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Los cineastas argentinos claman contra Milei en Seminci: "Está aniquilando el cine"

Ezequiel Salinas y Ramiro Sonzini vuelven a Valladolid para presentar 'La noche está marchándose ya', una forma de resistencia contra el “asolamiento” del Gobierno argentino

Ezequiel Salinas y Ramiro Sonzini directores de ?La noche está marchitándose'

Ezequiel Salinas y Ramiro Sonzini directores de ?La noche está marchitándose'Europa Press

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Cuatro años tras obtener la Espiga de Plata en Valladolid por su cortometraje ‘La última aventura’, los realizadores argentinos Ezequiel Salinas y Ramiro Sonzini han presentado este jueves en Seminci su primer trabajo en el formato de largometraje, titulado ‘La noche está marchándose ya’. En esta obra, expresan un homenaje al cine como un salvavidas ante la desesperación, como una forma de resistencia contra la “aniquilación” que el Gobierno ultraderechista de Javier Milei ha estado llevando a cabo en su nación desde que asumió el poder.

La película toma su título de uno de los versos de ‘Qué pasará mañana’, la canción de Perales, que como bien explicó Salinas bien podría haber sido el título del propio film. El relato arranca cuando el gerente del cineclub municipal de Córdoba comunica a sus dos proyeccionistas que, debido a los drásticos recortes, uno de ellos perderá su empleo, si bien podrá recolocarse como vigilante nocturno, cobrando eso sí una cantidad irrisoria.

Tras echarlo a suertes la reubicación le toca a Pelu, un estupendo Octavio Bertone, estrecho colaborador de los cineastas, cuyo oficio en la vida real es el de proyeccionista en ese mismo cineclub. Como metáfora de la resiliencia y capacidad de adaptación del pueblo argentino, él hace de la necesidad virtud y convierte el cine, literalmente, en su casa, un espacio donde acabará dando cabida frente al desamparo a las muchas almas perdidas que, como él, se la noche a la mañana han visto como sus perspectivas de futuro se desvanecían.

La película, según detalló Salinas en el encuentro con los medios, recogió por Ical, es fruto del vuelco en la situación personal de los directores y del propio protagonista, que de golpe se quedaron sin trabajo. “Pensamos que igual nunca podríamos volver a trabajar en el cine, y decidimos disfrutar y jugar”, apuntó. Así, el principal punto de partida del film fue rodar en el Cineclub Municipal Hugo del Carril de su Córdoba natal, que para Sonzini es “el espacio donde ocurre cuanto tiene que ver con el cine independiente”. “Es el lugar donde la gente del cine se encuentra, es como nuestra casa. Se trata además de un edificio arquitectónicamente muy peculiar, y como lugar simbólico fue muy sencillo imaginar una historia allí, porque lo habitamos a diario”, relató.

Dicho y hecho, pusieron el marcha el proceso creativo, que avanzó a un ritmo trepidante. Según contaron, en en apenas cuatro semanas se escribió el guion, y no supero ese tiempo lo que invirtieron en la preproducción. Además, entre las primeras decisiones estuvo la de rodar en blanco y negro, con una textura muy especial que envuelve la historia en un tono onírico que nos traslada al despertar del cine independiente norteamericano de los años 80.

Una mirada de esperanza

Esa apuesta estética, además, les permitía emparentar su narración con “una escena cinematográfica muy particular", comentó Salinas, el cine preclásico norteamericano de los años 30, que “fue fruto del crac del 29, donde irrumpieron en la ficción personajes a los que el sistema había apartado económicamente, protagonizando tragedias que nunca perdían de vista un cierto sentido del humor”. “En esos años ni siquiera los géneros estaban consolidados, por lo que esas películas eran en cierto modo mutantes en ese sentido”, añadió el realizador.

Así, por la enorme pantalla del cineclub, desfilan en las largas noches que recoge el film obras como ‘Fueros humanos’ (Franz Borzage, 1933) o ‘La venganza del bergatín’ (1948), entre otras, películas donde, como señalan en ‘La noche está marchándose ya’, y como le sucede a ella misma, “la comedia era un melodrama”.

“Aquellas películas surgieron de una gran crisis social, y nosotros sentimos que, aunque la realidad política de Argentina siempre es muy turbulenta, el triunfo de la ultraderecha marcó la entrada a una crisis vital directa para todos nosotros”, expusieron. Ambos cineastas fueron contundentes a la hora de valorar la situación actual de la cultura en su país natal, y censuraron que “la gestión pública allí está dispuesta a recortar cualquier área”.

“En Argentina se está aniquilando el cine entero, sea pequeño, mediano o grande. Se busca que la nación deje de producir cine y cultura en general, en una escala muy grande. Milei buscó un enemigo y señaló al cine. Paralizó la financiación y producción en todas las escalas”, aseguró Salinas, mientras Sonzini lanzó una mirada optimista y pidió “no volverse loco” porque “históricamente la vida política en Argentina es impredecible”. “Hay que tener paciencia. Tenemos muy claro que no vamos a dejar de hacer cine, no solo filmar películas sino también tratar de vivir cerca del cine y participar activamente en la comunidad del cineclub, para que ese espacio sea cada día más fuerte y habitado. Cuando Milei se vaya, que acabará yéndose, tenemos que lograr un sistema que sea mucho mejor que el que teníamos antes. No hay que perder el deseo de imaginarse una vida mejor”, exhortó.

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