento siempre», aseveró. A su juicio, «el grave problema que ha tenido el soterramiento, y es una desgracia para el vallisoletano, es que los políticos, todos los políticos, han hecho bandera de esto».

Pese a la disolución de la mesa anterior y a los vaivenes institucionales, se mostró convencido de que aún hay camino para revertir la situación. «Yo creo que solución hay, creo que solución va a haber», afirmó, recordando que FECOSVA sigue sentada «en la mesa del soterramiento» y que él está «porque quiero estar», convencido, igual que la CEOE, de que se trata de un proyecto crucial. «El soterramiento es un proyecto de ciudad, es un proyecto que transformaría completamente Valladolid», insistió.

Para explicar ese potencial transformador, recurrió a ejemplos de otras ciudades que dieron un salto tras acometer grandes intervenciones urbanas: «Hemos puesto muchos ejemplos cuando hemos comentado, como ocurrió en Bilbao cuando se hizo toda la actuación sobre la ría de Bilbao y se hizo el Guggenheim, muy criticado en su día. ¿Qué ha pasado con Bilbao? ¿Cómo está Bilbao? O el ejemplo de Valencia cuando se hizo la Ciudad de las Artes y las Ciencias. ¿Cómo está Valencia? Son proyectos transformadores de ciudad», defendió.

Frente a los argumentos sobre la imposibilidad técnica o económica del soterramiento, Herreras fue tajante: «Todo lo que se nos ha dicho de que no se puede hacer son excusas». Aseguró que el tiempo de ejecución «depende del dinero que se esté dispuesto a poner» y consideró que las decisiones adoptadas en torno a la nueva estación van en dirección contraria, al levantar «una estación preciosa, muy bonita», pero elevada, con «cuatro plazas de parking abajo para intentar que no se pueda soterrar o poner las máximas dificultades». «Eso es lo que nosotros no estamos de acuerdo», añadió, lamentando que, mientras se dice que no hay recursos, el coste del proyecto se haya disparado: «La estación en un principio creo que era entre los 70 millones de euros y de repente, de la noche a la mañana, 280 millones vale la estación».

El presidente de FECOSVA mostró plena confianza en que la sociedad vallisoletana pueda reabrir el debate con fuerza si se organiza y persevera, citando el ejemplo de otras ciudades donde la presión vecinal consiguió cambiar proyectos ferroviarios ya en marcha. Recalcó que la federación seguirá participando en las plataformas y campañas que reivindican el soterramiento como una apuesta de futuro para el comercio y para la cohesión urbana de Valladolid.

Finalmente, ya con la Navidad encima y el cierre del año a la vuelta de la esquina, Herreras dejó a un lado las cifras y las ordenanzas para lanzar un mensaje directo a los consumidores vallisoletanos. Preguntado por su deseo navideño, respondió: «Mi deseo es que nuestros oyentes sigan confiando en ese comercio próximo. Tenemos un comercio y unas calles además muy paseables, unas calles preciosas para tomarnos algo, para hacer compras, donde les vamos a atender estas navidades con mucho gusto, como hacemos siempre en el comercio de proximidad». Invitó a no limitarse al centro y a recorrer también las numerosas zonas comerciales de barrio: «El que todavía no haya paseado lo suficiente, no solo por el centro, sino por todas las muchas calles comerciales que tenemos en Valladolid, que las disfruten, que la compra en el comercio hace ciudad y que les vamos a atender muy bien», remarcó.

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