Caída de luz en los negocios
El comercio de Valladolid sale casi indemne del apagón: “Lo sorteamos por los pelos”
Heladerías, carnicerías y restaurantes salvan los muebles, aunque hay grandes afectados: “He perdido 10.000 euros en cinco horas”, confiesa Diego Rodríguez, dueño de diez locales de hostelería

Óscar Garrote, de Vino Tinto, con sus chuletas de vacuno mayor a buen recaudo.
Los comercios de Valladolid sortearon a duras penas el apagón de luz de casi seis horas de este lunes 28 de abril, pero por los pelos. Lo peor, confiesan empresarios consultados -todos dependientes de la cadena de frío-, fue la “angustia” de no saber hasta cuándo se prolongaría la falta de electricidad.
Los únicos que libraron, por fortuna, fueron los puestos de pescado de los mercados y supermercados y las pescaderías porque, como es sabido, las lonjas no surten los lunes.
Las horas siguientes a las 12.40 del lunes estaban cubiertas por el remanente de frío en las cámaras. Pero, ¿Qué pasaba, si la ausencia de luz se prolongaba a más de uno o dos días? Esta incertidumbre fue el peor recuerdo del 28-A en Valladolid, en todo tipo de comercios dependientes de refrigeración en sus productos.
Flores para el Día de la Madre
“Lo que más nos afectó de forma inmediata fue el pago con datáfono. Cuando se fue la luz, teníamos cuatro clientes, de los cuales tres pagaron en efectivo y una carecía de dinero, pero al ser una clienta de toda la vida quedamos en que volvería a pagar otro día”, aseguró Marta Herrán, dueña de la floristería ‘Mary’ de la plaza del Val.
Herrán relató así el perjuicio contante y sonante del apagón en el primer momento, pero reconoce que la incertidumbre de no saber hasta cuándo duraría el apagón, fue lo que peor llevó.
“He tenido que llamar al técnico informático porque se me cayó el servidor de la planta de abajo que alimenta al resto de ordenadores. Pero la máxima preocupación era si las flores que hemos recibido para la campaña del Día de la Madre, del 4 de mayo, se podrían venir abajo sin corriente eléctrica. Sé que hay floristerías que no tienen cámaras, pero no sé como pueden vivir, porque la flor se hidrata estando en la cámara y alarga su duración. Si esto se hubiese prolongado tres o cuatro días habría sido catastrófico para el sector. Es un volumen importante, de los claves en el año”, indicó Herrán.
Del delicado mundo de la clorofila, al de la proteína animal. Y además, no tan lejos de la plaza del Val. José Luis Gómez, empleado del puesto de carnicería ‘Los Zamoranos’ del mercado de la misma zona, explicó que el lunes pudieron dar un capotazo al desplome de suministro eléctrico, con relativa facilidad, aunque es evidente que las ventas se resintieron desde la una al cierre de la mañana.
“Al irse la luz pasamos las piezas de carne del mostrador, que está a 4 grados, a las cámaras, que registran cero grados. En esa temperatura sabíamos que contábamos con muchas horas de colchón porque si bajan los grados, es muy lentamente. Por poner un ejemplo, habría aguantado toda la noche sin problemas. La preocupación estaba en que no se sabía el lunes por la tarde cuándo iba a ser la recuperación del suministro”, indicó Gómez en conversación con este diario minutos antes de que apareciera una comitiva del Ayuntamiento, con el alcalde Jesús Julio Carnero a la cabeza para interesarse por cómo vivieron el 28-A.
Cerca de este puesto de carnicería, el charcutero Luis Crespo indicó que el apagón de luz le afectó de “lleno” en dos procesos de su negocio: el pesado del producto y la cortadora eléctrica de los embutidos. “Tuvimos que seguir vendiendo solo bandejas que tenían precio por unidad y cobrándolas en metálico. Por suerte no abrimos por las tardes”, indicó.
Burratas y quesos tiernos desechados
