Diario de Valladolid

DE FIESTA EN FIESTA

Romerías transfronterizas

La fiesta de La Soledad en Trabazos, un pueblo zamorano de Aliste, es una romería paradigmática, un modelo de vivencias colectivas fronterizas que aglutina a una serie de pueblos hispanos y portugueses de Aliste y Tras os Montes. Ha servido para crear y reforzar lazos, a lo largo de la historia, en unas comunidades separadas por un trazado fronterizo diseñado en la capital de la nación sin conocer, ni de lejos, que la cultura y la economía base no se puede partir a no ser que se negocie con los agentes de la misma. En este caso las manifestaciones religiosas han suplido, ritualizándolas, las carencias impuestas por los lejanos gobiernos de Madrid y Lisboa. Y lo han hecho celebrando antiguas fiestas con peregrinaciones a los lugares donde desde tiempo inmemorial se han dado culto a santos antiguos y devociones marianas medievales , que casi siempre, sustituyeron a otras precristianas

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Redacción de Valladolid
Valladolid

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La Soledad de Trabazos es la que llama con más fuerza a los pueblos vecinos de ambos lados de la raya. El origen de la devoción actual reglada está en la promesa que hicieron los pueblos de Sejas, Rábano y Viñas, juntamente con el anfitrión, Trabazos , en 1703, de ir a dar gracias a la Virgen después de haber sido socorridos y salvadas las cosechas en la primavera de aquel año. La Virgen de la Soledad puede presumir de tener dos bulas, una de Clemente VII y otra de Pío VII concediendo a la cofradía indulgencias para todos aquellos que acudiesen a celebrar la fiesta en la ermita. Es este un edificio a la vera del camino de Santiago Portugués por donde pasan cada vez más peregrinos. La Virgen de la Soledad ejerce como catalizador, y Trabazos como anfitrión cuando se convoca la romería.

A las doce del mediodía se forma el desfile hasta la ermita. Los romeros se agrupan cada uno al lado de sus enseñas, que son el estandarte de la cofradía, la cruz parroquial y la imagen que les representa. El portugués y el castellano son las dos lenguas vehiculares que se escuchan por doquier y en los corros alternan con la facilidad que se aprecia en los hablantes acostumbrados a un bilingüismo de frontera. Cuando las campanas comienzan a repicar y los cohetes estallan en el cielo, la procesión se pone en marcha, según un protocolo no escrito que se renueva año tras año. Cada pueblo arropa a su imagen, los dulzaineros, tamboriteros y gaiteros de ambos lados de la raya, amenizan el recorrido con sones característico de estas tierras.

Abre la marcha la Virgen de la Salud de Alcañices, como patrona del núcleo más importante de la comarca, antiguo partido judicial y antes cabeza de señorío al que pertenecieron todos esos pueblos. Le siguen el resto de los núcleos convocados. La comitiva pasa por la plaza mayor donde están esperándoles las autoridades y las advocaciones de la Villa de Trabazos. Se cruzan saludos de bienvenida y de gratitud por el recibimiento, y desde allí se dirigen a la campa de la ermita para la celebración religiosa. La imagen de la Soledad preside el altar detrás del cual, dominando simbólicamente todo el espacio, ondean al viento los colores rojo, verde, morado y blanco del pendón de Trabazos. En la ceremonia se alternan sacerdotes españoles y portugueses que se dirigen a los parroquianos cada uno en su lengua, seguros de ser entendidos por todos los asistentes.

En el ofertorio personas ataviadas con trajes alistanos y de Tras os Montes se acercan a depositar ante el altar productos significativos des la tierra y elementos de identidad común. El himno a La Soledad de Trabazos compuesto por un músico del lugar, cierra la jornada religiosa, con el saludo del sacerdote que emplaza a los devotos al cántico de vísperas por la tarde.

El oficio religioso da paso a la parte lúdica de la jornada. Los romeros se dispersan por la pradera y otros lugares a propósito para degustar las viandas tradicionales que han llevado de sus casas y que comparten con los asistentes invitando también a los que llegan despistados buscando un restaurante o un lugar donde mercar un bocadillo. Aparecen sobre mesas y manteles los productos más variados y apetitosos de Alilste y Tras os Montes.

