Cura a la demanda

El sacerdote de Llano de Olmedo y Fuente-Olmedo alterna la misa dominical entre ambos pueblos y recoge con su coche a las vecinas de un enclave para llevarlas al otro, situado a cuatro kilómetros / Comenzó la ruta hace tres años por falta de gente, como alternativa al cierre de sus iglesias

María del Carmen Ramos, María Benita Aguado y Manuela Galán, en el coche del sacerdote, Ramón Peláez, frente a la iglesia de Fuente-Olmedo.-MIGUEL ÁNGEL SANTOS

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Laura G. Estrada
Valladolid

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Manoli, Carmina y Mari Beni se conocen «de siempre», desde que eran jóvenes y se acercaban, andando, a la localidad vecina para disfrutar de las fiestas. «Vaya frío cuando veníamos aquí en febrero. Hasta nieve había!», recuerda la primera, residente en Llano de Olmedo. «Y nosotras menudo calor en julio», añaden las otras dos, de Fuente-Olmedo.

Entonces las veces que coincidían se contaban con los dedos de una mano, pero su relación es más estrecha desde hace tres años, cuando empezaron a viajar con mayor asiduidad al pueblo de al lado. De hecho, ahora se ven todos los domingos, cuando el sacerdote, Ramón Peláez –don Ramón, como se dirigen a él–, pasa a buscarlas y las monta en su coche para que vayan a misa.

Cada semana se oficia en uno de los dos pueblos. Si este domingo toca en Llano, el cura hace parada primero en Fuente-Olmedo para que se suban Carmina (82 años) y Mari Beni (74). El próximo, ya saben que ellas hacen de anfitrionas y, al escuchar el rugido del Seat Córdoba, reciben a Manoli (82). Cuatro kilómetros de distancia y las iglesias de San Pedro y de San Juan Evangelista como punto de encuentro.

Estas tres mujeres son actualmente las únicas asiduas durante todo el año a la misa dominical en las dos pequeñas localidades próximas a Olmedo –si bien aclaran que en alguna ocasión el coche se llena– y este singular transporte a la demanda, la única alternativa que concibe el párroco para que los dos templos continúen activos y no suceda como en otros pueblos de la zona, en los que las iglesias únicamente abren sus puertas en momentos puntuales, generalmente coincidiendo con las fiestas patronales.

«En Calabazas sólo hay misa un día al año y ni siquiera en la iglesia, porque sólo queda en pie la espadaña, así que tenemos que hacerlo en la antigua escuela; y en Aguasal tres días al año, dos por San Isidro y otra en San Jorge», explica este párroco convertido también en chófer, antes de poner otros ejemplos, como el de Bocigas, Almenara o Puras, en los que la misa se celebra cada quince días y, además, no son los domingos, sino los sábados. «En Llano y en Fuente Olmedo se mantiene por los pelos».

Hasta hace no tanto tiempo estos desplazamientos para hacer misas conjuntas ni se les habría pasado por la cabeza. Porque unos años atrás, en los bancos de la iglesia de Llano se sentaba una veintena de vecinos, calcula el alcalde, Fermín Hernández. Y en Fuente-Olmedo «estaba hasta los topes, como en el resto de municipios y capitales, pero el vacío se nota en todas partes», apunta después Mari Beni.

El envejecimiento de la población ha provocado que mucha gente mayor se haya tenido que ir del pueblo porque ya no puede vivir sola en su casa y esta circunstancia, añade el regidor, se ha traducido en un menor número de feligreses.

De los 60 censados en Llano y 35 de Fuente-Olmedo, sólo un puñado vive en la localidad durante todo el año y, de ellos, no todos van a la iglesia. Unos, por sus creencias –o ausencia de ellas– y otros, por motivos de salud. Como la propia madre de Fermín, Áurea, que lleva «una racha sin poder ir».

Sin gente suficiente, había que buscar una solución y entonces el párroco decidió poner en práctica lo que su predecesor amenazaba con llevar a cabo si continuaba la sangría de asistentes. «Si hay menos gente en misa que plazas en mi coche, os llevo a otro pueblo», recuerda Ramón que decía el anterior cura. «Y a mi ha tocado llevarlo a efecto», explica ahora sin perder la sonrisa.

En ningún momento se atisba que para él suponga un engorro. Todo lo contrario. Lo ha normalizado y es consciente que si no lo hiciera, también en Llano y en Fuente-Olmedo se podrían limitar los oficios a dos o tres días al año como ha ocurrido en enclaves cercanos, y eso supondría dejar en la estacada a su reducido, pero motivado, grupo de fieles. En este caso, formado sólo por mujeres.

