Diario de Valladolid

La calle principal de la gallinera de Valladolid

Es una de las grandes arterias de Parquesol y los tenderos que abrieron los primeros negocios, en el inicio de los 80, recuerdan que no había más que solares casi desérticos, muy pocos vecinos, una vaquería y una granja

Viviendas Adolfo Miaja Muela en Parquesol en 1985.- ARCHIVO MUNICIPAL DE VALLADOLID

Viviendas Adolfo Miaja Muela en Parquesol en 1985.- ARCHIVO MUNICIPAL DE VALLADOLID

Publicado por
Javier Álamo
Valladolid

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Los primeros vecinos que se instalaron en Parquesol son testigos de cómo se ha ido transformando el barrio hasta convertirse, junto con Delicias, en el más poblado de Valladolid. Al principio estaban prácticamente solos, muchos de los edificios que pueden contemplarse ahora no eran más que solares , terrenos vacíos. Una de las principales calles de Parquesol es Adolfo Miaja de la Muela, sin duda una de sus grandes arterías. Allí sobreviven cuatro décadas después varios establecimientos. Sus propietarios abrieron los negocios cuando las puertas de la vida se les abrían de par en par. Las primeras imágenes que se encontraron fueron bien elocuentes. Se habían construido unos pocos bloques de pisos y sin apenas vecinos uno puede imaginarse lo que suponía para estos pequeños empresarios arriesgar los ahorros que habían juntado y otros caudales procedentes de la familia. Pero el tiempo -ese magnífico juez- les ha dado la razón. Están cerca o incluso han superado la edad de jubilación y todos ellos disfrutan con la satisfacción del deber cumplido.

La calle en la que han escrito buena parte del guión de sus vidas lleva el nombre de un jurista y catedrático universitario reconocido como un pionero en la doctrina internacionalista española que influyó en la definición del Derecho internacional. Adolfo Miaja (Valladolid, 1908-1981) fue acusado en 1936 por un tribunal y condenado a doce años de cárcel por inducir a la revolución dando discursos que rayaban en temas marxistas y por tenencia ilícita de armas ya que en su casa se encontraron dos armas de fuego pertenecientes a su abuelo. En prisión, Adolfo no renunció a su vocación de docente y dio clases a sus compañeros. En 1941 se le concedió la libertad condicional, aunque vio que tenía todas las puertas cerradas y se dedicó entonces a la enseñanza particular.

Los tenderos instalados en esta calle han comprobado con el paso de los años que el esfuerzo realizado ha dado sus frutos . Se ve que el trabajo ha sido óptimo y un ejemplo de ello es que los niños que acudieron a las tiendas de Adolfo Miaja de la mano de sus padres siguen comprando en estos mismos establecimientos y curiosamente ahora son ellos los que llegan acompañados de sus chavales. Tres comercios comparten año de apertura , 1985. En un breve espacio de tiempo abrieron sus puertas el despacho de Pan y pastas que regenta Carlos Rodríguez, la tienda de reparación de calzado Almarza a cuyo frente están los hermanos José María y María de la Vega Martín Almarza y la librería Roel, donde 38 años después las hermanas Rosa y Elena García siguen atendiendo a los clientes. El nombre del comercio lleva las dos primeras letras de sus nombres. La sonrisa de ambas se acentúa cuando afirman que muchos de los clientes que tienen en la actualidad eran chavalillos cuando la librería vivía sus primeros meses. 

Pero el ranking de veteranos en la calle Adolfo Miaja lo lidera el quiosco Romi con 40 años vendiendo periódicos y revistas . Miguel Ángel Cuadrado, que lo regentó junto a su mujer, ya fallecida, señala que no ha realizado ninguna reforma desde 1983. El quiosco continúa donde abrió en un pasaje que comunica Adolfo Miaja con Mateo Seoane. Romi es el primer quiosco que se instaló en Parquesol. Al igual que los propietarios de las tiendas mencionadas, ubicadas enfrente de su negocio, Miguel Ángel también se armó de paciencia. Los primeros días y meses apenas vendía cuatro o cinco periódicos. Normal si la calle estaba casi vacía y por allí sólo transitaba una línea de autobús. Seguro que en más de una ocasión el conductor hizo algún trayecto en solitario. Los primeros propietarios de comercios en la calle Adolfo Miaja asistieron con el paso de los años a la construcción de bloques de pisos con edificios más altos de lo habitual en esa época en Valladolid, que superaban incluso las ocho alturas. 

Los primeros tenderos de Adolfo Miaja tuvieron unas curiosos ‘vecinos’ en los primeros meses . En el tramo que conduce desde la Avenida de Salamanca hasta la subida a Parquesol hubo una granja y una vaquería. Hasta allí se desplazaban muchos vallisoletanos para comprar una o dos docenas de huevos. Pero vacas y gallinas no fueron las únicas inquilinas en el entorno de la calle. Por allí deambularon también liebres y hasta ciervos , como recuerda el propietario del quiosco Romi. «En esos años vivía muy poca gente en la calle. Se estaban construyendo las primeras casas y lo que más había eran tierras de labranza», indica Miguel Ángel Cuadrado. «No había colegios. En la zona de la residencia de mayores celebrábamos la hoguera de San Juan y hacíamos sardinadas» , señalan las hermanas Elena y Rosa García. «Por la noche pasabas miedo porque vivía muy poca gente», añaden. Los primeros años en Parquesol resultaron duros para José María Martín. «Vivía en Valdestillas, a las ocho de la mañana cogía un tren para venir a Valladolid y por la noche regresaba». Lo que no se ha borrado de la mente de Carlos Rodríguez (Pan y pastas) era la presencia de los inquilinos del Psiquiátrico, ubicado muy cerca de la calle. «Paseaban por aquí y en ocasiones entraban a comprar», señala.

Los propietarios de los primeros establecimientos de Adolfo Miaja tenían una especie de punto de encuentro en el barrio. Allí se levantó Continente -hoy Carrefour-, donde hacían las compras semanales y quincenales. Eran otros tiempos. Al final de la calle, donde ahora se encuentra la residencia de mayores que da a tres calles (Adolfo Miaja, Amadeo Arias y Mateo Seoane), había un campo de fútbol. Al otro lado de Parquesol, en dirección salida a Zamora, Salamanca, León, Palencia y Burgos, ya estaba construido el nuevo estadio José Zorrilla , inaugurado en 1982, como recuerdan los tenderos más veteranos de la calle. Ellos abrieron después sus negocios en Parquesol pero sin embargo recuerdan que con el barrio prácticamente vacío, 1982 fue un año repleto de emociones para Valladolid y los buenos aficionados al fútbol ya que tras su estreno en un partido de Liga, el estadio albergó la final de Copa y tres partidos del Mundial con Francia, Kuwait y Checoslovaquia. Seguro que a estos tenderos les hubiera venido de perlas tener abiertos sus negocios cuando Parquesol fue el gran protagonista de Valladolid gracias a los partidos del Mundial.

Numerosas tiendas se fueron instalando en Adolfo Miaja y ahora ocupan las dos aceras casi en su totalidad. Un paseo por la zona permite ver la iglesia de Nuestra Señora de Prado , un taller, tres entidades bancarias, dos gimnasios, dos farmacias, varias peluquerías, establecimientos de fisioterapia, un restaurante, bares y el camino que conduce al parque de los almendros. 

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