Diario de Valladolid

Ana María tras darle la razón la justicia por la negligencia médica con su hijo en Valladolid: "Fue una dejadez total y absoluta"

El Tribunal Supremo sentencia la indemnización para la familia del niño que cuenta con una discapacidad del 90%: "No compensa el dolor, pero da tranquilidad saber que no le va a faltar nada»"

Ana María Pelaz y su hijo Adrián, que tiene una discapacidad del 90% desde el suceso

Ana María Pelaz y su hijo Adrián, que tiene una discapacidad del 90% desde el sucesoE.M.

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Maria Bausela

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Tranquilidad, eso lo que siente Ana María Pelaz ya que tras 13 años en los tribunales ha logrado que se haga justicia para su hijo que cuenta con una discapacidad del 90% después de haber sufrido una negligencia médica debido a "una dejadez total y absoluta" siendo un bebe. "La indemnización no compensa el dolor, pero me da tranquilidad saber que el día que nos pase algo a su padre o a mi a Adrián no le va a faltar de nada". Pelaz recuerda con gran detalle el momento en el que acudió con su hijo, que ahora tiene 15 años, a una clínica de Valladolid para realizarle una resonancia magnética. “Nos parecía como que estaba un poco despistadillo, pero el niño estaba bien, iba a la guardería, caminaba... Decidimos hacerle la resonancia, una prueba normal, y a la media hora nos dijeron que mi hijo había tenido una parada cardiorrespiratoria e iban a trasladarlo al Hospital Clínico. Ahí empezó la odisea”.

En un principio detalla que les explicaron que la parada había sido «muy cortita, que no había tenido secuelas, que no iba a pasar nada» pero rápidamente observaron «que el niño no se mantenía sentado, ni siquiera sujetaba la cabeza. Son de estas cosas que has escuchado siempre, pero que nunca has pensado que te van a tocar a ti».

“Decidimos trasladarle al Hospital Niño Jesús a Madrid, y ahí ya es cuando nos cuentan que, si bien la primera resonancia que se llega a realizar al niño antes de la parada es totalmente normal, en la segunda que se hace después de la parada se observa un daño cerebral. Vimos que la negligencia fue una dejadez total y absoluta porque se hubiera solucionado con un simple pulsímetro en el dedo del niño para que vieran que había dejado de latir. Empezamos a darnos cuenta de que había pasado algo grave y que nuestra vida a partir de entonces va a cambiar”, remarca.

“Al principio intentamos de alguna manera restablecernos, con eso teníamos bastante. Te tienes que adaptar paulatinamente, vas pasando por esas fases de negación, de aceptación, etc. Es como un duelo. Ya a partir de a los seis meses, nos pusimos en contacto con el abogado, le contamos nuestra historia e interpusimos la denuncia”. Así comenzó este largo proceso en los tribunales de más de una década de duración, un periodo en el que han intentado “llevar una vida normal, intentar que a Adrián no le faltara de nada, y que no nos condicionara tanto como para no vivir”.

Pese a los hechos que habían acontecido apunta que la primera sentencia les llegó “de sorpresa”. “Que te den la razón da una sensación de alivio, de saber que no estamos locos. Al principio nos planteamos dejarlo, no seguir adelante con la denuncia porque cuando fui a pedir los papeles que firmé, en los que había puesto sus alergias, antes de que el niño entrara en la sala ese documento ya no estaba, había desaparecido. Pensamos que iba a ser imposible demostrarlo, pero luego parecía que las cosas se iban arreglando. Tuvimos mucha suerte con médicos que nos apoyaron sin conocernos de nada y nos dimos cuenta de que podía hacerse justicia”.

Este proceso judicial que ha terminado con final feliz, apunta que ha tenido un efecto más allá de su caso puesto que, cuando salió la sentencia de 2019, hubo padres que se pusieron en contacto con ella para contarle que “les había pasado algo parecido en algún momento, pero nunca se habían atrevido a denunciar y a raíz de leer nuestro caso se estaban planteando hacerlo. Me dio mucha satisfacción porque a mí me hubiera gustado en su día poder haber hablado con alguien que hubiera vivido esto, por ello quiero que quien oiga de esta sentencia y este en nuestro lugar sepa que se puede, y que las aseguradoras también vean que vamos a seguir hasta el final”.

Tras esta larga lucha la sentencia del Tribunal Constitucional marca un antes y un después para la familia. “Estamos muy aliviados, sobre todo, porque ese dinero es de Adrián. No te compensa el dolor, pero nos da tranquilidad saber que el día que nos pase algo no le va a faltar de nada. Va a servir para que la gente que se quede a su cargo no tenga problemas económicos. Es como una especie de seguro”.

“Comparo con otros niños, veo su vida y es totalmente diferente. Adrián no camina, no habla, se comunica a través de una tablet visualmente. No va a tener la vida de los chicos de su edad, pero intentamos cada día que sea lo más feliz posible y me da alivio pensar que va a estar siempre cubierto para lo que necesite. Hace poco vi unos exoesqueletos para que los niños pudieran andar y el precio es bastante elevado. Ahora puedo plantearme comprárselo y conseguirle las mejores ayudas", expresa emocionada.

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