«Me ahorro una hora de trayecto y 50E en gasolina»
Patinetes eléctricos, ‘segway’ y ‘hoverboard’ aumentan su presencia en la ciudad pero viven en el limbo legal / Valladolid, a la expectativa de las ordenanzas pioneras de Barcelona y Madrid

Vicente Sánchez cruza un paso de peatones en la calle Padilla con su patinete eléctrico.-MIGUEL ÁNGEL SANTOS
No están reconocidos como un vehículo a motor así que tienen prohibido circular por la calzada. Tampoco son considerados peatones, de modo que la acera está vetada para ellos salvo que circulen ‘a la velocidad de un caminante’, lo cual eliminaría su razón de ser. Como no son bicis, quedan excluidos de los carriles reservados para las dos ruedas. En definitiva, viven en tierra de nadie.
Hablamos de los ‘vehículos de movilidad personal’, que así se llama al variado grupo de artilugios diseñados para moverse por la ciudad sin mucho esfuerzo físico y sin contaminar.
Patinetes eléctricos, tablas hoverboard o segway son sólo los tres dispositivos más habituales de un catálogo en constante evolución. Los hay que alcanzan 10, 20 o 30 kilómetros por hora. Luego están los destinados al transporte de viajeros o al reparto de mercancías, con velocidades máximas de 45 kilómetros por hora, aunque este tipo de vehículos aún no se dejan ver por Valladolid.
Vicente Sánchez se desplaza por la ciudad en patinete eléctrico desde enero. Y lo hace por el carril bici, «que es lo más lógico». Eso sí, siempre respetando al resto de los usuarios, adecuando la velocidad a cada situación. En todo caso, reivindica una regulación propia para estos vehículos, «para no estar en el limbo» y saber por dónde deben moverse.
Su patinete puede circular a 25 kilómetros por hora, aunque en la práctica se mueve a 10 por hora. «Como no tiene amortiguación, si vas más rápido y pillas un bache puedes salir volando», explica.
La motivación para usar el patinete eléctrico es, sobre todo, por el ahorro de tiempo en sus desplazamientos. «Me ahorro una hora al día», asegura este autónomo de jornada partida, que hace cuatro trayectos al día hasta el trabajo. Tarda entre diez y doce minutos desde su domicilio en la calle Cigüeña hasta su peluquería en la calle Padilla. Andando es media hora. Y en coche, dependiendo del tráfico y de la suerte para aparcar, ronda los 20 minutos o la media hora.
El ahorro también es económico. Entre 40 y 50 euros de gasolina al mes, cuenta. La única inversión fue la compra del patinete, que le costó unos 300 euros. Además, su vehículo no acarrea gastos de seguro, ni de garaje ni tickets de la zona azul.
El «vacíó legal» de unos vehículos cada vez más de moda es un común a todas las ciudades españolas, según explica Luis Vélez, concejal de Seguridad y Movilidad. Sólo Barcelona y, hace unos días, Madrid, han regulado su circulación. El resto de ayuntamientos están «a la expectativa» de ver cómo funcionan estas dos pioneras normativas.
En Valladolid, ahora mismo «no es un tema que esté sobre la mesa». «Pero habrá que abordarlo en algún momento», anticipa Vélez. No siendo tan numerosos como en las grandes ciudades, no están generando problemas de convivencia. Pero «cada vez aparecen más», reconoce el edil, que ha atendido en su despacho a un par de ciudadanos interesados en la regulación de estos dispositivos.
Las tiendas especializadas constatan el creciente interés de los ciudadanos por este tipo de vehículos. Javier Vázquez, de Rollers in Line, está convencido de que la presencia de estos elementos «va a ir a más». «Raro es el día que no informamos a dos o tres personas que vienen a preguntar por el patinete eléctrico», explica.
«La sociedad va por delante de las normas», sostiene Vélez al precisar que la gestación de una nueva ordenanza dura al menos dos años. Por eso, y porque la situación es común a todas las ciudades españolas, considera que la regulación «debería venir de arriba».
La DGT lanzó en noviembre de 2016 una instrucción dejando en manos de los ayuntamientos la regulación en sus respectivos entornos urbanos.
Hasta que alguna administración aborde la situación, los vehículos de movilidad personal viven al margen de la normativa. Y, por tanto, pueden ser multados. Vélez recuerda que la policía «siempre actúa con flexibilidad y mano izquierda» porque su misión es «hacer cnumplir las normas pero también educativa».