Ni es una molestia, ni dice haber encontrado trabas por parte del Arzobispado para llevarlo a cabo porque no incumple ninguno de los tres preceptos estipulados. «Las normas dicen que no se pueden dar más de tres misas el mismo día, que la del sábado es igual a la del domingo y que verla por la televisión también vale; cumpliendo estos requisitos, sólo es cuestión de organizarse», alega este párroco de 49 años, natural de Valoria la Buena aunque afincado desde hace un lustro en Olmedo.

Así que con esas premisas claras, Ramón empezó hace tres años a colocar en las iglesias de los dos pueblos un folio con el planning de las misas para los siguientes meses a fin de que los vecinos tuvieran claro en qué pueblo se celebraba cada domingo, a qué hora, y dónde se oficiaba los días festivos. Puso el cuentakilómetros en marcha y, con alguna reticencia inicial, comenzó las rutas.

«Al principio nos dio sensación porque estábamos acostumbradas a nuestra iglesia, la de San Pedro», expresa Manoli cuando recuerda cómo comenzó este servicio ‘a domicilio’, con alguna usuaria más de Llano. «A mi me gusta más aquí, pero me adapto», dice Carmina en referencia a la de San Juan Evangelista.

Ambos templos se reformaron hace no tantos años. El de Llano, calculan, hace alrededor de una década. Para el de Fuente-Olmedo incluso utilizaron fondos más allá de los obtenidos a través del convenio para el arreglo de Iglesias y Ermitas de la Diputación, empleando también dinero de los Planes Provinciales. Por eso, teniendo en cuenta que los dos recintos presumen de un buen estado de conservación, consideran que «sería una pena» que se cerrasen.

Y aunque cada una muestra predilección por su santuario, se han acostumbrado tanto a los viajes en el Córdoba rojo de Ramón, que también la iglesia vecina la sienten casi como suya y, si alguna vez el párroco oficia las misas por diferenciado, las asiduas del grupo se echan de menos y reivindican la vuelta a lo que ya consideran como ‘normalidad’.

Porque tras la ceremonia religiosa, se quedan un rato de «tertulia». El día que visitamos las localidades, el tema de conversación fue un vídeo de la fiesta de las ‘novenas’ que el sacerdote les mostró en la pantalla rota de su teléfono móvil. «Mira qué bien bailas», le decía Ramón a Mari Beni. «Porque era todo seguido, si no, no sabemos», respondía ella risueña.

Siempre hay tiempo para un rato distendido a la puerta de la iglesia tras la media hora de misa, aunque quizá no pueda alargarse tanto como las gustaría, porque después Carmina y Mari Beni aún tienen que ir a casa de una vecina para que tome la comunión. Tanto si la misa es en su pueblo, como si tienen que regresar desde Llano. Ellas son las encargadas de llevarle la forma consagrada en un portaviático para que pueda comulgar, ya que no sale mucho de casa por problemas de movilidad. Juntas rezan un ‘padrenuestro’ y, así, domingo tras domingo.

Sólo se ausentan si están malas –«la misa es sagrada», dicen–. Entonces, si no es necesario hacer el trayecto de un pueblo a otro, avisan a Ramón por teléfono para que no vaya a recogerlas y se ahorre esos cinco minutos por la carretera serpenteante que une a los dos enclaves. O, si un fin de semana viene algún otro devoto con coche y las puede acercar, también se lo comunican.

Entonces el cura apaga esta especie de taxímetro, que no tiene coste para las usuarias. «Te deberían pagar por el servicio», le dice Manoli. «Tranquila, no te preocupes por eso, que me pagan el kilometraje», le aclara Ramón. Como ‘propina’ adicional por la prestación, más allá del rodaje que le abone el Arzobispado, ellas son generosas y le agasajan con huevos o rosquillas.

Un detalle de agradecimiento porque son conscientes de que quizá otro párroco no ofrecería ni su vehículo ni su tiempo para que pudieran asistir a una misa presencial. Y porque, aunque Ramón les ha ofrecido llevarlas hasta Olmedo, ellas prefieren las homilías en petit-comité y el párroco ha respetado sus preferencias.

«¿Qué más os da ir al Olmedo? Además allí tenemos un coro de niños que cantan», les dice Ramón a las feligresas de Llano y de Fuente-Olmedo para tratar de convencerlas. Pero su respuesta es rotunda. No quieren ni oír hablar de esa posibilidad. «Me contestan que prefieren ver la misa por la tele».

Hasta cuándo se prolongará este servicio ‘puerta a puerta’ dependerá del número de asiduos. «Mientras haya gente...», expresa el cura dejando la fecha en el aire. Pero no descarta que dentro de poco tenga que abarcar a otros pueblos de la comarca, como Bocigas o Puras, donde ahora se desplaza el sacerdote de Pozal de Gallinas. Si le asignan a Ramón toda la zona, conjetura, tendrá que cambiar los anuncios de los tablones de las iglesias para rotar entre más pueblos los domingos.

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Porque el problema, insiste el clérigo, «no es que no haya curas; es que no hay gente».