Dos heladerías del entorno de la Plaza Mayor lograron incluso no perder género. Así lo confesó el encargado de Xocó en la calle Santiago. “Pudimos servir helados hasta las 5 de la tarde porque ya empezaban a derretirse. El poco frío que quedaba en las cámaras era para que no se fastidiaran. Tal y como vino el día, estamos contentos porque cerramos a las nueve de la noche vendiendo pan, bollería y todos los churros. Es verdad que tuvimos, hasta que volvió la luz, la preocupación de que a más largo plazo se podría perder todo el género e incluso las cámaras”, indicó.
En Heladería Iborra el toque de corneta fue: todo al frigorífico. “Lo inmediato fue guardar el helado de los mostradores en las cámaras. Pensé que sí podría haber riesgo de producto al principio, al dudar de cuánto iba a ser el tiempo del apagón de electricidad, pero a las 18 horas volvió la luz, por fortuna”, indicó Antonio Iborra, responsable de negocio y heredero de la histórica heladería de la calle Lencería.
“Las cámaras están a -20 grados y eso ya daba tranquilidad. Pero como hubo otro apagón, decidimos no abrir por la tarde, pensando en la posibilidad de pérdida de género y de que iba a ser una tarde de incertidumbre. Decidimos no abrir por la tarde”, indicó.
Antonio Iborra sostiene que los afectados sí deberían tener derecho a reclamar ayudas. “Tendría que haber algún responsable que informe qué ha pasado. Y que los seguros respondan porque habrá comerciantes que han perdido mercancía”, indicó.
En la misma línea, Diego Rodríguez, empresario vallisoletano de hostelería con diez establecimientos en activo, abogó por el derecho a ser resarcido por la Administración.
Así lo afirmó afirmó el dueño de, entre otros negocios, las sidrerías Trabancos y El Gallu, y La Maruquesa, Calixto, Sala Veinte, Molly Malone o Moss. Rodríguez tiene perspectiva de sobra de cómo un apagón de luz puede afectar a una red empresarial.
“Fueron problemas por todos los lados, desde un servicio que no lo puedes dar con normalidad, a que las cámaras no funcionaban, pasando por la pérdida de género como la burrata y otros quesos en los que no quise arriesgar”, indicó.
También otro perjuicio, indicó, fue la acumulación de vajilla sin limpiar por falta de agua, así como la pérdida de género. En total calcula que ha perdido 10.000 euros en estas seis horas sin servicio, ya que suspendieron las comidas de los restaurantes. "Entiendo que tenemos derecho a pedir una indemnización puesto que, en orden inverso, estamos sujetos a continuas inspecciones, controles y sanciones. Con diez negocios he perdido unos 1.000 euros de facturación por establecimiento que debo recuperar para pagar nóminas, alquileres, suministros o proveedores", indicó.
Óscar Garrote, de Vino Tinto, hizo de la necesidad virtud y logró convertir un contratiempo como fue perder 65 reservas que iban a comer a mediodía del lunes en el establecimiento de la calle Campanas, en una "fiesta" improvisada. "La carne la salvamos porque las cámaras están a 4-6 grados y además cuento con un generador como plan B si no vuelve la luz. La comida con los 65 que habían reservado se improvisó cortando un jamón, platos de lomo, tomate de la huerta y vino. Fue una fiesta y la bautizamos como la del 'jamón del apagón", indicó, con ironía.

Óscar Garrote improvisó la imposibilidad de dar 65 comidas el lunes con un menú de jamón, tomate lomo y vino. EM.
El comercio de Valladolid sortea el apagón de luz.

Antonio Iborra, de la heladería de la calle Mantería.
El comercio de Valladolid sortea el apagón de luz.

Puesto de embutidos de Luis Crespo en el mercado del Val.
El comercio de Valladolid sortea el apagón de luz.

Puesto Los Zamorarnos del mercado del Val.
El comercio de Valladolid sortea el apagón de luz.

Marta Herrán de floristería 'Mary' de la plaza del Val.
El comercio de Valladolid sortea el apagón de luz.

La herladería Xocó de la calle Santiago vendió helados hasta las 5 de la tarde cuando empezaron a derretirse, .