Las manos que tejen los discursos del Rey
Ocho autores principales están detrás de los mensajes navideños desde 1975. El más positivo fue el de 1982 con la resaca de Naranjito. El menos ‘optimista’, el del año pasado por la crisis independentista. Cataluña sólo se ha mencionado en 2014 y 2017.Las habituales referencias a Dios desaparecieron en 2001. El catedrático de la UVAJosé Manuel Fradejas escruta las huellas de 43 años de retórica ‘real’

En 2017 Felipe VI pronunció su cuarto discurso de Nochebuena.-EL MUNDO
Cada persona tiene una forma única de escribir. La riqueza del vocabulario, la colocación de preposiciones y conjunciones o el uso de verbos auxiliares son rasgos distintivos e intransferibles que delatan a cada autor. Por más que alguien pretenda imitarlos, un ordenador es capaz de «detectar» qué manos están detrás de un texto mediante un análisis estilométrico. Si aplicamos esta disciplina a los discursos navideños del Rey comprobamos que al menos ocho autores principales han participado en la redacción de los mensajes que cada Nochebuena desde 1975 pronuncia el Jefe del Estado.
José Manuel Fradejas, catedrático de Filología Románica de la Universidad de Valladolid y experto en lingüística computacional, ha pasado por el tamiz informático los 43 textos que conforman este corpus de discursos ‘reales’. En total, más de 56.000 palabras escrutadas mediante el lenguaje de programación R para realizar un análisis estadístico y visualizar los datos que arroja la retórica de Juan Carlos y Felipe VI, quien esta Nochebuena dará lectura a su quinto discurso navideño desde la abdicación de su padre.
Antes de nada el investigador advierte que los datos obtenidos son resultado de «un mero análisis exploratorio» porque las posibilidades de la herramienta son amplísimas y darían para un artículo académico con conclusiones científicas. Pero los datos preliminares ya apuntan algunas claves interesantes sobre el uso del lenguaje, las autorías de los textos y la puesta en escena.
El ordenador dibuja una ‘agrupación de estilos’ donde pueden verse las ramificaciones de cada mensaje utilizando una aplicación llamada Stylo. Pese a la escasa extensión de los documentos –estos análisis resultan más precisos cuando se analiza una novela, por ejemplo– sí «se pueden inferir ocho grandes estilos» a lo largo de estas cuatro décadas, sostiene Fradejas.
«Parece que Felipe VI ha contado con dos redactores básicos», continúa el catedrático de la UVA al identificar un estilo en los años 2014 y 2015 y otro en 2016 y 2017. Curiosamente, estas agrupaciones guardan similitudes con el discurso de 2012, lo que apunta que un ‘amanuense’ de Felipe VIhubiera trabajado también aquel año en la redacción del mensaje de su predecesor.
Aunque con la llegada del Príncipe de Asturias al trono se dio por sentada la implicación de la reina Letizia en los textos y la telegenia de su marido, identificar a los autores de los mensajes navideños resulta misión imposible. Los nombres y apellidos de los escribientes son un secreto guardado entre los asesores de la Casa Real.
Las palabras más utilizadas por ambos monarcas son ‘España’ (325) y ‘españoles’ (206). Que dominen ambos términos «se encuentra en la línea de los discursos de cualquier otro jefe de Estado», argumenta Fradejas al puntualizar que también ‘Italia’ e ‘italianos’ encabezan el ranking léxico en el país alpino.
El especialista en estilometría ha dibujado dos nubes de palabras con los términos más usados por cada Rey. Se observan numerosas coincidencias pero también diferencias temáticas fruto del devenir de los tiempos. Mientras Juan Carlos I ha puesto el acento en conceptos como ‘futuro’ y ‘paz’, Felipe VI lo ha hecho en ‘convivencia’, ‘historia’, ‘vida’ y ‘mundo’.
Encontramos términos que son casi una constante. Es el caso de ‘terrorismo’ que aparece 55 veces, 53 de ellas en boca de Juan Carlos y sólo dos en la de su sucesor. Felipe VI pronunció por primera vez esta palabra el año pasado:una para referirse a la «amenaza mundial» del terrorismo yihadista y otra, en clave nacional, en el contexto de los avances democráticos para destacar que «frente al terrorismo hemos conseguido hacer prevalecer la vida».
Como puede verse en los gráficos elaborados por el investigador, las palabras ‘paro’ o ‘trabajo’ han salido a la palestra todos los años salvo en cinco ocasiones (1975, 1978, 1983, 1990 y 2015). Hasta ocho menciones se registran en los mensajes de 1993 y 2011, dos años muy marcados por las crisis económicas que han disparado las tasas de desempleo en el país.
