La lluvia deprime las terrazas
A pocos días del verano, hosteleros y distribuidores coinciden en que el mal tiempo está arruinando la temporada / Los pedidos han bajado y «la gente no quiere trabajar en el sector»

Una de las terrazas de la Plaza Mayor, al mediodía de este fin de semana.-PABLO REQUEJO / PHOTOGENIC
Hasta el 40 de mayo no te quites el sayo. El popular refrán español cobra este año más fuerza que nunca en una primavera marcada por las bajas temperaturas, la lluvia y las situaciones adversas. A falta de escasos días para que arranque de manera oficial el verano, los bares, gastrobares y demás establecimientos hosteleros de la ciudad muestran su preocupación ante una climatología que no encaja en estas fechas y que está arruinando gran parte de la temporada de terrazas.
Carlos Artigas, de la Bodega Obregón, reconoce que ha habido un parón generalizado a partir del 15 de mayo: «está bajando el negocio, lleva dos meses lloviendo y la situación no invita a salir».
Artigas reconoce que «todos los años aumenta la plantilla» de cara al verano, pero que este año se ha visto obligado a «retrasar la contratación». Además, «el frío y la lluvia no sólo afectan a los bares y establecimientos con terraza, sino también a los que no la tienen, porque si hace frío y desapacible, la gente tampoco sale a la calle», añade.
Comparando la situación actual con la de años anteriores, el responsable de la Bodega Obregón reconoce que «el año pasado fue espectacular», con récord de facturación en mayo y junio. Sin embargo, en 2016 ocurrió algo similar a la situación actual: un frío mes de mayo y una entrada tardía del verano que provocó que los establecimientos con terraza facturaran más en octubre que en el tramo final de la primavera.
Otro de los hosteleros afectados es César Burgos, quien coincide con la situación y la versión de Artigas. El propietario del bar San Juan, en la plaza San Juan, reconoce que hace un tiempo realizaron «una reforma muy fuerte» y que «la temporada está perdida». «Aunque viniera un mes bueno de octubre, las horas de sol no son las mismas que en estos meses», reconoce.
Burgos se lamenta porque «entre marzo, abril, mayo y junio no ha habido cuatro días seguidos de terraza». Su modelo de negocio, con un local muy abierto y orientado hacia la plaza, hace que las 16 mesas que tiene en el exterior tengan una importancia directa en la facturación. El propietario afirma que el mes pasado facturó «un 30% menos» con respecto al mismo mes de 2017.
Fran Castro, uno de los propietarios del Café Norte de la Plaza Mayor relata a este diario una situación algo diferente a la que están viviendo gran parte de los hosteleros de la ciudad. En este sentido reconoce que, a nivel de terraza, «el último mes y medio está perdido». No obstante, echando la vista atrás, afirma que «el año pasado fue muy bueno, por lo que tampoco puedes valorar el impacto; llevamos tres años en los que el verano se alarga hasta noviembre. No estamos teniendo un año desastroso», sentencia.
Aunque tienen «32 mesas» en el exterior, sostiene que en el mes de mayo trabajaron «muy bien en el interior», debido en parte a la privilegiada posición que ocupan y a la gran cantidad de eventos que ha acogido la Plaza en estas semanas.
Si los propietarios tienen la capacidad de tomar el pulso a su negocio, los distribuidores entran en contacto con miles de hosteleros y conocen la situación desde una perspectiva más amplia. Es el caso de Óscar Díez, de la distribuidora Gregorio Díez, encargada de llevar marcas como Mahou, 4 Rayas o Carramimbre a «más de 1.800 establecimientos»
Díez afirma que «la situación es real», que «los pedidos han bajado un 30%» en 2018 y denuncia la «falta de colaboración y sensibilidad» por parte del Ayuntamiento.Ve, además, una crisis en la hostelería y un problema grave con el personal: «la gente no quiere trabajar en el sector».
El responsable de la distribuidora reconoce que los meses previos al verano «tienen mucho peso» y que junio del año pasado «fue récord histórico de cerveza a nivel nacional».
Díez se lamenta además porque el mal tiempo se concentra en fin de semana: «muchos bares han pasado de facturar 2.000 euros a 250», sentencia.
La mala suerte, la lluvia y la crisis en el sector está deprimiendo en esta primavera a las terrazas y a la gente de Valladolid.