UN HOMBRE | UN LIBRO | TOMÁS HIJO
«Guillermo del Toro tiene un grabado mío colgado en su habitación»

El ilustrador salmantino Tomás Hijo, en la Plaza de Anaya de su ciudad, con su último trabajo editorial, Gaudeamus, un libro de viñetas dedicado a los ocho siglos de historia de la Universidad de Salamanca.-ARGICOMUNICACIÓN
Conoce como nadie las leyendas de ciudad de Salamanca. Estudió Periodismo y se doctoró en Comunicación, pero muy pronto cambió el bolígrafo por los lápices, las gubias y los pinceles. A ellos se ha entregado con absoluta devoción, convirtiéndolos en herramientas de trabajo. Su estilo, inconfundible, hoy viaja por medio mundo impreso en grabados y litografías. Ha escrito y dibujado para niños y es un apasionado del universo Tolkien. Incluso llegó a crear su propia editorial. Ilustrador, grabador y docente, el salmantino Tomás Hijo acaba de presentar su último trabajo, Gaudeamus, un libro de viñetas que recorre los ocho siglos de historia de la Universidad de Salamanca.
Pregunta.- “Gaudeamus Igitur…”. ¿Se la sabe?
Respuesta.- Claro. Es el inicio del himno universitario por excelencia. Para titular mi último libro, elegí esa primera palabra, Gaudeamus, por sus connotaciones de regocijo y alegría, tan propias de la vida universitaria.
P.- ¿A quién eligió para empezar a contar la historia de la Universidad de Salamanca?
R.- A dos frailes que conversan, justamente después de que se estableciera la Universidad de Salamanca, y hablan de cómo sucedió todo y quiénes se implicaron en ella, desde reyes a papas. Representan el primer relevo del profesorado de aquella primitiva Universidad: el viejecito abandona el Estudio y el joven entra para dar clase.
P.- ¿Y con quién la despide?
R.- Con sus equivalentes de hoy: una joven profesora que llega y un catedrático venerable que se jubila. Mientras los frailes del primer capítulo rezan juntos, los profesores contemporáneos se hacen un ‘selfie’. Todas las situaciones son paralelas y nos ayudan a comprender lo que ha cambiado la Universidad, la incorporación creciente de la mujer, la tecnología…
P.- ¿Con qué episodio se queda después de 800 años?
R.- Mi personaje favorito es Diego de Torres Villarroel, del siglo XVIII. Una especie de sabio con grandes dosis de picaresca, que supo aprovechar el entramado universitario para hacerse un nombre y unos dineros. Es el epítome del carácter universitario, por esa conjunción de picaresca, sabiduría, conocimiento y mundo.
P.- ¿Y el más difícil de dibujar?
R.- A Millán-Astray le dediqué mucha atención porque era una caricatura muy difícil, pero muy interesante de hacer. Su rostro y sus expresiones decían mucho de su época. Estoy muy orgulloso del resultado.
P.- ¿Cuántas horas de sueño le ha robado el proyecto?
R.- Suelo ser bastante organizado, pero he dedicado muchas horas: solo dibujar fueron dos meses. La documentación histórica y el guion resultaron ser lo más trabajoso.
P.- La inspiración, ¿dónde le suele pillar?
R.- No creo mucho en la inspiración y sí en tener las ideas muy claras.
P.- Periodista, escritor, dibujante, profesor… ¿Qué hay en usted de cada cosa?
R.- De periodista no me queda mucho, más allá del título universitario. Tengo la grandísima suerte de que el resto de facetas apuntan en la misma dirección, y en todas está todo lo que hago y lo que soy.
P.- ¿Rana o astronauta?
R.- La rana de la fachada de la Universidad, claro. Es un elemento que me atrae por muchísimas cuestiones. Plásticamente es muy interesante; y luego nadie tiene perfectamente claro lo que significa. El astronauta es un detalle curioso, pero la rana es un misterio histórico.
P.- Confiéseme: ¿Dónde gustaría dejar su ‘marca’ de cantero?
R.- En el rincón más oculto y sombrío de la Cueva de Salamanca. Es el lugar que más me gusta, por su trasfondo legendario y mítico.
P.- Dicen que pinta y esculpe a la vez, ¿cómo es eso?
R.- Cuando hago un grabado, primero tengo que esculpir una plancha de madera o de linóleo para conseguir una matriz de la que saco las estampaciones. Dibujo con lápices, pero también trabajo con herramientas de escultor, como las gubias.
P.- ¿Qué es lo que más le inspira de Salamanca?
R.- Sus leyendas, el pasado de la ciudad, el ambiente antiguo que se respira por ciertas calles y las muchas historias que todavía se pueden llegar a situar en muchos rincones.
P.- Hablando de leyendas, ¿cuál le ha dejado más perplejo?
R.- Me reitero con la Cueva de Salamanca, que tanto tiene que ver con la vida universitaria y su reflejo inverso, deformado, de un inframundo de estudiantes que se aplican en las artes oscuras. Es un tema que siempre tengo en la cabeza.
P.- ¿A qué episodio de la Historia de Castilla y León le dedicaría una saga?
R.- A la Guerra de la Independencia. Hay muchísima documentación, personajes e historias increíbles, con códigos propios, vestuarios, formas de luchar y de entender la vida que ya han desaparecido. Me resulta fascinante.
P.- ¿Es verdad que Guillermo del Toro le compró una obra?
R.- Sí, y la tiene colgada en su habitación, en su mansión-museo de Bleak House, en California. Se trata de un grabado de El Laberinto del Fauno. Yo la expuse en Los Ángeles, él la vio, la compró y contactó conmigo para decírmelo. Después me ha hecho otros encargos, que espero entregarle muy pronto y en persona.
P.- ¡Hasta la Tolkien Society le ha premiado!
R.- Tolkien es uno de mis autores de cabecera. Hicieron una votación popular, donde participó gente de todo el mundo, y me eligieron como el autor de la mejor pieza del año. Se trata de un grabado titulado ‘El Poney Pisador’.
P.- ¿Qué tiene ahora sobre la mesa?
R.- Una trilogía de novelas fantásticas. También quiero hacer un tarot, con las mismas técnicas y procedimientos del siglo XV.