La evolución terminológica se pone de manifiesto con el uso de maneras distintas para referirse a los mismos problemas. La ‘violencia de género’, por ejemplo, «se menciona en los discursos de 2008, 2009, 2010 y 2017 pero aparecía como ‘malos tratos’ a las mujeres en los de 2002, 2003 y 2007», puntualiza Fradejas. El punto de inflexión se sitúa en 2008, un año después de aprobarse la ley de igualdad efectiva entre hombre y mujeres.
En 21 ocasiones se menciona a Dios. Otras cuatro aparecen los términos ‘cristiano’, ‘cristiana’ o ‘cristianismo’. Las referencias religiosas fueron «usuales»hasta el cambio de milenio. «Desaparecen en 2001», concreta el investigador de la UVA.
El listado de palabras refleja los temas abordados y los silenciados. Por ejemplo, ‘desahucio’ no aparece nunca. Si buscamos ‘corrupción’ la encontramos cinco veces coincidiendo con las dos épocas de mayores escándalos de la democracia española. Por un lado, en los estertores del felipismo Juan Carlos lo menciona en 1994 (año en que estallan los GAL) y 1995 (caso Roldán y escuchas del CESID). Otras dos menciones realizó Felipe VIen el discurso de 2014, apuntando a la necesidad de «cortar de raíz y sin contemplaciones» un problema extendido ya por todas las instituciones. Y en la quinta mención, el año pasado, reiteraba que su «erradicación» es una demanda social para que «los ciudadanos puedan confiar plenamente en la correcta administración del dinero público».
Las drogas aparecen en 1990, 1994, 1995, 1996, 2002, 2003, 2004, 2007, 2008 y 2010.
Como curiosidad, ‘orgullo’ es algo más frecuente (20 veces) que ‘satisfacción’ (14).
Las menciones territoriales son escasas en estas cuatro décadas. Aparece ‘vascos’ «siempre en relación al terrorismo en 1997, 1999, 2001 y 2011», explica el catedrático de la UVA. Se habla de ‘sociedad vasca’ o ‘ciudadanos vascos’, pero los conceptos ‘vasco’ y ‘terrorismo’ «nunca aparecen juntos», matiza.
Fradejas constata que Galicia figura en el mensaje de 2002 por el desastre del Prestige y en 1992 son mencionados los mineros asturianos. El resto de las autonomías no son aludidas. Al menos no directamente, ya que, por ejemplo, abunda Asturias pero en el contexto de los herederos al trono:el príncipe o la princesa ‘de Asturias’.
La única referencia a Castilla y León se encuentra en 2004, cuando Juan Carlos aludió a la Cumbre Iberoamericana de Salamanca que se celebraría unos meses después, en octubre de 2005, y que permitiría, auguró, «reforzar nuestros lazos con la Naciones hermanas del otro lado del Atlántico».
Por extraño que parezca, las palabras ‘Cataluña’ o ‘catalanes’ solo aparecen en 2014 y 2017. El año pasado fueron cinco las menciones en un discurso emitido sólo tres días después de las elecciones al Parlament. En ese mensaje navideño el Rey aflojó el tono empleado un par de meses antes, el 3 de octubre, en su polémico mensaje posterior al referéndum del 1-O (el único discurso televisado del Felipe VI al margen de los navideños), donde había subrayado la gravedad de la situación y denunciado la «deslealtad inadmisible hacia los poderes del Estado» de las autoridades de la Generalitat.
La preocupación por el conflicto catalán puede explicar que el de 2017 haya sido el discurso navideño con mayor proporción de palabras negativas desde 1975. Así lo demuestra el llamado ‘análisis de sentimiento’, un indicador que contabiliza las palabras positivas y negativas de un texto para combinarlas en un ratio. Tomando los diccionarios más usuales, a cada entrada se le asigna un signo para luego, en el análisis automatizado, extraer el ‘sentimiento neto’ del texto. Pues bien, todos los discursos navideños del Rey tienen un saldo en ‘números negros’ porque prevalecen las palabras positivas frente a las negativas. Pero el menos ‘optimista’ fue el de 2017 del actual monarca. A continuación se sitúa el de 2011 de su padre.
En el polo opuesto se encuentra el mensaje de 1982 con el mayor ratio de palabras positivas en estas cuatro décadas. Era el año del Mundial de fútbol y sólo tres semanas antes, el 2 de diciembre, Felipe González había llegado a la Moncloa al cosechar su primera mayoría absoluta.
