Diario de Valladolid

Valdeón: el abrazo, la puñalada, la decencia y un control de alcoholemia

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Publicado por
Redacción de Valladolid
Valladolid

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Cuentan en su entorno que pocas cosas le han dolido tanto en el transitar político a Juan Vicente Herrera desde que hace más de 18 años accediera el gobierno de Castilla y León, que dejará dentro de un mes y pico, que la sorpresiva aparición de la siempre impredecible Rosa Valdeón para apoyar al que dentro de la formación de la gaviota auguran como el sepulturero de 33 años del más férreo feudo de los populares. No es preciso precisar que el enterrador es el candidato de Ciudadanos, Francisco Igea, al que Mañueco no se harta de señalar como el camarlengo que entregará la sede vacante del Colegio de la Asunción al socialista Luis Tudanca.

 Herrera que no es dado a estridencias, ni altisonancias, como evidenció no hace tanto cuando otra de sus fieles colaboradoras, la ex presidenta de las Cortes, de buenas a primeras dio un portazo al PP para embarcarse en la aventura naranja, no tuvo reparos al considerar una traición en toda regla la acción y escenografía electoral de Valdeón en el atardecer zamorano de ayer jueves. Al tiempo que Valdeón abrazaba a Igea y apuñalaba la lealtad y la confianza de Herrera, que la hizo vicepresidenta contra las continuas embestidas de un por entonces todo poderoso Fernando Martínez Maíllo, Mañueco mitineba sobre las tablas del Ramos Carrión, teatro en el cual la propia Valdeón confesó haber sido humillada al menos en dos ocasiones por Maíllo y sus correligionarios. Una de esas ocasiones con motivo de una campaña a las generales y en presencia de la por entonces suprapoderosa vicepresidenta del ejecutivo de Rajoy, Soraya Sáenz de Santa María, hoy venida a menos pompa pero más sueldo en un bufete de esos de postín madrileño.

 La reaparición de Valdeón, un zambombazo en plena línea de flotación de la campaña de los ‘populares’, hizo bramar de indignación los móviles y los WhatsApp de los dirigentes populares de las nueve provincias de Castilla y León. Y no especialmente los de sus enemigos. Es más, sus amigos, que hasta ayer todavía eran muchos dentro del PP, eran los más ofendidos y dolidos. Alguno confesó, no sin enorme decepción, que, “conociéndola, lo estábamos esperando”. Otro, que siempre la ha defendido señala a este periódico “es impresentable, peor que lo de Silvia Clemente”.

 Un tanto contradictorio, por no decir incoherente son las alusiones a la “decencia política” de la que fue número dos del gobierno al principio de este último mandato de Herrera. Incluso, por aquel entonces, en vista del poder que le otorgó el burgalés, vista dentro del partido como la clara sucesora, orillando al Antonio Silván, al que todos consideraron siempre su delfín y relevo natural hasta que en las primarias de mayo de 2017 Mañueco lo dejó en la cuneta. Incoherentes porque Ciudadanos se afanó con ahínco en las Cortes en pedir la salida de la política de Valdeón después de que ésta dejara sus cargos ejecutivos. Porque Valdeón sólo dimitió cuando se acercó su juicio en el TSJ, de cuya condena nadie dudaba, tras ser sorprendida en un control de la Guardia Civil a orillas de Toro triplicando la tasa de alcoholemia un 8 de septiembre cuando regresaba de Madrid en un coche particular. La excusas y explicaciones sobre su exagerada tasa alcohólica al volante, dichas por una médica, no son dignas ni de reproducirse por no ofender al ciudadano ni dejarla más en evidencia a ella. Es más Ciudadanos, un tal Luis Fuentes,  hoy orillado en la secuela de la campaña electoral, incluso dijo que la salida de Valdeón de la política era un éxito de Ciudadanos que había traído la decencia a la política regional. Hoy la decencia política es Valdeón, en palabras de Igea. Está claro que en alguna cosa no coinciden el otrora líder Fuentes y su sucesor Igea.

 Tiempo después de dejar las Cortes y la política activa, Valdeón volvió a reaparecer en todas las portadas. Esta sobre una glorieta a las afueras de Salamanca, y otra vez empuñando su coche. La tasa de alcohol, impronunciable. Hacía sólo un mes que había recuperado el carné de conducir retirado por el TSJ en respuesta al primer incidente. Entonces ya no hubo excusas ni ansiolíticos. Alguno con ácido humor expresó “la culpa es de Mañueco (por entonces alcalde de Salamanca), que tiene muy mala leche colocando las glorietas” . Errar es humano, incluso en política. La reincidencia, imperdonable, incluso en política.

