Diario de Valladolid

Un guiño a los proyectos en construcción

Cinco jóvenes vallisoletanos comparten sus experiencias con los vecinos del barrio La Pilarica en un acto cultural y reivindicativo

Violeta, Raquel, Juan, Marta y Miguel durante el acto celebrado con los vecinos de La Pilarica.-EL MUNDO

Violeta, Raquel, Juan, Marta y Miguel durante el acto celebrado con los vecinos de La Pilarica.-EL MUNDO

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Elsa Ortiz

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Raquel, Miguel, Marta, Juan y Violeta cargaron de ilusión su equipaje y emprendieron viajes repletos de aprendizaje a destinos como Ghana, Atenas, Ecuador, Perú y Marruecos. Cinco proyectos en construcción que desde diversos puntos del mundo aterrizaron en barrio vallisoletano de La Pilarica, como un guiño a todo aquello que aun resta por hacer.

En una pequeña aldea al norte de Ghana, en la que la enseñanza se impartía a golpe de vara y la memorización primaba frente al razonamiento, Raquel García realizó sus prácticas de Educación Primaria con una «inmersión en otra cultura». Durante los dos meses que duró su estancia, también tuvo la oportunidad de sembrar su semilla en la docencia africana con refuerzos positivos y lógica. «No consistía en imponerles nuestras técnicas, sino en mostrarles otra manera de trabajar», explicó la futura maestra, quien resumió su viaje como «un intercambio de metodologías».

Atenas fue el escenario en el que se desarrolló la aventura de Miguel de la Huerga. En concreto, el campo de refugiados Eleonas donde a la carencia material se imponía la «pérdida de la esperanza de recuperar una vida o de encontrar un nuevo hogar en el que empezarla de cero». Talleres ocupacionales de diversa índole y un programa educativo fueron algunas de las piezas con las que intentó reconstruir «proyectos vitales rotos». Con apenas 19 años, a este estudiante de Periodismo e Historia le impactó «la realidad de la crisis migratoria, la huida de una guerra dejándolo todo atrás». Comprender que «la auténtica labor humana la desempeñaban pequeñas organizaciones fundadas por voluntarios», impulsó su colaboración en Grecia.

Acercarse a otra forma de ejercer su futura profesión mientras conocía una cultura se convirtió para Marta Campano en la fórmula idónea para realizar sus prácticas de Medicina. Eligió Ecuador para aprender, durante un mes, cómo «se sale adelante cuando se cuenta con pocos medios». Todas las mañanas acudía al Servicio de Pediatría de una fundación con la sensación de que el beneficio era de doble sentido. «Cada uno se llevaba estudiado un caso en concreto y los profesionales de allí tenían mucho interés en conocer cómo intervendríamos nosotros, aunque en el fondo lo viesen como algo inaccesible», explicó la joven, garantizando un enriquecimiento para las dos partes. «Considero que poder ver cómo se hacen las cosas en una cultura que no es la tuya enriquece y motiva a comprender más allá de lo que se tiene delante», apremió.

Los conocimientos sanitarios y su experiencia como scout, convirtieron a Juan Piñeyroa en el candidato idóneo para cooperar con una «asociación de barrio» al noroeste de Perú. «Mi labor era aprender de los niños, con quienes tenía un contacto directo, y enseñar en la medida de lo posible a sus formadores», recordó el estudiante de Medicina quien, como tal, también colaboró en evaluaciones nutricionales o campañas de educación para la salud. Un desastre natural y un brote de epidemia dibujaron un escenario en el que su perfil sanitario y su experiencia como educador no formal hicieron que Juan encajase en un grupo «organizado para mejorar la vida de sus vecinos».

Con tres años de experiencia como arquitecta a sus espaldas, Violeta González definió, junto a una veintena de personas, un proyecto que versó en la «construcción de un baño seco en el que las necesidades se utilicen como compost un año después y de unos destiladores solares para conseguir agua potable» para consolidar el intento de una «sociedad autosuficiente» al sur de Marruecos. Como materia prima, empleó «aquello que sobra en un desierto: arena, arcilla y la dureza de sus gentes».

Las experiencias de vida de Raquel, Miguel, Marta, Juan y Violeta invadieron la semana pasada la Asociación de Vecinos Pilarica con una doble función, cultural y reivindicativa. «Queremos hacernos oír en Valladolid porque somos un barrio marginado por el Gobierno municipal, autonómico y nacional con esa barrera que nos han impuesto con el cierre del paso a nivel», explicó el escritor José Manuel de la Huerga, coordinador de la iniciativa. Objetivo que secundó el presidente de la agrupación, José Luis Alcalde, al reconocer que buscaban «afear a las autoridades» ante proyectos que ya tendrían que estar en marcha como el túnel o la plaza Rafael Cano.

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