Otro indicador es el llamado índice de legibilidad, que calibra la dificultad del documento. En este aspecto, todos los discursos navideños están considerados difíciles por la abundancia de palabras largas y complejas, indica Fradejas. Destaca también que «hay pocas conjunciones subordinadas» y que «en su conjunto son textos con gran uso de puntuación».
La extensión de la intervención es, «por lo general, breve». De media, 1.313 palabras. El más corto fue el de 1975 (575 palabras) y el más extenso el de 1979 (con 2.387).
El espacio televisivo arranca con el himno nacional. La duración del programa es «irregular» y «no se acompasa con la extensión del discurso en sí, puesto que el mensaje ha oscilado entre los magros cinco minutos del primer mensaje a los poco más de 19 de 1979», recuerda Fradejas. «Lo usual es que se haya movido en la media de los casi once minutos, pero los programas han sido de hasta de 23 minutos», caso del año 1979 cuando se emitió «un amplio reportaje fotográfico inicial» de dos minutos y medio, agrega.
A falta de entrevistas concedidas a los medios de comunicación, el mensaje navideño constituye la principal herramienta del Jefe del Estado para comunicarse con la ciudadanía. Los antecedentes en la historia de los mensajes navideños de un jefe de Estado «se remontan a 1914, primer invierno de la Gran Guerra, cuando la reina Guillermina de los Países Bajos se dirigió por escrito a sus súbditos». «En 1931 lo hizo por medio de la radio» y un año después «el rey Jorge V del Reino Unido se dirigió a todos los británicos por medio del recién creado BBC Empire Service (posteriormente World Service)». El monarca «contó con gran escritor» para la redacción, Rudyard Kipling. «Ya se había intentado este tipo de mensaje radiofónico en 1922, pero por aquel entonces se entendía la radio como una mera fuente de entretenimiento y la idea no prosperó», explica el catedrático de la Universidad de Valladolid.
‘Buenas noches’ para el saludo, lenguas cooficiales de despedida
‘Españoles:’ Es sabido que así comenzaban los discursos de Francisco Franco. También los navideños, con una única excepción, la de 1937. Aquel diciembre guerracivilista el dictador se dirigió por primera vez al país en una intervención que arrancó de apelando a los ‘combatientes de España’. «A los que estáis en las trincheras bajo la lluvia y el frío y las balas, yo os envío mi fe ardiente que se une con la vuestra de una próxima y definitiva victoria», continuaba aquella breve alocución. Sus mensajes se mantuvieron en la víspera del fin de año hasta 1974.
A partir de 1975, Juan Carlos retomó la tradición pero la trasladó al 24 de diciembre. ‘En estas fiestas de Nochebuena y Navidad en que las familias españolas acentúan su sentido entrañable y parece que quisiéramos ser mejores, me dirijo a todos para felicitaros las Pascuas y desearos un año 1976 lleno de venturas y felicidad’, fue la primera frase de su debut recién estrenada la Transición. «El año que finaliza nos ha dejado un sello de tristeza que ha tenido como centro la enfermedad y la pérdida del que fue durante tantos años nuestro Generalísimo», continuaba Juan Carlos I, que se dirigía a la nación apenas un mes después de morir el dictador. Durante los primeros años no estaba solo en la pequeña pantalla; le acompañaban la reina Sofía y sus tres hijos. Y sostenía en su regazo un puñado de folios porque entonces los textos todavía no se leían en el teleprompter de la cámara.
A lo largo de sus 38 años de reinado, el ahora emérito ha intercalado varias fórmulas para el saludo. ‘Me he permitido entrar en vuestros hogares a través de televisión’ fueron las palabras introductorias en 1976. ‘Para desearos paz, libertad y prosperidad’, las de 1977. Sólo en el 78 arrancó con el ‘españoles’ que caracterizaba los discursos de su antecesor en la jefatura del Estado. En la última década el saludo se ha estandarizado con un ‘buenas noches’: así empiezan todos los mensajes desde 2007, tanto de Juan Carlos como de Felipe VI, comenta el catedrático en Filología Románica de la UVAJosé Manuel Fradejas.
El actual monarca ha introducido su seña de identidad en las despedidas. ‘Feliz Navidad, Eguberri on, Bon Nadal y Boas festas’ es el colofón a las palabras de Felipe VI, quien por primera vez ha usado las lenguas cooficiales, apostilla el experto en estilometría de la Universidad de Valladolid.