Tras el primer positivo, del que Valdeón culpó a Martínez Maíllo y sus satélites en Zamora de haber filtrado el suceso, por entonces vicesecretario general del PP junto a Pablo Casado, la vehemente defensa de Herrera el día que reubicó en José Antonio de Santiago Juárez, Milagros Marcos y Carlos Fernández Carriego los cargos abandonados la tarde del sábado 9 de septiembre de 2017 no tiene antecedentes en la extensa biografía del todavía presidente de Castilla y León. Se plantó en la rueda de prensa para plantarle cara Martínez Maíllo. Y tuvo palabras gruesas, de las que no comulgan con la retórica de un hombre siempre prudente y mesurado: “No voy a consentir que se masacre a Rosa Valdeón”, dijo para luego soltar una sarta de elogios sobre su admirada política zamorana.

 Herrera la mandó a Zamora, a Valdeón, a bregarse en las lides municipales tras haberla promocionado al frente de la Consejería de Familia, que ella misma estrenó. Y de las garras de Maíllo la rescató en 2015 para darle el poder que no había tenido jamás nadie en un gobierno de la Junta. Vicepresidenta, portavoz y consejera de Economía y Empleo. El mundo en sus manos. Lo tenía todo y lo perdió todo en el arcén de la carretera que lleva a Toro, mientras parpadeaban las luces azules del Patrol de una pareja de la Guardia Civil. Luz sin brillo. Infortunio. Nadie jamás pagó tanto en política por tan poco. Cierto. Pero la reincidencia la exime de cualquier justificación y perdón político.

 Probablemente que la desbordante bondad y humanidad personal de la mujer Rosa Valdeón es proporcional a la desmedida torpeza e ingenuidad política de la dirigente popular Rosa Valdeón. La zamorana era una asidua en las arengas moralistas a su propio partido en los peores años de la corrupción y las estridencias abortiva de otro genio llamado a nada en la política, el mítico y hoy difuminado Alberto Ruiz Gallardón. Era un voz crítica y ética entre tanto silencio sumiso que jaleaba a Rajoy. Pero claro esos mismos víctimas de las embestidas moralistas de Valdeón fueron los mismos que luego no tuvieron reparo en pedir a la doctora que se prescribiera sus propias recetas cuando fue sorprendida conduciendo con la tasa de alcohol por las nubes. Es lo que tiene en política andar todo el día escupiendo hacia arriba.

 

Lo último y cuando menos irónico, por no decir cínico, de Valdeón, es salir en víspera del cierre de campaña, el día que va Mañueco a Zamora, con el candidato que tendrá en sus manos seguramente el mármol y su día de 32 años de poder del PP, las urnas mediante, lo último, es aparecer y decir que “espera que no la pongan en el foco”, como si hubiera sido todo una casualidad y se hubiera encontrado con Igea paseando por peatonales calles de la señorial Zamora. Y ya que nos hemos visto nos damos un abrazo. Y ya que están los periodistas que nos hagan una fotos. Y ya que tienen micrófonos pues hacemos unas declaraciones. Todo improvisado. “Pero que no me ponga ahora en el foco”. Claro que tienen derecho y libertad a apoyar a quien quiera y además a expresarlo. Pero no tiene derecho a tomar el pelo a nadie, ni siquiera a los periodistas, como el día de su infausta comparecencia para anunciar su dimisión y justificar el desmesurado positivo conduciendo cientos de kilómetros.

 

Seguramente Valdeón, una política sensata y una mujer de principios decididos, sea su peor enemiga. Valdeón contra Valdeón. Y seguramente aquel tremendo error de una noche de septiembre siga rumiando en el imaginario de su alma. Nadie jamás pagó tanto por tan poco. Y es posible que Valdeón, que lo tuvo todo y lo perdió todo por una torpeza humana, no haya regresado de aquel maldito viaje de regreso. Es probable que siga varada en una cuneta escarbada de anhelos y lamentos. De que hoy su amigo Igea, podría ser su aliado en la travesía del próximo gobierno de Castilla y León si un viaje en coche y unas cervezas no hubiera truncado los planes de Herrera para que su sucesora fuera una mujer de trato dulce y carácter sólido. Seguramente sea muy difícil superar tanto despilfarro político como el que se arruinó en aquel control de la Guardia Civil. Y desde entonces son muchos los volantazos que ha pegado Valdeón. Pero quien seguro que no tiene la culpa es Herrera. Porque él, como Maíllo, tampoco conducía el coche. El sólo quería pilotar la sucesión.

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