Siguiendo el viejo adagio de que de la panza sale la danza, a la comida le suceden cánticos y bailes hasta que la campana de la ermita llama a los más devotos a cantar las vísperas. Finalizadas estas, se disuelve la comitiva. Cada uno de los pueblos saluda reverencialmente a la patrona de Trabazos con genuflexión de la cruz e inclinación de la imagen y del estandarte. Es un adiós respetuoso y una muda plegaria a la Virgen para que les proteja a lo largo de todo el año.

A primeros de junio en la comarca de Sayago, Fariza celebra la romería de La Virgen del Castillo en uno de los enclaves más impresionantes del Parque Natural de Arribes. A ella concurren también los portugueses, pero los protagonistas son los sayagueses de Fariza, Badila, Cozcurita, Mámoles, Palazuelo, Zafara y Argañín. Dominan la jornada los llamativos viriatos, pendones altos con paños blancos que evocan velas al viento de barcos navegando tierra adentro.

Cada paño tiene la imagen de la devoción más celebrada en la parroquia y el nombre de esta. Los mozos, casi siempre los quintos, son los encargados de llevarlos desplegados, para lo cual apoyan la base del mástil en una ancha cincha de cuero que cruzan por el pecho y la espalda, en la que año tras año graban alguna señal que recuerde número de la quinta. El pendón se mantiene erguido porque otros jóvenes guardan el equilibrio tensando oportunamente los vientos atados a la punto del madero, embellecido con un penacho de flores o de ramas verdes. En una muestra equilibrio inverosímil, el portador del viriato baila al son del tamboril unos ritmos que en sí mismos son imposibles de seguir para cualquiera que no esté entrenado. Ver danzar estos altísimo pendones es un espectáculo indescriptible. Sólo los mozos sayagueses son capaces de tamaña proeza.

La gaita y el tamboril amenizan la jornada donde aún es tradicional comer el escabeche como recuerdo de otros tiempos y que se consume casi con carácter de manjar ritual y atávico, porque son los hornazos, chorizos, morcillas y todo tipo de asados los platos fuertes de la jornada.

La tercera romería es la que celebran las localidades de Petisqueira (Concelho de Braganza) y la alistana de  Villarino Manzanas (Municipio de Figueruela de Arriba), convocada por la primera. A las doce de la mañana salen cada uno de sus respectivos lugares para encontrarse sobre el río fronterizo. Aquí tienen lugar los ritos de aceptación del paso de los españoles a territorio luso. Como en situaciones similares las autoridades cambien sus bastones de mando, mientras que los pendones y las cruces se saludan cortésmente en un ritual de bienvenida.

En los tres casos aludidos y en otros muchos que se daban en estas comarcas las romerías servían para montar pequeñas ferias de productos demandados por los visitantes. Hoy los puestos de comida y las artesanías, y los productos de elaboración casera reinan sobre otros antaño más comunes como los pequeños aperos de labranza.

Estas manifestaciones que son simplemente un ejemplo de la gran riqueza que aún conservan las comarcas de Aliste, Sayago y Tras os Montes deben ser declaradas Bien de Interés Patrimonial porque son representativos de un gran territorio internacional dividido por La Raya. Estas celebraciones son un ejemplo a nivel europeo de rituales que aglutinan alrededor de un evento religioso una serie de intereses económicos sociales y culturales que nos hablan con los lenguajes de la tierra, de esas voces que nos llegan de un pasado de tolerancia de reconocimiento del otro como diferente pero no enemigo.

Un ejemplo de cómo las comunidades vecinas han conseguido limar sus asperezas y superar las rencillas surgidas de la explotación del ecosistema que tienen que compartir. Se impone un estudio riguroso de las comarcas a ambos lados de la frontera que lleve al conocimiento de las razones profundas por las que se ha creado este tipo de manifestaciones a lo largo de la historia, y qué motivos empujan a los habitantes de estos pueblos a conservarlas. La patirmonialización de estos complejos rituales puede servir como recurso de un turismo cultural enriquecedor para todos.

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