Diario de Valladolid

BARRIO A BARRIO

Una calle vallisoletana con pasado militar

Los vecinos más veteranos de la céntrica Domingo Martínez recuerdan que en el tramo final, antes de llegar a la tapia del tren y cerca de la Plaza del Ejército, hubo chalets en los que vivieron militares

La calle Domingo Martínez con la calzada encharcada y sin asfaltar en 1970

La calle Domingo Martínez con la calzada encharcada y sin asfaltar en 1970ARCHIVO MUNICIPAL DE VALLADOLID

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Valladolid

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Los propietarios de los negocios que mantienen abiertas las tiendas varias décadas después en la calle Domingo Martínez agradecen la cercanía del Paseo Zorrilla y la plaza de toros. Tras dejar atrás el tramo que discurre entre El Corte Inglés y el coso taurino, Domingo Martínez aparece como una recta interminable. Los dueños de los primeros establecimientos que uno se encuentra durante el paseo son veteranos. Comuniqué vende ropa de mujer desde hace 34 años y Arco Iris se dedica a la papelería y librería desde hace 27. Carmen y Manuel José están encantados. Los negocios les van bien y la relación con los vecinos de la calle es buena. Es una zona tranquila. Se comprueba enseguida. No abundan las tiendas. Lo que llama la atención es la majestuosidad de los bloques de viviendas. Desde fuera se observa que son casas grandes. Y si uno se fija con atención en las fachadas puede dar cuenta del buen cuidado que han recibido.

Nos encontramos en un territorio que muchos años atrás estuvo habitado por militares, sobre todo en el tramo final de la calle, antes de llegar a la larguísima Avenida de Irún. Ocuparon buena parte de los pisos de Domingo Martínez y en algunos casos lo hicieron también en los chalets que entonces conducían a la Plaza del Ejército. Es una calle con pasado militar. Javier Viejo la conoce como pocos. Es uno de los vecinos más veteranos. Al igual que los tenderos que se instalaron allí, destaca la tranquilidad que se respira a diario. A veces parece excesiva y es que muchos de los propietarios de las viviendas llevan tiempo jubilados y no resulta frecuente que salgan a dar un paseo. La Plaza del Ejército sigue presidiendo el entorno. Muy cerca de allí hubo una ermita que ya desapareció. Han transcurrido varias décadas y los recuerdos se van difuminando. Los que tienen más memoria sí se acuerdan de los chalés de los militares.

Los propietarios de un bar y una carnicería son los más veteranos de la calle. Allí se instalaron hace 40 años y han tenido la habilidad suficiente para conseguir que los clientes sean también buenos amigos. En el caso de la carnicería J. Hevia, la calidad de los productos que despachan José Antonio y María José constituye el mejor aval para comprar. Y si hablamos del bar Medialuna, Javier logra día tras día que el establecimiento sea un magnífico punto de encuentro para hablar de cualquier asunto. Bares y cafeterías son buenos lugares para conversar y se aprecia de inmediato. El fútbol continúa siendo el deporte rey, el ascenso del Real Valladolid continúa siendo el gran tema de conversación y la alegría es inmensa por el éxito que supone para el club y la ciudad. Después de la celebración, el mayor interés se centra en conocer el calendario de la próxima temporada. Es uno de los temas que abordan a diario los clientes.

En el café bar Corresponsal también se respira espíritu taurino y deportivo, especialmente futbolístico ya que allí está la sede de la peña Atlética Valladolid. Pero se notan los efectos del final de la temporada y las conversaciones van en otro sentido. Los peñistas están pendientes de los fichajes para la próxima campaña y sacan pecho cuando se les recuerda que los ‘colchoneros’ volverán a Zorrilla para medirse al Pucela.

Las conversaciones en los bares terminan siempre abordando el fútbol y a falta de competición en la Liga de las Estrellas hay que centrarse en la recién comenzada Eurocopa. Como es tradición, no faltan las famosas porras con los pronósticos .

La calle adquiere mayor dimensión cuando llegan las fiestas de la Virgen de San Lorenzo y de San Pedro Regalado, lógico si tenemos en cuenta que el trayecto hasta la plaza de toros no llega a los cinco minutos. Los vecinos de Domingo Martínez son futboleros pero también taurinos. Y si el cartel reúne a las grandes figuras, el debate resulta mucho más ameno. Así es la vida en los bares y así lo fue siempre gracias a la magnífica ubicación de la calle.

Mucho antes de que los militares se instalasen allí, Domingo Martínez también necesitó un largo periodo para que el solar inicial diera paso a una calle que se convirtió en un magnífico reclamo para quienes buscaban piso en Valladolid. Zona céntrica cien por cien, junto al Paseo Zorrilla, y no lejos ni del Campo Grande ni de la Plaza Mayor. Y con magníficas comunicaciones que con el paso de los años han mejorado todavía más.

La calle finaliza unos metros antes de la tapia que la separa de las vías del tren. El paseo permite ver una enorme diferencia entre el tramo inicial que arranca junto al Paseo Zorrilla y los últimos 200 metros. Llama la atención la reforma que se llevó a cabo en un edificio para instalar el ascensor, pero también pueden observarse enfrente establecimientos que han cerrado sus puertas. Permanecen los nombres de los negocios y al lado el cartel de venta o traspaso. En este sentido, Domingo Martínez no se libra de las nefastas consecuencias de una crisis que comenzó muchos años atrás y que sigue mostrando imágenes que hablan por sí solas. Y en ese tramo de negocios que terminaron perdiendo la rentabilidad de los buenos años hay casas abandonadas que antes o después serán demolidas para dar paso a nuevos bloques de viviendas.

Resulta habitual en muchas calles de Valladolid llevar a cabo reformas que incluyan la instalación de un ascensor pero no es posible en todas. La falta de espacio lo impide y eso mismo ha ocurrido en los bloques de viviendas más cercanos a la tapia.

La presencia de vecinos paseando por la calle se ha reducido. Lo confirman quienes llevan allí varias décadas. Entraron a vivir con su familia cuando eran niños y mantienen abierta la casa, aunque ven con pesar cómo otros residentes de más edad no han vuelto a pisar la calle. El episodio es idéntico al de muchísimas calles de Valladolid. Envejecen los residentes y falta relevo generacional. Los más jóvenes buscan vivienda pero fijan sus ojos en las que se construyen en los numerosos barrios de la ciudad. Este detalle no pasa inadvertido para los tenderos. Los clientes de toda la vida se hacen mayores, mientras los chavales buscan otras zonas a la hora de los encuentros con los amigos.

Una oficina del Inem anima la calle de vez en cuando, aunque los tiempos cambian y las colas que se formaban tiempo atrás han desaparecido. La mayor parte de las gestiones se realizan por internet y no existe ese abundante tránsito peatonal.

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